En los últimos años, la vivienda y la alimentación han ganado protagonismo en los gastos de los hogares españoles al calor de la inflación y de la crisis habitacional, ya que son consumos con una demanda muy inelástica. Sin embargo, también se están produciendo cambios en lo relacionado con el ocio y con los servicios básicos que apuntan a una cierta reconfiguración de las prioridades más allá del efecto de los precios. La sanidad y la educación acaparan cada vez un mayor trozo de los presupuestos familiares, mientras que el gasto en restauración y en la mayor parte de los alojamientos hoteleros, dos piezas centrales de la identidad cultural de España, se está quedando rezagado. El dato lo ha aportado este jueves el INE en su Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), que detalla a qué consumos destinan los hogares la parte de ingresos que no termina en el ahorro. El gasto monetario por hogar en restaurantes y servicios de alojamiento (es decir, solo el realmente desembolsado) alcanzó los 3.167 euros medios anuales en 2025, un 2,6% menos que el año anterior y un 0,2% menos que en 2023. Se trata de un dato anómalo que rompe la tendencia de recuperación experimentada desde 2022. La cifra tiene en cuenta el consumo realizado por los hogares residentes en España, tanto dentro del país como en el extranjero. En contraste, los servicios de educación, sanidad y seguros de enfermedad continúan con crecimientos notables. Los crecimientos anuales del gasto en 2025 fueron del 3,2%, del 2,6% y del 8,5%, respectivamente, ahondando en la tendencia de la última década. Este auge de la educación y de la sanidad privada lleva a un desembolso monetario medio de 2.308 euros por familia, contando también con los seguros. El importe ya se acerca al gasto promedio en vestido, calzado y muebles (2.664) y coincide con un tensionamiento creciente en los servicios públicos que está llevando a las familias a complementar sus necesidades en el sector privado. La tendencia se observa claramente, además de en el gasto, en el auge de contratación de seguros de enfermedad. Según la EPF, el 19,6% de los hogares contaban con un producto de este tipo en 2016, pero en 2025 ya eran el 22,5%. Atonía del consumo en términos reales La reducción del gasto en restauración y alojamientos en un periodo inflacionario como el actual es doblemente significativa. Los precios de los restaurantes y de los alojamientos han crecido un 9,4% entre 2023 y 2025, más que el 5,5% general de toda la cesta de bienes y servicios que mide el IPC. Por tanto, el descenso en el gasto evidencia que las familias españolas o bien han reducido el número de servicios consumidos de este tipo o han acudido a otros mucho más baratos (o ambas). De hecho, si se ajusta el consumo por la inflación, se observa una tendencia decreciente en los últimos años. Descontando 2020 y 2021 por la influencia de la pandemia, los hogares destinaron en 2025 el menor presupuesto de los últimos diez años a restaurantes y alojamientos y la caída en comparación con 2024 en términos deflactados (con precios constantes de 2016) fue del 6,6%. En cambio, el gasto creció, en términos reales, un 0,8% en educación y un 2,5% en sanidad. El desglose por tipo de servicio consumido en el ámbito de la restauración y los alojamientos aporta algunas pistas sobre lo sucedido: el gasto se reduce en los más caros y en los que implican un desembolso recurrente en un lugar concreto, mientras que aumenta en las opciones más económicas y en las que ofrecen mayor flexibilidad. Respecto a 2024, los hogares recortaron, de media, 129 euros en comidas en bares y restaurantes, en establecimientos hoteleros y en banquetes y ceremonias. En términos reales, la caída anual es mayor, de 148 euros. El consumo descendió en casi todo tipo de locales y alojamientos, a excepción de los servicios de comida rápida y comida para llevar, en pleno auge; de los campings, también de moda como turismo alternativo y económico; y de los comedores escolares y universitarios. Como se observa en el gráfico, en general, el consumo medio por hogar se resintió ligeramente, descontando la inflación, un 0,5% anual en 2025, aunque en euros corrientes creció un 2,2%. Estos datos pueden parecer contradictorios con el hecho de que sea precisamente el consumo privado el principal empuje del PIB. Sin embargo, realmente sugiere que el dato positivo agregado de la Contabilidad Nacional está muy influido por el crecimiento demográfico, es decir, porque hay muchos más hogares consumiendo, que por un mayor consumo real de cada hogar. En la EPF, el factor extensivo se aísla al calcular el gasto medio por hogar residente. Vivienda y alimentos, protagonistas del gasto Más allá de esta reordenación de las prioridades en el ocio y los servicios básicos, la vivienda, los alimentos y el transporte continúan acaparando la mayor parte del presupuesto de un hogar promedio, entre el 50% y el 61% del total. La cifra varía según si se tiene en cuenta el gasto realmente realizado (el monetario) o el total, que imputa a los hogares propietarios de vivienda un alquiler teórico, equivalente a ser arrendatarios de mercado en el momento de la encuesta. Esto se debe a que la compra de vivienda se considera inversión en vez de consumo, como el alquiler, por lo que la hipoteca no entra en el gasto medido para la estadística. El consumo total sobreestima el peso real de la vivienda para los hogares porque imputa alquileres teóricos que realmente no se pagan, pero el monetario lo infravalora. Teniendo en cuenta esta diferencia, el gasto en restaurantes y alojamientos es el cuarto por importancia, suponiendo entre el 9,4% y el 11,7% del total. La sanidad ocupa ya en torno al 4-5% del presupuesto promedio de un hogar (sin incluir los seguros) y la educación ronda el 2%.