Hubo un tiempo en que el arte tecnológico en Córdoba se gestionaba en los márgenes, al calor de sótanos experimentales y el impulso autogestivo de los primeros festivales del Centro Cultural España Córdoba. Tres décadas después de aquellos ensayos primigenios en el Museo Caraffa, la escena digital local demuestra una madurez conceptual capaz de ocupar las salas institucionales sin perder su filo crítico.

En efecto, la apertura de “Perfecta Glitch” en el Multiespacio Cultural Bancor cristaliza ese recorrido bajo una premisa que desbarata la fascinación ingenua por el algoritmo: el error como trinchera creativa.

Curada por Manuel Molina, la exposición se adentra en las tensiones políticas de nuestra relación diaria con un paisaje tecnológico omnipresente. El glitch —una falla transitoria que interrumpe el flujo normal de un sistema informático— deja de ser una anomalía técnica para transformarse en una estrategia poética en la que ocho artistas operan sobre los dispositivos desactivando su promesa de productividad y devolviéndole al usuario una mirada extrañada sobre las pantallas que habitualmente consume sin parpadear.

Arqueologías del hardware y deconstrucción del paisaje

El circuito expositivo se despliega en una alternancia entre la inmaterialidad de los entornos virtuales y el peso específico de los desechos analógicos.