No es fake news. Esta semana los talibanes han entrado en la capital de la Unión Europea con visado belga, como si no procedieran de un gobierno infame al que la misma UE dice no reconocer. A instancias de una propuesta impulsada desde el área de Interior y Migración de la Comisión Europea y a petición de 20 Estados, entre los que no se encuentra España, se han reunido funcionarios europeos y representantes de 15 gobiernos europeos con los talibanes para mantener una negociación sobre el retorno de los migrantes afganos que se encuentran en países de la UE. En el centro: la deportación de migrantes afganos, conversaciones que ya habían empezado en Kabul semanas antes. Ya entonces, llovieron las advertencias de grupos de derechos humanos de que tal acercamiento podría poner en peligro a los afganos y, muy especialmente, a las afganas, si finalmente estas eran incluidas en las negociaciones. Solo recordar, llegadas a este punto, que Afganistán es uno de los países más restrictivos del mundo respecto a los derechos de las mujeres. Desde el regreso al poder de los talibanes en 2021, han prohibido la educación secundaria y universitaria para las niñas y han limitado severamente el trabajo, la movilidad y la participación pública de las mujeres, entre cientos de prohibiciones. No se nos olvidan las imágenes del último terremoto en el que las mujeres que resultaron heridas solo pudieron recibir ayuda médica por un miembro masculino de su familia porque tienen prohibido el contacto físico por un varón ajeno a la misma. O la frase de Meryl Streep en la ONU pidiendo ayuda para las miles de afganas y recordando que “una ardilla tiene más derechos que una niña en Afganistán hoy”. Antes de eso, en marzo de 2025, la Unión Europea publicó un informe sobre la igualdad de género en el que insistía, como no podía ser de otro modo, en que la igualdad entre mujeres y hombres es un valor fundacional. En el mismo informe se denunciaba la violencia contra las mujeres, se promovía la participación femenina en la vida pública y se consideraba la igualdad un elemento esencial de la democracia europea. Poco después, la Comisión impulsó una nueva Estrategia Europea de Igualdad de Género 2026-2030 basada en esos principios. Somos conscientes, no somos ingenuas, que sobre el papel las ideas —en general las más nobles— suelen sostenerse mejor que en la práctica y que es bastante frecuente no aplicar a rajatabla los resultados de los informes. Sin embargo, vivimos un tiempo de claro debilitamiento del orden jurídico internacional, con graves consecuencias para millones de seres humanos y para el conjunto del sistema, donde el uso de la fuerza, amenazas, violencia, invasiones y guerras, junto a una absoluta indiferencia hacia el sufrimiento de la población civil, se han convertido en el “nuevo orden mundial”. Por eso no podemos bajar la guardia. Y no solo no podemos bajarla en los países de nuestro entorno, tampoco en otras zonas geográficas. Porque por más que por momentos parezca que vivimos en un escenario políticamente caótico, la construcción europea sigue sosteniéndose sobre los pilares del Estado de derecho y el mantenimiento de la paz, dentro y fuera de sus fronteras. Por momentos tenemos la seguridad de que la UE aún no ha alcanzado la madurez geopolítica que el contexto actual nos exige y que nos costará llegar a ella. Pero a pesar de eso, y de las muchas dudas que provoca la situación actual, también tenemos algunas certezas. Entre otras que Afganistán es, posiblemente, el mayor fracaso de Occidente desde hace décadas y que el regreso de los talibanes al poder ha supuesto la implantación de un cruel y severo apartheid contra las mujeres y las niñas afganas y, lo que es peor, el mundo parece haberlas abandonado. Por eso, que la Comisión Europea invite a una delegación del gobierno afgano para participar en una opaca “reunión técnica” en Bruselas necesariamente debe generar una fuerte reacción en contra. Recibir a los talibanes en Bruselas es un reconocimiento de facto del régimen. Aunque para Magnus Brunner, Comisario Europeo de Migraciones, hablar con el Gobierno talibán es sólo “gestionar una realidad”, la migratoria, para negociar la devolución de los ciudadanos cuya petición de asilo en la UE haya sido rechazada. El comisario debería recordar no sólo la solidaridad exigible a la Unión Europea, sino la letra del Estatuto de los Refugiados, que no migrantes. La piedra angular del sistema de protección de las personas con derecho al asilo es el principio de no-devolución: “Un Estado no puede expulsar ni devolver a una persona a un país en el que su vida o su libertad corran peligro”. Parece que la primera iniciativa es para devolver hombres, no mujeres. Pero para las refugiadas afganas ver entrar a los talibanes en Bruselas es letal, porque refuerza al Gobierno que las está masacrando. La hipocresía salta a la vista. Cincuenta años después de que miles de mujeres europeas reclamaran igualdad, educación, trabajo y participación política, debemos preguntarnos qué significa hoy la defensa de esos valores cuando quienes los niegan de forma sistemática encuentran espacios de interlocución en las propias instituciones europeas y recordar que, a pesar de que la Comisión Europea se ha esforzado en decir lo contrario, lo cierto es que, al recibirlos en Bruselas, generan una legitimación de facto del régimen.