Antes de que Vania Masías decidiera quedarse en Lima para crear D1, antes de Ángeles y de que miles de jóvenes encontraran en la danza una forma de levantar la mirada, hubo un salón en Covent Garden, un cuerpo al límite y una oportunidad que muchos habrían firmado sin pensar. Tenía 24 años, era primera bailarina del Ballet Nacional de Irlanda y había llegado a una audición del Cirque du Soleil con una mezcla de ambición, curiosidad y terquedad. No iba solamente a buscar un contrato. Iba, sobre todo, a buscar una puerta. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.