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La física cuántica nació de madrugada y casi con culpa. Es el 7 de octubre de 1900 y el físico Heinrich Rubens le lleva unos datos experimentales a Max Planck a su despacho en la Universidad de Berlín. Está estudiando la radiación del cuerpo negro – ... esa relación entre temperatura y color que vemos en las brasas cuando pasan del rojo al amarillo, por ejemplo–. Pero los resultados no encajan con lo que se sabe hasta ahora. Se pasa toda la noche en vela intentando resolver aquel misterio. Y entonces Planck lanza una hipótesis casi herética: quizá la energía no es continua, quizá está hecha de pequeños paquetes discretos. Pero eso dinamitaría todo lo que se sabe hasta ahora… Y a Planck le cuesta admitir aquello, incluso aunque las ecuaciones encajen perfectamente. «La física cuántica nace casi disculpándose», dice Sònia Fernández-Vidal, comisaria de la exposición 'Revolución cuántica', al principio de la muestra, recién inaugurada en el Espacio Fundación Telefónica en Madrid.

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