La fiesta del torneo ha difuminado el recuerdo, pero hace apenas cuatro meses, durante unos días, se puso en duda la permanencia de Guadalajara como sede del Mundial. El Ejército mexicano abatió en Jalisco a Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, desatando bloqueos en distintos Estados, cuando faltaban poco más de 100 días para que la joya tapatía recibiese millones de visitantes. “No hay ningún riesgo”, dijo Sheinbaum. “Se descarta por completo que habrá otra sede. Vamos a México, lo vamos a hacer bien y va a ser fantástico”, respaldó el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Este viernes, Guadalajara baja el telón al culminar sus cuatro partidos, dejando una fotografía de estadios llenos, miles de aficionados en las calles y una celebración que terminó por imponerse sobre los temores que marcaron la antesala del torneo. Antes de la inaguración, Guadalajara fue, probablemente, la sede con más tensiones y controversias. En diciembre, el hallazgo de al menos 500 bolsas con restos humanos en un radio de unos 15 kilómetros en torno al Estadio Akron empañó la ilusión mundialista de la cuarta ciudad del país con más de personas desaparecidas (2.483). Después de la muerte del Mencho siguió una grave crisis de agua que atraviesa a miles de hogares, llegaron las protestas por el aumento del precio del transporte público, y un brote de sarampión que encendió las alertas. Los magno eventos como los Mundiales y las Olimpiadas suelen aflorar las crisis de los países que los acogen y estar acompañadas de manifestaciones para dirigir la atención de los reflectores internacionales a sus reclamos. El Gobierno mexicano respondió con una estrategia de seguridad coordinada por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. La Secretaría de Salud hizo lo propio con el sarampión, y Pablo Lemus, gobernador del Estado, apagó todos los incendios que pudo. “Si el Rey de España visita Guadalajara, es porque es seguro”, dijo en entrevista con este diario. No todos los problemas del Estado o la ciudad desapareció, pero, en otro inevitable efecto que tiene la Copa del Mundo, una vez que llegaron los turistas, las pantallas y las victorias de la selección nacional, Guadalajara pudo vivir su sueño mundialista. El furor empezó incluso antes de la ceremonia de inauguración. En abril, el repechaje, la antesala del Mundial, fue el gran examen de México rumbo a convertirse en anfitrión del torneo por tercera ocasión. Algunos se preguntaron: ¿quién va a ir a un Nueva Caledonia vs. Jamaica en Guadalajara? La respuesta: más de 40.000 personas. Guadalajara tenía hambre de fútbol. La clave del éxito de esos primeros partidos, fueron los costos (200 pesos). En el Mundial más caro de la historia, los mexicanos que accedieron a un boleto son, en su mayoría, aquellos con alto poder adquisitivo o quienes ahorraron por meses o años para permitírselo. El resto de Guadalajara entonces, tomó las calles. Todo FIFA Fan Fest se desbordó en cada partido de la selección, igual que los conciertos de Maná, Alejandro Fernández y Juanes. La aventura tapatía arrancó el mismo día de la inauguración con el partido de Corea del Sur ante República Checa, fecha en que inició también lo que se convertiría en un lazo cercano entre mexicanos y surcoreanos. Si alguien la pasó bien en Guadalajara, fueron ellos. Cientos de videos mostraron a los aficionados de ambos países besarse, abrazarse y lanzarse por el aire. México y Corea del Sur fueron amigos, rivales y nuevamente amigos en cuestión de una semana. El alocado paso de los asiáticos por la capital tapatía empezó bien y tuvo su momento más tenso cuando las selecciones se enfrentaron el 18 de junio. Ese día fue, además, la cúspide de la sede tapatía con el encuentro de México vs. Corea del Sur. Guadalajara nunca había recibido un partido de la selección mexicana durante un Mundial: ni en 1970 ni en 1986. El gran momento llegó a lo grande con una victoria 1-0. La fiesta continuó con la marea amarilla, que zarpó en el Estadio Guadalajara para su encuentro con la República Democrática del Congo, este martes. Los colombianos tenían todavía más energía tras su paso por Ciudad de México, donde se reunieron 5.000 en el Ángel de la Independencia y 80.000 en el Azteca. En Guadalajara, más de 40.000 completaron el lleno total. Este viernes, el camino llega a su fin. Guadalajara cierra con broche de oro su destacada participación como sede mundialista, con el España-Uruguay, que tiene además tintes políticos importantes, pues acudirá el Rey Felipe VI, en su primera visita al país tras siete años de distanciamiento diplomático entre ambos países. El partido es uno de los más atractivos de la fase de grupos. En total, la fiesta de Guadalajara duró apenas unos días. Para una ciudad que esperó décadas para volver a recibir una Copa del Mundo, supo a demasiado poco.