Brunella Venditti es periodista audiovisual de El Confidencial. Nacida en Venezuela, su familia vive en La Guaira, epicentro del terremoto. La casa donde se crió ha quedado reducida a escombros. Su padre, Bruno, y su hermano Tony estaban en el dormitorio viendo el Mundial en la televisión y han podido ser rescatados. Su madre, Nilda, se acababa de levantar para ir a por algo a la cocina y continúa desaparecida. Este es un relato en primera persona de las horas más angustiosas de su vida. *** Todas las noches llamo a mis papás. Toda mi familia está en Venezuela; soy la única que vive en España, desde los 20 años. Era un día cualquiera. 4:30 AM No fue hasta las 4 de la mañana que me enteré de lo que había pasado. Imaginad que todas las noches dejo el modo 'no molestar' del móvil, pero tenía tantas llamadas, tantos mensajes, que uno se coló y me despertó. Entonces llegaron todos, preguntándome si estaba bien, que habían visto el doble terremoto en Venezuela. Es algo surrealista. Lo primero que pude pensar es que era mentira. Es algo que no te puedes creer; te lo cuentan desde fuera. Mi familia no respondía a las llamadas, no les llegaban los WhatsApp. En medio del silencio, lo único que pude hacer fue subir un reel a Instagram, preguntando por mi familia. Y empecé a recibir multitud de mensajes de venezolanos mandándome fotos y vídeos de mi propia casa, totalmente destruida. De golpe, no tengo casa. El negocio de mi padre, la casa de mi hermano, todo destruido. Lo hemos perdido todo. Y lo que hice fue ponerme a llorar. Recuerdo que pensé: "Ya está, me quedé sola, sola en el mundo. ¿Y, ahora, qué hago con mi vida? ¿Cómo afronto esto?" 5:58 AM De repente llegó la nota de voz, llorando, de mi hermano, y fue como volver a la vida. "Brunella, estoy con papá, estoy con Tony, están heridos, pero están bien". Mi hermano estaba absolutamente ido, llorando; apenas podía hablar. "A mamá no la encontramos, la estamos buscando; por favor, reza mucho". Eso hice, es lo poco que podía hacer, dos horas hasta que volvieron a llegarle los mensajes que le mandaba. Ahí fue cuando me enteré de cómo fue todo. Mi hermano mayor, Bruno, de 30 años, estaba en casa de mis padres, de visita con su mujer embarazada. Y fue un milagro, porque justo salían del ascensor, yéndose a su casa, cuando todo el edificio empezó a temblar. "Brunella, no sé cómo pude abrir el portal porque todo temblaba durísimo. Pero salimos a la calle y de repente vi cómo se desplomaba el edificio". Nuestra casa está en el sexto piso, la última planta. Eso también fue una suerte. En el momento del terremoto, mi padre y mi hermano pequeño estaban en el dormitorio, viendo el fútbol. Mi madre justo se levantó para ir a la cocina. Me cuenta mi padre: "Brune, yo estaba viendo el fútbol con Tony y, de repente, se empieza a mover todo durísimo, los golpes me tumbaron de la cama, y justo tu mamá estaba saliendo a la cocina, y vi cómo tu mamá se caía y se empieza a desplomar todo, el techo, las paredes; todo se empieza a venir encima". Mi padre ya no recuerda nada más. Mi calle, mi casa destruida, en imágenes que me mandan por WhatsApp Abajo, mi hermano se encaramó a los escombros y logró sacar a mi papá y a mi hermano menor. La gente en la calle intentaba sacar a la gente con las manos de los restos de los edificios destruidos. No hay ningún tipo de material, ni siquiera las autoridades venezolanas tienen logística para lidiar con la destrucción. Tuvieron que ir al médico, les han dado unos puntos, a mi hermanito en la nariz y en el pie, que estaba todo lleno de cortes. Y mi papá estaba cubierto de sangre. Pero están bien. Sabemos de gente, amigos, que han muerto de camino al hospital, con los cuerpos fracturados, rotos. "Falta mamá, pero la vamos a encontrar", me decía mi hermano. No puedo hacer otra cosa que tener fe de que mi mamá está viva y está ahí atrapada todavía. Mi mamá es demasiado guerrera, aguanta todo. Tengo fe. Más tarde pude ver a mi familia directamente, por videollamada. Vi a mi hermanito Tony, de 21 años, totalmente fuera de sí; no podía hablar. Mi papá aguantaba con entereza, y me dijo: "Brunella, no vayas a hacer ninguna locura, ni se te ocurra venir. Está todo destruido, aquí ya no hay nada. No hay ni siquiera aeropuerto". Tiene razón. Y me decía, como queriendo darme ánimos: "Quédate tranquila, a tu mamá la vamos a encontrar. Tu mamá está bien, quédate tranquila". 8:00 AM Obviamente, fueron horas de confusión. Incluso fui un rato al trabajo, a la redacción, porque tenía la sensación de que si me quedaba en casa, me lanzaba por la ventana. Vino una amiga a recogerme y paso las horas conectada a grupos de WhatsApp, intentando hacer algo, enterarme de algo. He apuntado a mi madre en varias páginas de búsqueda de desaparecidos que han creado ciudadanos. He pasado su foto por todos los grupos del pueblo, de la comunidad, que están llenos de gente buscando a gente. La gente mandando sus fotos, compartiendo información boca a boca, que si yo vi esto, que si alguien vio esto otro. Pero todo es muy inestable, no hay nada de información oficial y nadie sabe realmente si algo es verdad o no. Apenas hay internet o cobertura. Ay, Venezuela. No es un país normal. Todos los años nos pasa algo. El apagón, inundaciones, que si el chavismo... No nos da una tregua. 12:00 PM Mi papá tiene razón, no tiene sentido volver. Lo único que yo puedo hacer es hablar y contar lo que está pasando. Que la gente sepa y dar visibilidad para que encuentren a mi madre y a todas las personas desaparecidas, todavía atrapadas bajo los escombros. Es lo único que puedo hacer.