América Latina y el Caribe están en una fase de intensificación climática caracterizada por temperaturas récord, lluvias extremas, sequías prolongadas, océanos más cálidos y un aumento sostenido de los riesgos para la salud, la economía y la seguridad alimentaria, según el informe State of the Climate in Latin America and the Caribbean 2025, publicado en mayo de 2026 por la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés). Retrata una región donde los efectos del calentamiento global han dejado de percibirse como una amenaza distante para convertirse en una realidad concreta y recurrente.

Pero hay buenas noticias. El informe también destaca que la preparación sí introduce diferencias sustantivas.

De cara a 2026, la región debe prepararse para la continuidad de una atmósfera y unos océanos anómalamente cálidos, capaces de sostener nuevos episodios de calor severo y extremos hidrometeorológicos, aun cuando El Niño fluctúe o cambie de fase, por lo que la comparación entre 2025 y 2026 sugiere no una ruptura, sino la consolidación de una nueva normalidad climática más riesgosa, especialmente para la salud pública, la seguridad hídrica, la agricultura y los ecosistemas costeros e insulares.