Juan Marqu�sActualizado Jueves,
junio
00:09En 2023 la oficina bonaerense de Alfaguara public� La nueva vida de Valdi Bonetti, una novela que yo, gracias a rebotes tan estrafalarios que parec�an parte de la propia novela, pude leer m�s o menos en su d�a sin saber nada de su autora, Mori Ponsowy (Buenos Aires, 1967), una escritora argentina que, seg�n se explica ahora en la solapa de la edici�n espa�ola, ha vivido �gran parte de su vida� en Venezuela.Desde el aire cl�sico que trae el t�tulo (alguien pensar� en La vida nueva de Pedrito de And�a o en La vida perra de Juanita Narboni, pero a m� me hace pensar sobre todo en Alfredo Bryce Echenique), se intuye que entre estas p�ginas se custodia algo especial, y en efecto, quien la recorre se encuentra con una narraci�n simp�tica, divertida, hipn�tica, ingeniosa, bonita, c�mplice, graciosa..., muy buena, aunque se va oscureciendo finalmente, haci�ndose algo m�s amarga y crepuscular conforme va quedando claro lo que tiene de alegor�a (puramente literaria, sin ideolog�a expl�cita alguna) de la degradaci�n de la vida en Caracas y de la dificultad creciente para encontrar medicinas o alimentos, as� como de la violencia de las autoridades y de la polic�a contra un pueblo cada vez m�s empobrecido y desesperado.Hay algo de esp�ritu paulausteriano en el retrato de aquel al que el t�tulo anuncia como claro protagonista, un tipo talentoso y desastrado, un hombre carism�tico, imprevisible y ca�tico del que la narradora se enamora por sus excentricidades. Puede que haya alg�n punto hiperb�lico o directamente inveros�mil en sus peculiaridades (su uso del dinero, por ejemplo), pero no importa, porque se trata de hablar de la singularidad extrema de un hombre �nico, alocado, despistad�simo, e incidir en la tristeza de su final, cuando alguien as� ha de enfrentarse a los proble-mas de una realidad con la que nunca ha mantenido relaciones de normalidad.La nueva vida de Valdi BonettiMori PonsowyPre-Textos. 200 p�ginas. 25 �Tanto cuando se habla de la adultez del protagonista, de su trabajo como actor de �xito o de su relaci�n con su hijo Valdemiro, como cuando se vuelve la vista atr�s y se nos cuenta su infancia como hijo de inmigrantes italianos en un ambiente de relativa escasez, as� como cuando se describen los seis a�os de convivencia entre la narradora y el tal Bonetti, o su reaparici�n por medio de emails... La novela es una juerga bien medida, bien pensada, gozosa pero agridulce. Y Bonetti no es ni de lejos el �nico personaje extravagante: de la pudorosa y discreta narradora no alcanzaremos a saber casi nada, pero s� de un tal Catello, obsesionado por dise�ar una estructura animalesca que pueda moverse por s� misma eternamente (algo as� como esas aberrantes pero hermosas esculturas de Theo Hansen que pudieron verse hace unos a�os en la Fundaci�n Telef�nica). Incluso el padre de Valdi, Peppino, es singular en su naturaleza de arquetipo de tipo hecho a las carencias y enfurecido ante las negligencias y torpezas de su hijo. Y hasta los personajes m�s o menos desaprovechados, como el hermano Benvenuto, tal vez no lo sean tanto, sino m�s bien estrat�gicamente enigm�ticos (y potencialmente recuperables en novelas futuras que puedan contarnos su inesperada vida de nuevo rico en Miami).La nueva vida de Valdi Bonetti implica un buen chorro de magia en un espacio rutinario, la sorpresa total en medio de lo anodino, lo estramb�tico en el coraz�n de lo gris. Escrita con trucos conocidos, pero con buen ritmo y h�bil gesti�n de las informaciones, hace sonre�r y hace que nos estremezcamos: no s�lo habla sobre la impotencia que produce la imposibilidad de hacer bien las cosas que m�s nos importan (honrar a nuestros padres, querer a nuestros amores, cuidar a nuestros hijos), sino de lo que ocurre cuando hay que enfrentarse a ello en un contexto social hostil, incomprensible no s�lo para quien es incapaz de adaptarse a la vida ordinaria sino para cualquier ciudadano normal.












