La imprevisibilidad de Junts en cada votación ha sido uno de los mayores desvelos del Gobierno desde el comienzo de la legislatura. Casi hasta el momento de apretar el botón, nunca han estado del todo seguros de su posición. La misma desazón consume ahora al PP. La comunicación con el partido de Carles Puigdemont se ha intensificado a nivel parlamentario, pero su estrategia cambiante desconcierta también en Génova. "Nunca sabes por dónde van a salir" porque "dicen una cosa y luego pueden hacer la contraria", señalan dirigentes de la cúpula. En solo 48 horas, Junts ha pasado de plantear la dimisión de Pedro Sánchez para que la mayoría de investidura vote a otro candidato, a reclamar este jueves una cuestión de confianza y la salida del presidente del Gobierno en una moción del PP, que justo el día anterior esquivó votar en el Senado. En el PSOE están ya más que acostumbrados y se sienten incapaces de explicar los vaivenes del grupo posconvergente. No ven un hilván en estos tres movimientos. Lo que parece evidente es que la decisión de Junts de romper la comunicación con el Gobierno no tiene vuelta atrás. La distancia con Pedro Sánchez es sideral, pero los posconvergentes han querido huir también del bloque que conforman PP y Vox. Por eso, tras reclamar elecciones al presidente sin éxito, han alumbrado lo que denominan como 'vía Starmer', en referencia al último primer ministro británico, para abrir el debate sobre la sustitución de Sánchez, cuya permanencia, consideran, "hace grande a la extrema derecha". La fórmula intermedia a la que ahora se aferra Junts implica un portazo explícito a una hipotética moción de censura. También el PNV descartó a viva voz unirse a una ecuación en la que se necesita a Vox. Pero Alberto Núñez Feijóo insiste en coquetear con el desalojo forzoso de Sánchez, no porque crea que puede salir adelante, sino para "jugar con los nervios" del Gobierno y no desvelar los pasos que seguirá en las próximas semanas y meses. Tienen claro en Génova que la tormenta judicial no amainará, y alimentan incluso la posibilidad de la imputación del PSOE, pero asumen que hoy por hoy no cuentan con apoyos para activar esa herramienta. Los populares estaban entre molestos y sorprendidos por el hecho de que Junts no hubiese participado en la moción que se debatió el pasado miércoles en el Senado para exigir elecciones generales, cuando sólo una semana antes los independentistas habían registrado una iniciativa casi calcada en el Congreso. La propuesta salió adelante por la mayoría absoluta del PP en la Cámara Alta, pero la presión de la oposición perdió fuelle el mismo día en que Sánchez enfrentaba la hostilidad de casi todo el Congreso por el farragoso pantano de la corrupción. "Puigdemont es como un niño mimado. Y funciona a golpe de impulso", lamentaban. Pero la impotencia tornó rápidamente en alegría cuando Junts pulsó el botón verde este jueves en otra moción del PP para pedir a Sánchez que dimita o se someta a una cuestión de confianza, y que permite a Feijóo mantener la tensión y coquetear con la idea de que la caída del Gobierno puede llegar en cualquier momento. No obstante, son muchos los dirigentes que creen que Junts no colaborará con Feijóo, al menos no sin despejar la X de la amnistía. Y atribuyen los bandazos al hecho de que el partido independentista esté "atrapado" entre la necesidad de poner distancia con Sánchez y la negativa a "abrir las puertas" a un Gobierno de PP y Vox. El jarro de agua fría para el Gobierno se produjo justo en el último pleno del período ordinario de sesiones. A través de la portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, el PP mantuvo una interlocución parlamentaria previa, no sólo con Junts, sino también con el PNV, que optó por votar en contra de la dimisión de Sánchez. Feijóo sacó pecho en primera persona de la votación, aseguró "tomar nota" de lo sucedido y pidió "coherencia" a Junts para seguir por la misma senda. "Es histórico. No tiene precedentes", celebraban en su equipo. Subrayan que, por mucho que Sánchez quiera resistir, quedó constatado que el crédito parlamentario se le ha agotado por completo. La satisfacción del PP por sacar adelante la moción contrastó con la indiferencia de los socialistas. Sánchez ni se inmutó e incluso se aplaudió a sí mismo cuando la bancada de la oposición clamaba "¡dimisión, dimisión!", una actitud que Feijóo afeó a la salida del hemiciclo. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, puso voz al pensamiento del Gobierno: "Cero efecto político". La mayoría progresista de la Cámara, junto a los nacionalistas vascos, permanece arremolinada alrededor del jefe del Ejecutivo, a pesar de que la desconexión y las críticas de los socios son cada vez mayores. Pero es que hasta Junts quitó relevancia a la moción que, sostienen, "carece de impacto". Los posconvergentes explican que la respaldaron porque ellos ya hace un año y medio que solicitaron una cuestión de confianza. Sobre por qué, en cambio, optaron por no participar en la misma votación en el Senado, destacan que el miércoles su intención era que el foco estuviera en la 'vía Starmer' y evitaron desviar la atención. En cualquier caso, su tesis es que son el único grupo parlamentario que aplica "sentido común" al bloqueo actual —ni elecciones ni moción de censura— con la propuesta de un candidato alternativo. No se creen al presidente cuando asegura que negociará los presupuestos y avisan de que "no vamos a caer en esa puta trampa". La impresión de Junts es que con el anuncio de impulsar las cuentas de 2027, Sánchez solo ha ganado seis meses de tiempo. TE PUEDE INTERESAR El Ejecutivo se aferra a que este jueves logró aprobar dos leyes y un real decreto ley, también con el apoyo de Junts. Ha sido el último pleno del período de sesiones, en julio se celebrarán dos, con carácter extraordinario, y una Diputación Permanente en agosto. La Moncloa espera que afloje la presión. La imprevisibilidad de Junts en cada votación ha sido uno de los mayores desvelos del Gobierno desde el comienzo de la legislatura. Casi hasta el momento de apretar el botón, nunca han estado del todo seguros de su posición. La misma desazón consume ahora al PP. La comunicación con el partido de Carles Puigdemont se ha intensificado a nivel parlamentario, pero su estrategia cambiante desconcierta también en Génova. "Nunca sabes por dónde van a salir" porque "dicen una cosa y luego pueden hacer la contraria", señalan dirigentes de la cúpula.
La estrategia cambiante de Junts despista a PSOE y PP y deja impertérrito a Sánchez
Feijóo estudiará nuevos pasos para elevar la presión tras conseguir que la mayoría absoluta del Congreso reclame su dimisión y sin desactivar del todo la moción de censura. Sánchez ignora el mandato y no se someterá a una cuestión de confianza












