27 de junio, 2026 - 07h00Hace dos años conocí de cerca el proyecto ANA. Lo impulsaban la primera dama, Lavinia Valbonesi, junto con Lucía Andrade y un pequeño equipo que trabajaba con más convicción que certezas. Recuerdo la ilusión en los ojos, pero también la duda propia de quien inicia algo grande sin saber hasta dónde llegará.En aquella conversación, Lavinia compartió una idea sencilla y poderosa: si lograba cambiar la vida de una mujer, ya habría cambiado un mundo. Entonces comenzaron a tocar puertas. Algunas se abrieron de inmediato, otras exigieron insistencia. Su objetivo inicial era brindar capacitación para que más mujeres alcanzaran independencia económica. Sin embargo, mientras escuchaba los planes, pensaba que existían otras dependencias igual de urgentes, como la emocional y la jurídica. Las mujeres que enfrentan violencia necesitan apoyo psicológico, acompañamiento legal y una red que les permita reconstruirse.Ese sueño que entonces parecía lejano hoy tiene una dirección física: la Casa Proyecto ANA, en la calle Sodiro, cerca del Hospital Eugenio Espejo, donde se da atención integral. Hace poco volví a encontrarme con la primera dama allí. La vi más segura, feliz al ver su idea hecha realidad. El proyecto ya no se limita a Quito; se ha expandido a otras ciudades, hay atención médica, comedores comunitarios y ofertas de formación. ANA construye puentes hacia el empleo mediante alianzas con empresas que han decidido respaldar esta causa. Más de 500.000 mujeres han sido beneficiadas y la meta es llegar al millón.Escucho con frecuencia comentarios que minimizan algunos de estos cursos. Que sí que peluquería, que sí que construcción, que sí que gypsum, como si existieran oficios menores. La vida enseña que todo conocimiento tiene valor. Hoy, mientras acompaño a mi madre en una compleja batalla por su salud, comprendo mejor esa verdad. La enfermedad nos recuerda que las habilidades útiles son aquellas que alivian, sostienen y acompañan. La primera dama conoce la situación de mi madre, incluso intenta gestionar apoyo para ella en el IESS. Cruzo los dedos para que se logre esta meta.En esta entrevista reciente pregunté por Ana, la mujer que la inspiró, la primera dama comentó que estaba bien y que finalmente no solo es el símbolo de una historia difícil, sino que es una mujer que emprende y construye un futuro junto con sus hijos. Esa imagen explica mejor que cualquier estadística el verdadero sentido del proyecto ANA: cuando una mujer recupera su autonomía transforma su vida. ANA sigue, aunque se están construyendo críticas a partir de medias verdades o datos falsos que vienen de supuestos periodistas que incluso tienen antecedentes nada respetables. Quienes tenemos dudas estamos llamados a hacer algo fundamental: investigar para verificar. Los hechos merecen más espacio que las especulaciones. La primera dama ha logrado convertir un sueño en oportunidades para miles de mujeres. Y eso, más allá de cualquier señalamiento, merece, al menos, una mirada honesta. (O)