Un edificio insual, hecho con bolsas utilizadas para almacenar papas y cebollas, rellenas de tierra compactada.Un proyecto en San Bento do Sul, en el norte de Santa Catarina, llama la atención por combinar soluciones de bajo impacto con una propuesta de autosuficienciaEn la misma propiedad, el residente Sandro Gilberto Jankoski aún mantiene un almacenamiento subterráneo, destinado a almacenar alimentos, semillas y proporcionar refugio en situaciones extremas.Según Sandro, la casa fue construida con la técnica de superadobe, un sistema constructivo que utiliza largos tubos de un material similar al de los sacos de patatas y cebollas, rellenos de tierra y dispuestos en capas sucesivas. Indicó que estos rollos pueden alcanzar aproximadamente 400 metros y que, en la construcción, los tramos se utilizaron en tramos de aproximadamente 15 metros, siempre moldeados y compactados hasta formar losas rígidas.Según el informe, las paredes tienen aproximadamente 25 centímetros de espesor antes de la compactación y ganan resistencia a medida que se apisona el material. Entre una capa y otra, el constructor aplicó alambre de espino para reducir el riesgo de deslizamiento y aumentar la estabilidad del conjunto.Tierra compactada y construcción realizada casi en su totalidad por él mismoLa tierra utilizada para el relleno provino de la misma zona donde se ubicó la construcción. Esto redujo la necesidad de transportar materiales e integró la construcción en el terreno, una característica que Sandro resume con una comparación directa: "Es como una impresora 3D, sólo que manual".La frase ayuda a comprender el método repetitivo del proceso, realizado capa por capa, sin depender de bloques convencionales o grandes volúmenes de hormigón.La ejecución duró aproximadamente un año. Y, según él, casi todo esto se hizo de forma individual. El vecino relató que la etapa inicial transcurrió con mayor facilidad, pero el trabajo se fue haciendo más difícil conforme la construcción avanzaba y requería el transporte manual de baldes con material."En mi caso, prácticamente lo hice todo yo solo", dijo, describiendo la rutina de llenar contenedores, subir escaleras y verter la tierra repetidamenteLa elección de este tipo de estructura también estuvo vinculada a rendimiento térmico. Según el propietario, como la casa está hecha en su mayor parte de tierra compactada, el interior tiende a tener menos variaciones de temperatura a lo largo del día.Al describir esta sensación, Sandro afirmó: "Si hace calor afuera, lo mantiene fresco. Si hace frío, lo mantiene caliente", atribuyendo al dispositivo una especie de respiración natural del ambiente.Barranco, drenaje y cubierta verdeUna parte de la construcción fue empotrada en un barranco, una solución que además de brindar soporte, también contribuía al aislamiento térmico.Para combatir la humedad, el proyecto recibió drenaje y capas protectoras. Sandro dijo que una lona reforzada se instaló para evitar que el agua entrara al interior, una medida considerada esencial en estructuras parcialmente enterradas.En el tejado, la obra recibió una techo verde, compuesto por suelo y vegetación en formación.El vecino denunció la plantación de vides y el crecimiento de césped en la parte superior, así como el uso de lonas y otros materiales para reforzar la barrera contra las infiltraciones.El conjunto potencia el aislamiento y refuerza el aspecto orgánico de la construcción, que se aleja del estándar de casas convencionales que se ven en la región. Sandro también señaló que este tipo de edificios suelen construirse colectivamente en comunidades alternativas, lo que puede reducir costos y dividir las etapas más arduas del proceso.En su caso, sin embargo, la experiencia tuvo un fuerte componente artesanal, marcado por la adaptación del terreno, el uso de materiales y un ritmo de trabajo impulsado casi en su totalidad por el propio esfuerzo.El espacio acoge encuentros relacionados con la ayahuascaAunque la estructura tiene la apariencia de una vivienda, no funciona como residencia. Actualmente, el sitio se utiliza para encuentros espirituales relacionados con la ayahuasca, según el propietario.La idea, según él, surgió después de conversaciones con miembros del grupo Medicinas da Floresta, cuando comenzó a imaginar un espacio que pudiera albergar este tipo de actividad dentro de la propiedad.Recordando los orígenes del proyecto, Sandro contó que preguntó a los líderes del grupo si sería ideal una estructura en la superficie o una cabaña subterránea.Como no recibió respuesta en las siguientes semanas, decidió iniciar el trabajo por su cuenta.El episodio, narrado por el residente, ayuda a situar la construcción dentro de un proyecto personal más amplio, vinculado a la autonomía y a los usos colectivos del espacio.