El último Mundial de Muslera será motivo de cuentos, canciones y hasta obras de teatro dentro de muchos años. En un país como Uruguay, donde el fútbol y el arte siempre se nutren entre sí, lo que pasó anoche contra España será recordado casi como un estigma. Un puñal en la historia de la Celeste. Así como Eduardo Galeano y Tabaré Cardozo le escribieron y cantaron a Moacir Barbosa, el arquero brasileño del Maracanazo, muchos otros en el futuro le escribirán a otro arquero, esta vez uruguayo, por lo que sucedió en este Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Muslera salió en el entretiempo después de haber fallado nuevamente. Como había sucedido en los dos primeros partidos, contra Arabia Saudita y Cabo Verde, en éste, el definitivo, ante la potente España, y cuando Uruguay controlaba el juego y había tenido las situaciones más claras (un centro que no conectó Darwin Nuñez, un rebote que tomó Canobbio, un tiro de lejos de Bentancur), el arquero volvió a fallar de manera obscena. 42 minutos del primer tiempo. En ese instante, tres millones y medio de uruguayos lo putearon, le juraron odio eterno y algo de compasión. Muslera va a sufrir esto como un karma durante años. La maldición de Guadalajara. O la maldición de Miami, donde jugó los dos primeros partidos y dio un rebote ante Arabia Saudita y salió pésimo ante Cabo Verde.