Marcelo Bielsa vuelve a Guadalajara con una selección mundialista, pero su regreso no se explica solo desde Uruguay ni desde el partido contra España. En esta ciudad, donde el Mundial volvió a llenar hoteles y poner al Estadio Guadalajara en el centro de la agenda, su nombre también abrió una puerta al pasado del Atlas. Antes de dirigir selecciones, convertirse en una figura de culto y de que su método fuera elogiado en el mundo, Bielsa tuvo en el club rojinegro uno de sus primeros laboratorios fuera de Argentina.Su etapa en Atlas comenzó en 1992, primero con un trabajo enfocado en la cantera, y se extendió hasta 1995, después de dirigir al primer equipo en las temporadas 1993-94 y 1994-95. Fueron poco más de dos años y medio sin un campeonato, pero suficientes para que su paso todavía se cuente en Guadalajara a través de quienes lo trabajaron, lo padecieron y lo aprendieron.El propio Bielsa acepta que esa memoria sigue viva. “Mis recuerdos de la ciudad de Guadalajara están ligados a esa etapa y siempre recuerdo esa época con nostalgia, afecto y gratitud”, dijo el técnico de Uruguay en la conferencia de prensa previa al duelo contra España. La frase no fue solo un gesto de cortesía. En Atlas, su nombre sigue ligado a una estructura de fuerzas básicas, una red de visorías, exigencia diaria y generación de futbolistas que entendió el profesionalismo de otra manera.Efraín Flores es una de las voces más importantes para contar esa historia. Estuvo cerca de Bielsa por casi cuatro años y lo recuerda con gratitud, pero sin exagerar el mito. Antes de la llegada del argentino ya existía un trabajo en fuerzas básicas, ya estaban Flores, José Luis Real y otros dentro del club. Lo que cambió, según él, fue la manera de ordenar ese trabajo.“Marcelo marcó una diferencia, sobre todo porque implementó con nosotros una metodología diferente. Nos capacitó a toda la gente de fuerzas básicas y él ponía el ejemplo en la exigencia que se imponía para cumplir con todo lo que nos había ofrecido. Nos exigía que cumpliéramos con todas las tareas, pero todo era con el fin de que mejoráramos como entrenadores”, señaló a Sports Illustrated México.Bielsa no se limitó al primer equipo, como solía pasar con otros entrenadores que llegaban a la institución. Bajó a las fuerzas básicas, preguntó cómo se trabajaba, qué faltaba, cómo se buscaban jugadores y qué necesitaban los entrenadores para formar mejor. Su exigencia no era solo para el futbolista joven que soñaba con debutar, también era para el cuerpo técnico, para los directivos y para el club completo.El cambio más fuerte estuvo en el scouting. Hasta entonces, la búsqueda de talento tenía un alcance limitado. Con Bielsa, Atlas empezó a mirar el país de otra manera.“El scouting en Atlas lo hacíamos solamente a nivel local, en Guadalajara, a nivel regional, en las zonas aledañas a Jalisco. Pero cuando él llega, prácticamente recorrimos los 32 estados de la República. Fue algo novedoso porque nadie lo hacía en México. En Atlas fuimos los primeros que lo implementamos y de ahí salió un gran número de jugadores de todas las regiones del país”, añadió el ex entrenador del Guadalajara.Ese trabajo explica por qué Bielsa pesa tanto en la memoria rojinegra aunque no haya ganado un campeonato. Su legado no está en una estrella, sino en la manera en que Atlas aprendió a mirar futbolistas. Flores aseguró que una de las cosas que más le aprendió fue detectar al joven de 16 o 17 años que podía ser proyectado pronto a Primera División. No bastaba con tener talento: Bielsa buscaba carácter, valentía, actitud y una capacidad real para resistir la exigencia.El método también necesitaba respaldo. Flores recuerda que Bielsa llevó esa discusión a la directiva y ayudó a que el trabajo de fuerzas básicas recibiera una credibilidad que antes no siempre tenía.“Él fue el primero que les dijo a los directivos: ‘El trabajo que se está haciendo aquí en Atlas es muy bueno, pero no tienen recursos, no tenemos el material suficiente’. Siempre pidió que las canchas de entrenamiento de todas las fuerzas básicas estuvieran de diez puntos. En todo lo que era apoyo para fuerzas básicas fue fundamental. Nos empezaron a dar los apoyos necesarios”.Las prácticas también cambiaron. Flores habla de entrenamientos técnico-tácticos a una velocidad distinta, ejercicios extenuantes y trabajos diseñados para que el jugador resolviera con intensidad de partido. Bielsa quería futbolistas en movimiento, defensas capaces de atacar y delanteros obligados a defender.“Para él, un jugador valiente, un jugador con mucha actitud, era fundamental. Lo demás decía: ‘Yo se lo puedo enseñar, pero la actitud y la valentía eso no se le puede enseñar a nadie’”.Una de las pruebas más claras de ese proceso fue Pável Pardo. El mediocampista, que después sería mundialista, campeón con América, jugador en Alemania y referente de la selección mexicana, coloca a Bielsa entre los entrenadores que marcaron su carrera.“Fue el entrenador que me dio la oportunidad en Primera División a los 17 años. Hizo un proyecto que vino a catapultar o empujar lo que ya estaba establecido con Efraín Flores, el Güero Real y toda su gente. Debutamos jugadores como Oswaldo Sánchez, Jared Borgetti y yo. Fue uno de los mejores entrenadores que tuve en mi carrera”.Pável resume esa etapa con una frase que sigue acompañando a Bielsa: “Como se entrena, se juega”. En Atlas, la práctica no se entendía como una rutina separada del partido, sino como una repetición corregida de lo que después iba a pasar el fin de semana. La intensidad, la concentración y la disciplina no aparecían el día del juego; se construían todos los días.La historia de Pável también se entiende desde la mirada de su padre, Jorge Pardo, quien recuerda que Bielsa no se conformaba con observar al futbolista en la cancha. También quería saber qué había alrededor de ese joven.“Bielsa, aparte de ver las cualidades futbolísticas, veía lo técnico, lo táctico, el carácter, la actitud dentro del campo y el entorno de cómo vivía ese jugador. Quería saber quiénes eran sus papás, cuántos hermanos tenía, dónde vivía, cómo era el entorno familiar. Eso le daba la sensibilidad para saber cómo tratar al jugador y cómo llevarlo más arriba”.Esa mirada influyó en la disciplina de Pável. Su padre recuerda que Bielsa hablaba del entorno, de los amigos, de las distracciones y de los riesgos que aparecían cuando un joven empezaba a ganar dinero y reconocimiento. También lo movió futbolísticamente. Pável empezó por derecha y terminó como mediocampista mixto, una posición que definió buena parte de su carrera. En ese cambio había una idea: formar futbolistas capaces de entender funciones y no solo posiciones.Daniel Osorno vivió ese método desde otra parte. Venía de fuerzas básicas y su testimonio no embellece la historia, la aterriza. Bielsa podía ser difícil, enojón y obsesivo, pero para un jugador que buscaba abrirse camino también representaba una escuela.“No estábamos acostumbrados a haber trabajado así. Era un entrenador muy preparado, le gustaba el trabajo y le gustaba exigir a los jugadores desde fuerzas básicas. Nosotros estábamos jóvenes y queríamos trabajar, queríamos lograr el objetivo de ser mejores. Eso fue parte importante de Bielsa”.Osorno habla de un entrenador que no soltaba un ejercicio hasta que saliera bien. La exigencia no era una imagen para la tribuna, sino una presión diaria sobre los movimientos, la preparación y la parte táctica. En sus recuerdos, Bielsa no era un técnico cómodo para los jóvenes, pero sí uno que los obligaba a tomarse en serio el sueño de ser futbolistas.“Era un entrenador que hasta que salían las cosas te iba a dejar salir. Era muy difícil a veces, pero a la vez era padre, porque queríamos aprender algo diferente con él. Nos exigía bastante y te preparaba muy bien”.Una cosa era diseñar visorías, pedir canchas o hablar de metodología; otra repetir hasta el cansancio, sostener la intensidad y entender que cada entrenamiento podía convertirse en una prueba. Para Osorno, lo que dejó Bielsa fue mentalidad: despertarse cada día con ganas de trabajar y sostener la exigencia aunque no siempre fuera cómoda.Hablar de Bielsa y Atlas solo desde los resultados sería contar la historia a medias. No fue campeón y sus números no explican por completo el lugar que ocupa en la memoria rojinegra, pero su paso ayudó a consolidar la idea moderna de La Academia. Hizo que el club mirara más lejos, entrenara con más detalle y entendiera que formar jugadores exigía algo más que tradición.Flores lo resume con un matiz importante. Bielsa no llegó a hacer todo desde cero, sino a fortalecer lo que ya existía y a dejar una pauta. “Marcelo marcó una pauta muy importante en la formación y el desarrollo de jugadores. Sobre todo en el scouting, pero también en una metodología importante. Vino a hacer lo que quisiéramos que todos los extranjeros que vienen a México dejen: un legado para beneficio de todos los mexicanos”.Ahora Bielsa vuelve a Guadalajara como técnico de Uruguay, en otro escenario y con otra urgencia. España será el rival en una Copa del Mundo que no permite vivir del pasado. Pero para Atlas y para una parte del futbol mexicano, su regreso tiene otra lectura: No vuelve solo el entrenador de una selección sudamericana, vuelve el hombre que alguna vez ayudó a cambiar la manera en que un club mexicano buscaba, entrenaba y formaba futbolistas.