EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.Era un día de invierno cuando Margaret Peggy Darr levantó la vista durante una caminata y notó una bandada de arrendajos de piñón que volaba sobre ella. No le llamó la atención el azul de sus plumas ni su sonido distintivo, sino el hecho de que eran apenas unos 30. Décadas atrás, una bandada habría tenido hasta 500 aves; especialmente en invierno, cuando los grupos suelen ser más grandes.Cuando Darr se mudó a Nuevo México, hace 11 años, la población del arrendajo de piñón ya estaba en fuerte declive. Hoy, la mayoría tiene menos de 100 aves.“En realidad, tengo mucha suerte. Anidan frente a mi casa”, dice la representante en Nuevo México de la organización Defenders of Wildlife, quien lidera los esfuerzos de conservación del arrendajo de piñón (Gymnorhinus cyanocephalus). Esta ave se encuentra principalmente en bosques de piñón y enebro del suroeste y la región intramontañosa del oeste de Estados Unidos, incluyendo Nuevo México, Nevada, Utah, Arizona y Colorado.“Son muy hermosos”, enfatiza. Pesan aproximadamente lo mismo que una manzana pequeña y miden unas 10 pulgadas de largo en promedio. Pero lo que los distingue es el color: una paleta de azules en sus plumas que brilla de forma iridiscente bajo la luz del sol. Al igual que una salamandra de 160 millones de años y un pequeño pez que ayuda a mantener saludables los ríos, el arrendajo de piñón es una de las más de 400 especies en riesgo que permanecen a la espera de una decisión de protección por parte del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS, por sus siglas en inglés).La administración de Donald Trump ha incluido menos especies para protección bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, en inglés) que cualquier otra desde que la norma fue promulgada hace más de medio siglo. Durante el primer mandato de Trump, 22 especies fueron listadas bajo dicho estatuto, según datos del USFWS. Hasta ahora, durante su mandato actual, desde enero de 2025, no se han añadido nuevas especies a la lista. En comparación, 501 especies fueron listadas bajo el presidente Bill Clinton, 334 bajo Barack Obama y 61 bajo Joe Biden.Según un estudio publicado en la revista científica Journal of Arid Environments en 2017, el cambio climático está matando los pinos piñoneros y los enebros de los que depende el arrendajo para alimentarse y anidar. A la vez, actividades humanas como el sobrepastoreo, el uso de insecticidas y la tala de bosques agravan su pérdida.En abril de 2022, Defenders of Wildlife presentó una petición ante el USFWS para que el ave fuera incluida en la lista de especies en peligro o amenazadas. La ley requería que la agencia emitiera, a más tardar el 25 de abril de 2023, una determinación de 12 meses en la que debía concluir si la petición estaba justificada o no. Ese plazo ya acumula más de tres años de retraso.Decisiones aplazadasTener los datos científicos disponibles, pero no poder aplicar esa ciencia para conservar especies, fue precisamente lo que llevó a Lisa Saltzburg a estudiar derecho. Creció en Virginia, con un bosque y un arroyo detrás de su casa, y recuerda a su madre alimentando aves silvestres. Hoy, es una abogada sénior en el Biodiversity Law Center, el equipo legal de Defenders of Wildlife, que presentó una demanda, en diciembre de 2024, contra el secretario del Interior y el USFWS.La organización sostiene que el Gobierno federal estadounidense violó la ley al no emitir una decisión obligatoria antes del plazo legal sobre si proteger al arrendajo de piñón y, en su lugar, la pospuso hasta 2028.“Muchas veces, cuando vemos estos retrasos, suelen tratarse de especies altamente politizadas”, dice Darr. “El arrendajo de piñón definitivamente está en esa categoría. Vive en ecosistemas que se utilizan intensamente para el pastoreo de ganado y también pueden usarse para desarrollo energético”.Dado que el rango de la especie abarca millones de acres en el oeste de Estados Unidos, el Gobierno sostiene que el proceso de revisión es complejo. “Debemos implementar un extenso esfuerzo de coordinación interna y externa entre estados y regiones, lo que introduce niveles de complejidad que tomarán un tiempo considerable para resolverse”, escribió George Weekley, supervisor estatal de la oficina de Ecological Services del USFWS en Utah, en una carta enviada a Saltzburg en mayo de 2024.La agencia reconoce que la evidencia actual muestra declives del ave, pero afirma que “esos estudios han sido generalmente demasiado pequeños en alcance y demasiado cortos en duración como para vincular, de forma concluyente, un declive a largo plazo en toda su distribución”.Sin embargo, tanto Darr como Saltzburg aseguran que existe suficiente evidencia científica que demuestra que el arrendajo de piñón es una de las especies de aves de más rápido declive en Estados Unidos. De hecho, Partners in Flight reportó que su población disminuyó alrededor de un 85 % entre 1970 y 2014.“Hemos argumentado que eso no es legal bajo la ESA”, explica la abogada. “El estatuto exige una decisión de listado basada en la mejor ciencia disponible, no en cosas que alguien podría hacer en el futuro”.La protección contra la destrucción del hábitat es lo que la mayoría de la gente asocia con la ESA. Sin embargo, la ley también ofrece un plan de recuperación y financiamiento para la recuperación y la designación de hábitat crítico, explica Tierra Curry, científica sénior y codirectora del programa de especies en peligro del Center for Biological Diversity.Curry es como una enciclopedia viviente de la pérdida de biodiversidad. En minutos, habla de aves cayendo del cielo durante sequías extremas; de cómo más de 71 especies de caracoles de agua dulce en Norteamérica se han extinguido; y de la importancia de manejar colonias de perros de la pradera para prevenir la peste, ya que son el principal alimento del hurón de patas negras.La científica, nacida en Kentucky, tiene una fila de velas a sus espaldas. “Las hice para especies extintas”, explica. En una videollamada con su equipo de trabajo, realizan una pequeña ceremonia por cada especie desaparecida. Leen elegías y obituarios breves y encienden las velas en su honor. “Ojalá esta repisa no siga creciendo para siempre, pero quería reconocer cuánto duele perder una especie”, dice. Desde su fundación, el Center for Biological Diversity ha contribuido a protecciones para más de 700 especies.Aunque el periodo desde que alguien presenta una petición para que una especie sea revisada por el USFWS hasta su inclusión oficial no debería superar aproximadamente dos años, Curry afirma que toma 12 años en promedio. “Hay caracoles por los que presenté peticiones en 2008 que todavía no tienen su determinación”, dice la experta. “Las cosas pequeñas simplemente desaparecen y nadie lo nota, ¿no?”, agrega.Pero en los ecosistemas todo está conectado. Los caracoles son la principal fuente de calcio para las aves, que lo necesitan para formar las cáscaras de sus huevos. Pero cientos de especies siguen atrapadas en el limbo, sin recibir protección federal y con poblaciones que continúan colapsando. Mientras los humanos debaten plazos en tribunales, en los bosques la matemática es más simple: cada vez hay menos arrendajos de piñón volando en las bandadas de cada invierno. Así, hasta que no quede ninguno. El USFWS declinó conceder una entrevista para este reportaje.
Más de 400 especies siguen sin protección en EE UU por retrasos en la principal ley ambiental del país
La administración de Trump es la que menos especies ha protegido bajo una de las leyes ambientales más importantes del país









