Mens sana in corpore sano. La relación entre salud mental y salud física es algo de lo que, a estas alturas, nadie duda ya. El cuerpo es una unidad indivisible, por lo que debemos tratarlo como un todo. Sin embargo, existe un factor que muchas veces pasa desapercibido. El bienestar mental no solo depende de nosotros mismos o de nuestros hábitos, sino que, como seres sociales que somos, también se edifica en torno a nuestra relación con los demás. Especialmente con nuestro círculo más cercano, que generalmente está formado por la familia y los amigos.PublicidadUnos lazos que se empiezan a tejer ya en la infancia más tierna. Al fin y al cabo, aprendemos por medio de la imitación y, por ende, lo que vemos en casa juega un papel importante en la forma en la que posteriormente vamos a interpretar el mundo; y por ende también las relaciones. Así lo defiende la psicóloga sanitaria Emma Iglesias, especializada en apego, autoestima, trauma, gestión emocional, y relaciones de pareja y que, además, gestiona la cuenta de Instagram @cupidosobrio.Cuando pensamos en cuidar de nuestra salud solemos centrarnos en la alimentación, en el ejercicio o en el descanso. Sin embargo, existe otro factor igual de importante que a menudo pasa desapercibido: la calidad de nuestras relaciones personales. La forma en la que nos vinculamos con nuestra pareja, con nuestra familia, con nuestros amigos, o con nuestros compañeros puede influir de manera decisiva en nuestro bienestar emocional, también en nuestra salud física.Así nos marcan las relaciones familiaresDurante una entrevista con Europa Press, la sanitaria explica que en muchas relaciones podemos adoptar una postura disfuncional prácticamente sin saberlo. Producto, generalmente de una experiencia familiar o de una herida emocional sin identificar. "Entenderlo es el primer paso para destruirlos, asumir roles nuevos, y tener una relación y unas dinámicas más sanas", subraya esta experta.Además, subraya que, si durante nuestro desarrollo no hemos tenido referentes de parejas sanas y equilibradas, es decir, si de niños lo que veíamos eran parejas que se gritaban, que incluso llegaban a pegarse, que discutían constantemente, que pasaban días sin hablarse para después comportarse como si nada y donde se invalidaban emocionalmente, interiorizamos ese patrón como algo normal. Así, los hijos crecen creyendo que no hay alternativas mejores y que solo pueden aspirar a ese tipo de relación, porque es la única forma de vínculo afectivo que conocen.PublicidadNuestros padres, la gran referencia relacional que tenemosUn aprendizaje que marca también a la vida adulta ya que los traumas o la falta de apego son condicionantes en toda relación que se construya posteriormente, no solo romántica. De hecho, en su libro Amar sin ansiedad: cómo pasar de la inseguridad a la calma en las relaciones, Iglesias apunta que los primeros años de nuestra vida son "sumamente importantes" ya que es cuando nuestro cerebro empieza a moldearse y se conforman los esquemas mentales y cognitivos de nosotros mismos y de lo que nos rodea.Por ejemplo, indica que, a veces, estos esquemas cognitivos que vamos a desarrollar pueden ser de que no somos merecedores de amor, o sólo a veces, y en esto influye ese apego que se ha forjado en nosotros en nuestra primera infancia. "En nuestra primera infancia las relaciones con nuestros padres van formando nuestro cerebro, nuestro sistema nervioso forja la forma en la que percibimos las cosas, entonces en función de la relación de nuestros padres, del sentimiento de seguridad que nos aporten, esto nos repercute no solo a nivel de pareja, sino también a nivel social”, dice.Cómo afectan nuestras relaciones a la salud físicaHabla de que si por ejemplo con nuestros padres cuando éramos pequeños la relación era fría y nuestra casa no era un lugar seguro donde explicar nuestros sentimientos, no eran un refugio al que acudir, los menores deben aprender todo solos y ya de adultos, si esto no se sana, repercutirá en todas las relaciones que se tengan, no sólo de pareja, sino también sociales o laborales, por ejemplo. "Y el hecho de no poder expresarnos y de tener que cargar todo sólo hace que no tengamos canal de salida y esa mochila se va haciendo más grande y pasa factura a nivel corporal porque éste si al final no lo sacamos acaba somatizando a través de diferente sintomatología en el cuerpo", remarca esta psicóloga.PublicidadDe hecho, esta psicóloga sanitaria experta en trauma y apego habla de lo importante que es que nuestros padres nos traten bien, de cómo nos hagan sentir, y de cómo se relacionen entre ellos porque serán la primera referencia de una relación. "Nuestro cerebro se va formando y aprende lo que ve. Cuando somos pequeños creamos una especie de cajón en nuestro cerebro donde se alojan las distintas relaciones que vamos teniendo. Éste se llena de información y se crea un molde que, a partir de ahí, se va configurando cómo serán nuestras relaciones futuras", resalta.Es por eso por lo que nuestros padres son la primera relación que vemos y a partir de ahí podemos normalizar, tal y como prosigue Emma Iglesias. "La primera referencia que tenemos nos influye mucho en este sentido, es la primera base por la que interpretamos las relaciones. En consulta se ve mucho, muchas veces pensamos que no hay nada mejor, y nos conformamos con la relación que tenemos porque no creemos que haya una relación con validación emocional, con respeto, donde no se resuelvan conflictos sin gritos, porque no tenemos otra referencia", subraya.Un marco muy difícil de romper durante la madurezPor eso, insiste en la necesidad de que sus pacientes tengan referentes de parejas sanas y saludables: "Como en el mito de la caverna de Platón, si vivimos encerrados en una cueva desde nuestro nacimiento, y nunca vemos el exterior, para nosotros el exterior no existe: la única realidad es la del interior de la cueva. Lo mismo sucede con las niñas que querían ser futbolistas o astronautas. Antes eran oficios sólo para hombres e imaginarte y visualizarte en un puesto de trabajo siendo mujer era imposible, pero hoy no sucede así".Es más, sostiene esta psicóloga sanitaria que esto mismo sucede con las relaciones sanas; si no las conocemos, o si nuestra referencia es lo que vemos en las series o programas de televisión donde se fomenta el "amor romántico o tóxico", el construir una relación saludable es muy complicado.