El Gobierno de Gustavo Petro y la Federación Nacional de Cafeteros prorrogaron por cinco meses el contrato de administración del fondo nacional del café, la bolsa de recursos públicos que alimenta un complejo sistema de productividad y bienestar, que se renueva cada diez años y vencía el 7 de julio. Tras casi tres años de amenazas del presidente de retirarle esa administración a la Federación, que maneja el fondo desde su creación en 1940, la decisión definitiva queda en manos del gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella, que se posesionará el 7 de agosto. La prórroga se ha pactado este martes en una reunión entre los ministerios de Hacienda y el de Agricultura, encabezados por Germán Ávila y Martha Carvajalino, y el gerente de la Federación, Germán Bahamón, quien precisó que los términos se definirán en los próximos días. El documento fija la agenda del contrato definitivo —la autonomía presupuestal del fondo, el papel de los comités departamentales de caficultores, el fortalecimiento de la garantía de compra y los mecanismos para mejorar la gobernanza y la representatividad— y enmarca la prórroga como un paso hacia la “democracia cafetera”. Varios de esos puntos coinciden con los reparos que Petro expresó desde 2023, ahora convertidos en hoja de ruta para su sucesor. Bahamón celebró en X la “voluntad de diálogo” de los ministros y leyó el acuerdo como “un mensaje de confianza para 550.000 familias cafeteras”.Detrás del trámite hay mucho más que administrar una cuenta. Los recursos del fondo no salen del presupuesto nacional: los ponen los productores mediante una contribución de seis centavos de dólar por cada libra de café que exportan. Ese recaudo —cerca de 100 millones de dólares al año, según el presidente de Asoexport, Gustavo Gómez— financia la asistencia técnica, la investigación de Cenicafé, que ha desarrollado las variedades resistentes a la roya, y, sobre todo, la garantía de compra, que le asegura a cualquier caficultor un comprador a un precio conocido. La defensa del modelo descansa en dos pilares, uno legal y otro operativo. La ley ordena que el fondo lo administre el gremio más representativo del sector. El operativo lo resume Gómez: “Crear otro en dos semanas va a ser imposible”. A esos argumentos la Federación suma su hoja de servicios: según Bahamón, en la última década los caficultores aportaron 3,7 billones de pesos en contribuciones y el Fondo invirtió más de 6 billones en bienes públicos del sector.El pulso con Petro venía de lejos. En Pitalito, departamento del Huila, el presidente advirtió en agosto de 2023 que el contrato se acabaría si la Federación no se reestructuraba desde las bases. Como prueba de que el cambio era posible, Petro recordó que el expresidente Juan Manuel Santos le retiró a Fedegán la administración del fondo nacional del ganado, una estructura similar para ese sector. El antecedente, sin embargo, es de doble filo: ocurrió en 2016, pero en 2019 esa administración volvió a Fedegán, tras la pérdida del estatus sanitario del país frente a la aftosa. Para el exministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo Salazar, que conoce a la Federación por dentro y la ha criticado en el pasado, se ha tratado de un “capricho” del Gobierno contra “la entidad más idónea” para la tarea de administrar esos recursos.Jairo Rendón, director del Observatorio Financiero Rural de la Universidad Javeriana, considera que el debate está mal planteado. “Seguramente existen entidades con capacidad para administrar recursos financieros, pero administrar el fondo nacional del café implica mucho más”, dice. Son décadas tejiendo una institucionalidad que enlaza investigación, comercialización, trazabilidad y representación. A su juicio, lo que animó la pelea ha sido reemplazar instituciones “simplemente por no ser estatales”, y destaca que “es una forma equivocada de abordar la política pública”, dado que “las instituciones deben evaluarse por sus resultados, no por su naturaleza”.El académico concluye que hasta ahora no ha “visto evidencia concluyente de que exista una alternativa claramente superior” a la de que la Federación sea quien administre esos recursos. La discusión de los próximos cinco meses, advierte Rendón, debería medirse por una sola vara: “Lo importante no es quién administra el Fondo, sino qué resultados genera para el caficultor”. Esa es la herencia que recibe De la Espriella en el frente cafetero.