Los acontecimientos del último año marcaron una paradoja: la incertidumbre llegó para quedarse por una buena temporada. En un escenario internacional envuelto en conflictos geopolíticos de rápido desenlace y la aceleración de un proceso económico con fuerte impacto sectorial, coexisten al mismo tiempo los síntomas de una actividad económica deprimida con otras que muestran números extraordinarios generalmente asociados con récord de exportaciones. Es un panorama casi inédito para la historia económica reciente algunos economistas entienden como señales de un cambio estructural, pero difieren en proyectar un destino final incierto.
Los datos. Como una muestra de este desconcierto, en la misma semana que el INDEC anunciaba un boom exportador (en los primeros cinco meses de este año, las ventas al exterior fueron US$40.359 millones) con un aumento interanual del 24,3%, generado por aumento tanto en las cantidades como en los precios convenidos, el intendente de Añelo imploraba que no llegaran más personas en busca de empleo. ¿Es un espejismo, entonces, el visible auge de Vaca Muerta?
No todos los sectores se comportaron de la misma manera: mientras las exportaciones del sector primario crecieron 32% anual, en ese lapso las que se originan en combustibles y minería fueron aún más “exitosos” (+34%).














