La Cámara de Diputados aprobó el miércoles los acuerdos de conciliación con los dos últimos grupos de holdouts que mantenían litigios activos contra el país por la cesación de pagos declarada en diciembre de 2001. El Gobierno pagará 171 millones de dólares a los fondos Bainbridge y Attestor, un 30% menos que sus pretensiones originales. Así, veinticuatro años, seis meses y un día después del default más grande de la historia, Argentina se apresta a cerrar definitivamente aquella batalla judicial y financiera que modificó para siempre las reglas del sistema soberano de deuda internacional. Fueron 24 años, 6 meses y 1 día. O 24 años y medio. O unos 9.133 días. Pero, parece, la historia ya llega a su fin. La novedad pasó desapercibida. Pero representa toda una metáfora argentina de este siglo. Si se tiene en cuenta que la Argentina declaró oficialmente el default de su deuda pública el 23 de diciembre de 2001, y que el 24 de junio de 2026 la Cámara de Diputados de la Nación Argentina convirtió en ley el proyecto que autoriza al Gobierno a ejecutar los acuerdos de conciliación con los dos últimos grupos de holdouts que mantenían litigios activos contra la Argentina por el default declarado en 2001; el país habrá tardado ese tiempo en resolver el pago de la deuda que quedó anclada en los impagos anunciados aquella tarde posterior a la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y ascenso efímero al poder del entonces presidente interino Adolfo Rodríguez Saá. El inolvidable gobierno de un puñado de noches del puntano, comenzaba con esa decisión de no pagar la deuda externa, festejada con toda la barra bullanguera de entonces en el Congreso Nacional. Fue el puntapié inicial de una batalla contra la realidad de mas de 24 años; que, parecería, ahora sí puede cerrarse en paz.