Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero...

Al declarar que no reconocerá a un eventual gobierno de Keiko Fujimori, Roberto Sánchez escupe al cielo. No tiene pruebas en la mano sobre los malos manejos que denuncia y, de antemano, enfrenta la decisión de la máxima autoridad electoral. Con esta negativa anticipada, en cierto modo, se coloca en la ruta del golpista Pedro Castillo.

Mientras tanto, Sánchez mantiene movilizado a un grupo de seguidores ansiosos de victoria. La posibilidad de que ese grupo y sus clones desaten una fuerte violencia en Lima y zonas del interior es un paso más en la ruta de Castillo que sigue Sánchez. El falso sombrerudo 2026 (vendrán otros años) ya debe estar preparando su fuga para el momento preciso.

¿Por qué Sánchez monta este show de declaraciones negacionistas? Quizás piensa que, si asusta lo suficiente al JNE, obtendrá una relativización de los resultados electorales favorables a Fujimori. No una victoria para él, entiéndase bien, sino un triunfo sospechoso y feo para su rival. Sánchez, 100% víctima, también es una imitación de Castillo.

Otro posible motivo es que Sánchez quiere mantener a sus seguidores y simpatizantes furiosos mientras evalúa qué hacer con su derrota. En el momento en que esta se concrete, su grupo político y su esquema de alianzas se van a desflecar. La suya es, hoy, una estrategia para seguir hasta que se le ocurra algo interesante.