En una conversación entre el padre en la cincuentena y la hija adolescente de Letras robadas, estupenda nueva película del irlandés John Carney, la chica menosprecia al mayor por la música que sigue haciendo. “Aquí te dejo con tus cancioncillas de los noventa”, le viene a decir, ante una composición de pop rock pegadizo, fresco y seguramente intrascendente, que bien podría ser de The Wallflowers, Stone Temple Pilots, Spacehog o cualquiera de aquellas bandas noventeras que acompañaron la efervescencia juvenil de unos cuantos. En una época en la que este tipo de grupo parece un tanto pasado de moda para el musiquero contemporáneo, al que sus melodías suenan a poco más que a viejo nostálgico, la charla entre padre e hija no es baladí porque es absolutamente extrapolable al cine. En una cartelera marcada por los rictus amargos, el arqueo de ceja, el activismo social, el áspero trauma interior y el blockbuster grandilocuente, una película bonita, simpática y graciosa como Letras robadas, quizá un tanto superficial pero irrechazable por su encanto, parece una singularidad, casi una anomalía. La nueva obra de Carney, creador de Once (2007), Begin Again (2013) y Sing Street (2016), otro canto de amor a la música, es un recuerdo de lo que muchos disfrutamos, también en aquellos años noventa, con este tipo de creación cinematográfica. Desde Irlanda, Carney, como aquel Alan Parker de The Commitments (1991), a la que tanto huele Letras robadas, ha venido para recordárnoslo a los antiguos y para avisar a los nuevos.Pocos actores como Paul Rudd para interpretar a ese ser humano que, pese a las inclemencias de la vida, a la ruptura de los sueños y al choque contra la realidad, aún se mantiene lo suficientemente joven como para disfrutar de cada minuto de su estirada juventud. Rudd, que físicamente parece haber hecho un pacto con el diablo, encabeza un grupo que ya no aspira a tocar sus canciones propias en salas o estadios, sino que se tiene que conformar con hacerlo con las ajenas de éxito popular en bodas y otras celebraciones. Y como contrapunto, el boy band al que da vida con sentimiento y carisma Nick Jonas, que algo sabe de esto, pues él también fue en la vida real ese modelo de guapo adolescente con tirón entre las chicas, al mando de sus Jonas Brothers.Curiosamente, la película se despliega con una estructura de clásica comedia romántica de chico encuentra, pierde y quizá recupera chica, con el cambio de que no se trata de una chica sino de otro hombre, y de que nada tiene que ver con el amor sentimental y el sexo entre ambos, sino de puro amor mutuo a la música y probable feliz amistad. Su encuentro nocturno por pura casualidad en la boda de un amigo de la estrella, en la que han tocado versiones los viejos rockeros, da paso a una noche íntima de creaciones musicales junto a la guitarra, con orgasmo final en forma de prometedora canción con música y letra. La robada del título.Carney, apoyado por el también actor Peter McDonald en el guion, compone un personaje reconocible con un exultante gancho, es capaz de montar un perfecto andamiaje de secundarios con cuatro trazos (los otros miembros de la banda; la esposa y la hija; el rocoso agente de la estrella; la chica objeto de la letra…), y utiliza las elipsis cómicas con el encanto del guiño cómplice. Es posible que el trecho despendolado en la parte ambientada en Los Ángeles sea más discutible, pero finalmente vuelve a encontrar la excelencia en un desenlace precioso y redondo. Necesitamos más películas así: contagiosas, fáciles, genuinamente simpáticas. Como aquellas de los años noventa.Letras robadasDirección: John Carney.Intérpretes: Paul Rudd, Nick Jonas, Peter McDonald, Jack Reynor.Género: comedia musical. Irlanda, 2026.Duración: 96 minutos.Estreno: 26 de junio.
‘Letras robadas’: contagiosa película de amor a la música
John Carney, el director de ‘Once’ y ‘Begin Again’, le regala a Paul Rudd un personaje de veterano cantante con exultante gancho y disfrutón en el escenario










