El guapo, el malevo, personaje central en la mitología de Buenos Aires, aparece en la literatura de Borges ligado al honor, a la valentía y a un destino trágico. Al escritor argentino se le atribuye la frase que pone fin al mito: cuando se inventó la pólvora se terminaron los guapos. Las armas de fuego disolvieron el coraje. La tecnología puso fin a una acción, inicialmente en igualdad de condiciones, con una simple detonación a distancia.
La tecnología también es el arma con la que los tecnofeudales pretenden acabar con los valores de la modernidad. Marc Andreessen es uno de los que están en la vanguardia de este proceso y, además, con mando en plaza. Es decir, en nombre de Donald Trump.
Andreessen es como el sol: aunque no lo veamos –ni hayamos oído jamás su nombre– siempre está ahí. Sin ir más lejos, su huella se encuentra en los hipervínculos azules de esta página y en todos los enlaces cuyo color morado indican que ya los hemos visitado. Así lo decidió al crear Mosaic, el primer navegador gráfico de la red. Así quedó desde entonces.
Como toda criatura del Silicon Valley –a excepción de Peter Thiel– Andreessen tiene una raíz progresista y fue público su apoyo a los candidatos demócratas desde los Clinton, pasando por Al Gore y Obama, pero las razones de Trump se impusieron en un abrir y cerrar de ojos. El poder de la tecnología detona todas las barreras de la ética liberal.






