Científicos del Centro Monell de Sentidos Químicos descubrieron que la fructosa y la glucosa se comunican con el cerebro a través de vías intestino-cerebro distintas.
Sus hallazgos indican que estas diferencias pueden influir en las preferencias por ciertos alimentos y bebidas, y podrían ayudar a explicar por qué algunos productos azucarados resultan especialmente apetecibles.El estudio, publicado el 10 de junio en la revista <i>Neuron</i>, identificó una vía de señalización específica que permite a la fructosa comunicarse con el cerebro.
En experimentos con ratones, <b>los investigadores descubrieron que esta vía era mucho menos eficaz que la utilizada por la glucosa para reducir la actividad de las neuronas asociadas al hambre.</b>“Este trabajo contribuye a nuestra creciente comprensión de cómo las dietas modernas, especialmente aquellas con alto contenido de fructosa o jarabe de maíz de alta fructosa, interactúan con los sistemas neuronales involucrados en el apetito”, dijo la autora principal y miembro de Monell, Amber Alhadeff, PhD.Para investigar cómo influyen los azúcares en el cerebro, los investigadores registraron la actividad neuronal en ratones después de la exposición a la fructosa y la glucosa.El equipo descubrió que la fructosa aumentaba los niveles de la hormona intestinal PYY.







