El Parlamento Europeo aprobó la semana pasada el acuerdo comercial con Estados Unidos.Hemos votado en un ambiente de alta tensión provocada por las amenazas de Trump de imponer aranceles de entre el 10% y el 12.5% a sesenta de sus socios comerciales - incluida la UE- utilizando la excusa de supuestas “deficiencias en la persecución del trabajo forzoso”.Precisamente por la volatilidad política que se percibe en la Administración Trump, desde el Parlamento Europeo hemos exigido y condicionado nuestro voto favorable a la inclusión de una cláusula de rescisión: el acuerdo expira automáticamente el 31 de diciembre de 2029 a menos que ambas partes aprueben una extensión tras evaluarse sus beneficios reales.Asimismo, hemos introducido un mecanismo de suspensión reforzado que permite a la Comisión Europea congelar de forma inmediata las preferencias arancelarias si EE.UU. mantiene o eleva aranceles sobre el acero y aluminio europeos por encima del 15%.Y también una salvaguarda agrícola e industrial que activará aranceles automáticos si las importaciones estadounidenses causan un daño grave a los productores de la Unión.El espíritu que nos ha guiado en esta negociación ha sido el de estabilizar las relaciones con nuestro principal socio comercial y evitar una guerra comercial total, respondiendo a todos los niveles a un aliado indispensable, pero profundamente impredecible.La Eurocámara vota en Estrasburgo SEBASTIEN BOZON / AFPLa Unión Europea está en una encrucijada histórica. Desde su primer diseño, el proyecto europeo ha prosperado bajo una regla de economía abierta o liberal, predecible o calculable y basada en reglas multilaterales. En Comercio, para terminar de crear esas reglas y convertirlas en la medida de lo posible en obligatorias, se creó la Organización Mundial del Comercio (OMC).Sin embargo, el panorama de hoy está dominado por la rivalidad entre grandes potencias, el retorno del proteccionismo agresivo y el uso del comercio como un arma de coerción geopolítica.En este contexto, el fortalecimiento de una cierta soberanía europea -o autonomía estratégica- ha dejado de ser una aspiración teórica para convertirse en una necesidad de supervivencia. Para proteger su modelo social, asegurar sus cadenas de suministro y mantener su relevancia global, la UE tiene que desarrollar una triple estrategia: apoyar y salvaguardar el multilateralismo, diversificar hasta el límite de los posible sus alianzas comerciales internacionales y reforzar a todos los niveles su propio mercado interior.La UE asume las normas de la OMC como Derecho Internacional en el ámbito económico. Como superpotencia regulatoria y comercial que carece de fuerza militar, necesita y depende más que otras potencias de un sistema multilateral basado en reglas para evitar se imponga la ley del más fuerte.Sin embargo, la OMC sufre una parálisis institucional profunda, principalmente debido al bloqueo estadounidense de su Órgano de Apelación, que es muy anterior a este mandato de Trump. A pesar de sus disfunciones, la UE defiende que una OMC fuerte es irremplazable. El colapso total del multilateralismo arrastraría al mundo a una fragmentación en bloques cerrados, un escenario letal para una economía tan interconectada y orientada a la exportación como la europea.La excesiva dependencia europea de mercados específicos para materias primas críticas, tecnologías y bienes de consumo ha quedado evidente en las crisis globales recientes. La lección principal que aprender es que se alcanza la resiliencia y la seguridad mediante la diversificación. La UE no puede aislarse, sino compartir los riesgos, a través de una red de acuerdos comerciales modernos con socios estratégicos.Un gran ejemplo de esto es el Acuerdo Económico y Comercial (CETA) con Canadá. Más allá de la eliminación del 98% de los aranceles, el CETA es un pilar geopolítico. En un momento de extrema volatilidad, Canadá provee a la UE un acceso seguro a minerales críticos esenciales para la transición ecológica y digital, bajo estándares medioambientales y laborales idénticos a los europeos. Es el ejemplo perfecto de que el comercio puede ser tanto económicamente rentable como éticamente alineado.Seguimos con los buenos ejemplos. México es un socio histórico cuya relación comercial está siendo profundamente modernizada, afectando directamente a la reconfiguración de las cadenas de valor globales y a la diversificación de componentes industriales y bienes automotrices, disminuyendo la dependencia directa del mercado asiático.Las negociaciones para un tratado de libre comercio con la India son, sin duda, una de las prioridades geopolíticas más complejas y ambiciosas de la UE. La India representa el mercado de consumo de más rápido crecimiento del mundo y un contrapeso demográfico y económico indispensable en la región del Indo-Pacífico. Aunque persisten profundas diferencias en materia de patentes farmacéuticas, contratación pública y aranceles agrícolas, un acuerdo con Nueva Delhi consolidaría la autonomía europea al anclar sus cadenas de suministro tecnológico y de servicios en una democracia formal aliada.La región de la ASEAN es el motor del dinamismo económico global. Dentro de ella, Tailandia (centro automotriz y electrónico en Asia, se busca asegurar que las empresas europeas no queden desplazadas en los corredores logísticos del Índico y el Pacífico) e Indonesia (reservas de níquel y recursos naturales, es vital para la industria de baterías y vehículos eléctricos europea, se busca superar las tensiones por las normativas de deforestación y una alianza energética duradera) son piezas estratégicas individuales fundamentales.Pero ninguna estrategia de diversificación exterior va a tener éxito si los cimientos internos de la Unión Europea son débiles. El mercado interior es nuestro mayor activo político y económico. Es lo que de verdad nos permite negociar de tú a tú con Estados Unidos y China. Fortalecer el mercado interior no es medida económica más, es el núcleo de la soberanía europea.Para revitalizar el mercado interior la UE concentra los esfuerzos en varios frentes. Por una parte, la unidad de mercados de capital para movilizar el ahorro europeo hacia la innovación interna y reducir la dependencia de la financiación y los fondos de inversión estadounidenses. En segundo lugar, en una política industrial común, para apoyar y coordinar la producción de semiconductores, defensa y tecnologías limpias, reduciendo la dependencia de Asia, sobre todo en componentes críticos de seguridad. En este sentido, ya estamos trabajando en la ley de Aceleración industrial europea, cuyo objetivo es reindustrializar Europa y aumentar los productos “Made in EU”. Y, por último, la armonización regulatoria, que no se debe confundir con desregularización, está justificada por la reducción de barreras burocráticas nacionales que persisten en los sectores digitales y de servicios.Un mercado interior fuerte es un escudo, hace que la Unión sea demasiado grande e importante como para ser ignorada o sancionada económicamente por rivales externos. Nos una gran capacidad de dictar los estándares regulatorios que terminan siendo referentes globales.La respuesta inteligente de la Unión Europea debe ser la expansión de nuestros lazos con potencias democráticas afines como Canadá y México, la penetración audaz en los mercados del futuro en el Sudeste Asiático y la India, y el cuidado de nuestro tesoro: nuestro mercado interior. Solo una Europa comercialmente enlazada e industrialmente independiente podrá ser soberana económicamente en este siglo XXI.Javier Moreno es eurodiputado socialista, miembro de la Comisión de Comercio Internacional y presidente de la delegación para las Relaciones de la UE con Canadá. Publicación elaborada en el marco del proyecto ‘Europa de Vanguardia’, con el apoyo del Parlamento Europeo y siguiendo el criterio editorial de ‘La Vanguardia’