Ernestina Pais (54) es una mujer valiente: se animó a mirar de frente su alcoholismo y darle pelea. Tras seis meses internada en una clínica especializada en tratar adicciones (“porque uno cree que tocó fondo, pero siempre hay un fondo peor”, dirá durante la entrevista), también tuvo el coraje de revisar su historia e intentar rehacer los vínculos que había roto durante sus días más terribles. Además, es una mujer sensible: consciente de que con su palabra tiene la oportunidad de ayudar a muchos, no la avergüenza mostrarse vulnerable y hablar públicamente de lo que vivió. Pero, por sobre todas las cosas, Ernestina es una mujer inteligente, que aprendió a mirar y a escuchar, a perdonar y perdonarse, y a enfrentar el futuro con optimismo. Ella, que pasó por una vivencia tan demoledora que para muchos otros hubiera sido un golpe definitivo, supo hacer de ese desgarro un motor transformador, integrándolo a su vida como el punto de inflexión de su renacimiento, de su segunda chance. Y lo está haciendo: mientras sigue con su tratamiento, brilla en la obra de José María Muscari El divorcio del año (su personaje es una abogada alcohólica), volvió a trabajar en su restaurante y tiene múltiples proyectos. Mamá de Benicio Guyot (21), fruto de su relación con el fotógrafo Alejandro Guyot, repasó su historia en una charla con ¡HOLA! Argentina en la que fue levantando las distintas capas que la componen y dejó a la vista su lucha para recuperar la sobriedad. La periodista y actriz, en Milión: “Es un sueño que sigue vivo este lugar: por acá pasaron los Rolling Stones, Coldplay y Bono, y acá me hice el test de embarazo. Milión es mi vida entera”, dice foto: Matias Salgado–Cuando te llegó la propuesta para sumarte a la obra, ¿dijiste que sí enseguida o te costó decidirte? –Me costó, porque no estaba segura de si iba a poder hacer ese rol. En mis experiencias anteriores en teatro, siempre hacía de mí, periodista, o de la persona que rompía la cuarta pared y le hablaba al público, pero nunca había tenido que componer un personaje. Hasta que entré en la lógica del rol y ahí todo empezó a ser muy liberador. –En un momento, tu personaje toma alcohol directamente de la botella. ¿Qué te pasa cuando hacés esa escena? –Yo no creo que tenga las batallas ganadas con respecto a la adicción. Una cosa era mi discurso cuando salí de la internación, y otro muy diferente el que tengo ahora, después de casi dos años desde que me interné y casi un año y medio desde mi alta. Sé que no le gané al alcoholismo porque he visto a compañeros recaer, he estado en situaciones peligrosas… entonces hoy tengo otro discurso y cuando voy hacia la botella pienso: “Hoy te gané, por estas 24 horas te gané. Estoy en este escenario, sobria, llegué a horario, hice todo bien, así que hoy te gané”. Las adicciones, igual que cualquier enfermedad psiquiátrica sin tratamiento, son inhabilitantes, porque no tenés ganas de salir de tu casa, no llegás al trabajo, no cumplís con nadie. Entonces, el hecho de estar en pleno uso de mis facultades, haciendo una obra que además tiene tan buenas críticas, me lleva a decir: “Hoy te gané. Mañana no sé, pero voy a hacer lo posible”. “Hay gente que no quiere salir de su adicción, que se quiere quedar ahí. Yo no, yo quería salir”, admite en esta nota