Sala VORRonaldo durante el encuentro ante Uzbekist�n.Getty/AFPActualizado S�bado,
junio
21:54Este Mundial hipertrofiado es el de los r�cords. Caen por su propio peso y al peso se nos sirven envueltos en coheter�a. Con tantos equipos, con tantos partidos, es l�gico (y ventajista) que se batan r�cords de asistencia, de audiencia, de ingresos y de cualquier otra cosa.En el estricto terreno de juego, donde todo confluye y se concreta, se marcar�n m�s goles que nunca. M�s que en Qatar 2022. Messi, a los 39 a�os cumplidos en el tajo, ha superado hist�ricamente a Klose en la lista de m�ximos realizadores. Y Cristiano, a los 41 y pico, ha marcado por sexto Mundial consecutivo.Una consecuencia feliz de la conjunci�n edad y gobierno. Son imprescindibles la longevidad, una caracter�stica, y el talento, una naturaleza, para alcanzar tales cifras, que prolongan en el espacio y el tiempo una rivalidad en los anales hist�ricos del bal�n. Sin ser lo que eran, a los dos, sobre todo a Messi, les llega todav�a para tirar de su propio carro y estirar el chicle con, todo hay que decirlo, la ayuda de una competici�n con rivales muy flojos.Cristiano mantiene consigo mismo un reto, un pulso suplementario consistente en llegar a los 1.000 goles en el curso de su carrera. A la hora de escribir estas l�neas, y por razones horarias, antes del partido contra Colombia, llevaba 975. Messi, previo al encuentro con Jordania, y dos a�os y medio m�s joven, 916.Por imperativo biol�gico, Ronaldo tendr�a dif�cil acceder a las alturas de un deporte individual. En uno colectivo, amparado por el n�mero, a�n puede hacer sus pinitos. Y m�s todav�a en una liga menor como la saud�. Pero incluso en esos escenarios favorables est� cruzando la �ltima frontera. Por tal raz�n celebra sus goles crepusculares con la misma rabia que los aurorales. En el fondo son iguales, de una importancia existencial. Los primeros tantos le daban la vida. Los �ltimos le consienten la supervivencia.Aunque frente a la luna trucada de su espejo sigue siendo el m�s guapo, ya ha derivado de lo cenital a lo epilogal. Corre contra su sombra, aferrado a la imposible pretensi�n de que Cronos juegue siempre en su equipo.














