Espa�a experimenta un cambio demogr�fico profundo en el que la poblaci�n de origen musulm�n -dos tercios de ella, marroqu�- y la inmigraci�n en general est�n adquiriendo un peso creciente entre la poblaci�n en edad laboral y las nuevas generaciones. Los microdatos de nacimientos del INE, seg�n nuestros an�lisis, indican que el 11% de los beb�s de 2024 ten�an al menos un progenitor inmigrante musulm�n -casi siempre los dos, porque es una inmigraci�n muy endog�mica en materia reproductiva-, una tasa que alcanza el 19% en CCAA como Murcia, La Rioja y Catalu�a. Y se supera en provincias como Almer�a (28%), las tres catalanas menos pobladas y �lava. Entre los hombres de 20 a 44 a�os, los inmigrantes musulmanes son el 10% o m�s en un tercio de las provincias, destacando de nuevo Almer�a (24%), L�rida (22%), Gerona (18%), Tarragona (16%), Murcia (15%) y Catalu�a (14%).No es ya un fen�meno coyuntural. Esta evoluci�n anticipa una transformaci�n estructural con hondas implicaciones en la composici�n social, la convivencia, la seguridad, la arena pol�tica, el mercado laboral, la prestaci�n de servicios p�blicos y las pol�ticas p�blicas en las pr�ximas d�cadas. Espa�a no es un caso aislado en Europa. Francia, B�lgica, el Reino Unido, Suecia o Alemania, entre otros, tienen mucha poblaci�n isl�mica, tras entre cuatro y seis d�cadas -o m�s- recibiendo abundante inmigraci�n de pa�ses africanos o asi�ticos. En Espa�a el fen�meno es m�s reciente, y el peso de los musulmanes en su poblaci�n -entre ocho y nueve veces mayor que en 1996- es bastante menor a nivel nacional que en esos pa�ses europeos.Este proceso no se debe solo a los ciudadanos nacidos en el extranjero, sino al peso creciente de su descendencia. Los hogares procedentes de pa�ses de mayor�a musulmana presentan niveles de fecundidad muy superiores a la media espa�ola y tambi�n a la de otros grupos extranjeros. Son el �nico colectivo que supera el umbral de reemplazo generacional, aunque tambi�n su fecundidad tienda a la baja en los �ltimos a�os. No es, pues, una din�mica ilimitada, pero s� claramente diferencial.Este matiz es clave. Espa�a presenta una natalidad muy baja, que no garantiza el reemplazo generacional, y una poblaci�n cada vez m�s envejecida. En este contexto, los grupos con mayores tasas de fecundidad adquieren mayor relevancia estructural en la escuela, y en el porvenir. Los nacimientos anticipan c�mo ser� el alumnado en los colegios y c�mo ser� posteriormente el mundo laboral. La educaci�n, los servicios sociales, el mercado laboral o la cohesi�n comunitaria se est�n reconfigurando ya a partir de esta evoluci�n.A ello se suma un segundo factor determinante, la desigual concentraci�n geogr�fica. Espa�a no es homog�nea en este proceso. Hay CCAA y provincias donde la transformaci�n es mucho m�s intensa y r�pida, y sus efectos se perciben antes en la vida cotidiana. Son las ya mencionadas, y otras como Navarra, Teruel, Huesca, Huelva, Toledo, Castell�n... Incluso hay municipios como Salt (Gerona), Manlleu (Barcelona) o N�jar (Almer�a) donde m�s del 50% de los beb�s de 2024 eran hijos de inmigrantes musulmanes.Esta distribuci�n desigual obliga a pensar en clave territorial. No afrontan los mismos retos los lugares con menor presencia de poblaci�n de origen extranjero, y en particular de religi�n isl�mica, que aquellos donde esta realidad ya tiene un peso significativo y sostenido. La presi�n sobre sistemas como la educaci�n, la sanidad, la vivienda o los servicios sociales var�a notablemente seg�n el territorio. Por ello, las pol�ticas p�blicas deben apoyarse en diagn�sticos ajustados a cada contexto, evitando soluciones uniformes que ignoren las diferencias locales.Junto a la dimensi�n demogr�fica, la integraci�n socioecon�mica y en valores b�sicos como la igualdad hombre-mujer es otro elemento central. Los datos laborales del INE, especialmente los de la Encuesta de Poblaci�n Activa, muestran diferencias muy significativas entre la poblaci�n nacida en Espa�a y la nacida en �frica, que puede utilizarse como aproximaci�n estad�stica a la poblaci�n musulmana residente en Espa�a, ya que el 92% de los africanos que viven en nuestro pa�s son musulmanes y el 85% de los musulmanes en Espa�a son de origen africano. En el tercer trimestre de 2025, la tasa de empleo entre las personas de 20 a 64 a�os nacidas en Espa�a se situaba en torno al 75%, frente al 67% de los nacidos en el extranjero no africanos y apenas el 51% de los nacidos en �frica.La brecha es especialmente acusada en el caso de las mujeres. Mientras que la tasa de empleo de las mujeres nacidas en Espa�a en edad laboral supera el 70%, entre las nacidas en �frica apenas alcanza el 38%. Los datos de afiliaci�n a la Seguridad Social reflejan esta misma tendencia, con niveles significativamente inferiores entre colectivos como el marroqu�, especialmente en el caso femenino. Estas diferencias no son solo econ�micas, sino tambi�n sociales. Reflejan distintos niveles de autonom�a, participaci�n y arraigo.Esta dimensi�n ser� a�n m�s relevante en los pr�ximos a�os. Muchos de los hijos de familias procedentes de pa�ses de mayor�a musulmana nacidos o criados en Espa�a formar�n parte de la sociedad adulta de las pr�ximas d�cadas. Por ello, la integraci�n no puede entenderse como una cuesti�n coyuntural ni limitada a la primera generaci�n inmigrante, sino como un desaf�o estructural para la educaci�n, el empleo, la convivencia y la cohesi�n social. La escuela, el acceso al mercado laboral, la igualdad entre hombres y mujeres y el respeto a los marcos b�sicos de convivencia ser�n factores decisivos para que esta transformaci�n demogr�fica se traduzca en una incorporaci�n real y positiva a la sociedad espa�ola. De no lograrse, habr� fracturas sociales.En materia de seguridad ciudadana, aunque la inmensa mayor�a de la poblaci�n isl�mica en Espa�a no delinque, hay diferencias muy apreciables en las tasas de delincuencia -incluido el terrorismo yihadista- entre esa comunidad y la generalidad de los espa�oles aut�ctonos. Siendo justos, el debate p�blico debe evitar tanto la negaci�n del problema -mucho mayores tasas de delincuencia inmigrante- como las generalizaciones, puesto que una ampl�sima mayor�a de los extranjeros, musulmanes incluidos, no delinquen. El respeto a la ley es clave de b�veda del marco de convivencia. Es innegociable. Lamentablemente, no se dio de entrada en el caso de los millones de inmigrantes, incluida gran parte de los musulmanes, que ingresaron en Espa�a o se quedaron en ella de forma ilegal.Una transformaci�n demogr�fica de esta magnitud es insatisfactoria si no se acompa�a de una integraci�n efectiva en el empleo, la educaci�n, los marcos b�sicos de convivencia y el cumplimiento de la ley. Por desgracia, hay s�lidos indicios de que esta integraci�n presenta grandes lagunas y no puede darse por supuesta por el mero paso del tiempo o la simple residencia en Espa�a, como indica la experiencia de otros pa�ses europeos, y los datos de que ya disponemos en nuestro pa�s. Cuando el crecimiento poblacional incluye amplios colectivos con bajas tasas de actividad laboral y tasas mucho mayores de delincuencia, el reto deja de ser solo demogr�fico y pasa a ser mucho m�s amplio. Y m�xime en un contexto con mucha menos oferta que demanda de vivienda.La demograf�a nunca es neutra. Siempre tiene consecuencias sobre la vida en com�n. Por eso conviene atender a tiempo los indicadores que anticipan los cambios. Y as� como los gobiernos no tienen capacidad de planificar y decidir cu�ntos hijos tendr�n los espa�oles -aunque deber�an favorecer y estimular que tengan m�s-, s� pueden y deben gestionar los flujos migratorios en funci�n del inter�s general de los espa�oles.En este sentido, no es admisible, en ning�n caso, que haya entradas masivas de inmigraci�n ilegal -en gran parte, africana/musulmana-, como ocurre desde hace 30 a�os. Tampoco lo es que los inmigrantes extracomunitarios en Espa�a tengan much�simo desempleo y bajas tasas de actividad de forma estructural desde 2008, y m�s a�n los de la comunidad musulmana, puesto que el fundamento de otorgar permiso de residencia a adultos extracomunitarios en edad laboral -y con ellos, posteriormente, a familiares directos- debe ser que se tenga un empleo con cotizaci�n a la Seguridad Social.Sin un adecuado control de fronteras y extranjer�a ni observancia del principio de que virtualmente todos los inmigrantes en edad laboral sean cotizantes a la SS, Espa�a est� siendo desbordada por la llegada continua y masiva de una inmigraci�n te�ricamente innecesaria para un mercado laboral con varios millones de desempleados y una preocupante precarizaci�n salarial, con tensionamiento creciente en el mercado de la vivienda y congesti�n en servicios p�blicos como la sanidad o la educaci�n.Si no somos capaces de reordenar la gesti�n de la inmigraci�n -musulmana y el resto- desde criterios de legalidad, integraci�n efectiva y sostenibilidad de los servicios p�blicos, la calidad de vida de muchos millones de inmigrantes y extranjeros, as� como la cohesi�n social de Espa�a, est�n en riesgo.Alejandro Macarr�n es responsable de Estudios y An�lisis Social de CEU CEFAS
Espa�a, ante un incremento de la poblaci�n isl�mica que ya no puede ignorar
Espa�a experimenta un cambio demogr�fico profundo en el que la poblaci�n de origen musulm�n -dos tercios de ella, marroqu�- y la inmigraci�n en general est�n adquiriendo un...






