Morena se lo buscó. La CNTE que hoy bloquea calles, paraliza escuelas y desafía al gobierno no surgió de la nada. Es, en buena medida, consecuencia de una decisión política de López Obrador, quien derogó la reforma educativa de Peña Nieto y le devolvió poder a una organización que llevaba años perdiendo influencia. Ahora Sheinbaum está pagando las consecuencias.

Tras semanas de movilizaciones, bloqueos y plantones, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación levantó el viernes su campamento en el Zócalo capitalino. No sin antes provocar pérdidas de cientos de millones de pesos, afectar a millones de ciudadanos y dejar sin clases a cerca de 1.4 millones de alumnos.

Pese a esto, los maestros en paro siguieron cobrando su salario completo con cargo al erario. Y, como ocurre después de cada episodio de presión, la CNTE obtuvo nuevas concesiones.

Lo que hace más llamativa la intransigencia de la CNTE es que no se le puede acusar al gobierno de Sheinbaum de hostilidad hacia el magisterio. Los maestros recibieron aumentos salariales de 10% en 2025 y 9% en 2026, muy por encima de la inflación. Si la educación viviera una época dorada, podría argumentarse que esos incrementos son el reflejo de un sistema exitoso. Pero la realidad es otra.