“Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: Cerrado por fútbol. Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido”. El célebre texto del escritor uruguayo Eduardo Galeano no aplica para los clubes cordobeses que compiten bajo la órbita de la AFA, y no sólo por la voracidad de la Fifa y sus aliados estratégicos, que sumaron 40 juegos y nueve días más al máximo torneo de selecciones.
Belgrano, campeón vigente del fútbol argentino, arrancó su pretemporada el jueves pasado, cuatro semanas antes de su debut en el Torneo Clausura, programado para el 23 de julio en Alberdi, frente a Rosario Central. Aún sin refuerzos a la vista (del 26 de mayo al 21 de junio está abierto el registro de inscripciones de la Liga Profesional, para que los clubes sumen incorporaciones ‘de cualquier carácter y sin límite de cantidad’), la principal expectativa se centra en las gestiones que la directiva celeste lleva adelante por la compra del pase de Thiago Cardozo.
“Es un arquero más que interesante, nos dio mucho y ojalá se pueda quedar, pero también está el costo”, declaró Luis Fabián Artime, el presidente belgranense, sobre el fichaje pactado en US$ 1.200.000 con Unión de Santa Fe. El Pirata procura incluir en la transacción una deuda de U$$ 300.000 que El Tatengue mantiene por el delantero Agustín Colazo, y negociar por separado por el 35% de los derechos económicos que figuran a nombre del golero ‘charrúa’. En contrapartida, los mediocampistas Julián Mavilla y Tomás Castro tienen chances de jugar en la Primera Nacional, cedidos respectivamente a Atlanta y Central Norte de Salta.









