La primera experiencia de David Afkham (Friburgo, 43 años) al frente de la Orquesta Nacional de España no fue premeditada. A mediados de septiembre de 2011 lo llamaron in extremis para sustituir en el podio a un convaleciente Josep Pons. Aterrizó en Madrid sin saber muy bien lo que se iba a encontrar y, nada más empezar el ensayo, se sintió como en casa. “La conexión con los músicos fue inmediata y muy reveladora”, recuerda el director alemán durante un almuerzo en el restaurante La Quinta de Madrid. “Tiene gracia que estemos hoy aquí. Porque aquella Quinta de Chaikovski con la que nos conocimos dejó un sabor imborrable”.Dos años después, recién cumplidos los 30, Afkham fue nombrado director principal de la orquesta tras la era Pons. “Un líder debe tomar decisiones, pero sin llegar a imponerse. Por eso la parte más importante de mi trabajo ha consistido en escuchar e inspirar a los músicos”, explica camino ya de los postres. “La batuta de un director no suena a nada, ¿verdad? Lo que escuchamos, lo que nos llega, es una respiración compartida”. Ese enfoque “casi camerístico” le ha dado excelentes resultados, tanto en el repertorio sinfónico (con lecturas especialmente reveladoras de Beethoven, Brahms, Bruckner y Shostakóvich) como en óperas de Wagner, Strauss y Berg.A modo de despedida y para cerrar esta etapa de 12 años, Afkham abordará la Novena de Mahler los días 26, 27 y 28 de junio en el Auditorio madrileño. “Elegí esta sinfonía porque se asoma a lo desconocido”, dice el todavía director titular y artístico de la Orquesta y Coro Nacionales de España. “Las últimas notas del adagio se funden en un silencio sobrecogedor. Es una de esas partituras que no se prestan al aplauso: tras el finale, su música sigue resonando dentro de nosotros”, continúa. El 2 de julio volverá a enfrentarse a la exigente sinfonía de Mahler en un concierto al aire libre en el Palacio de Carlos V durante la ya tradicional visita de la OCNE al Festival de Granada.Poco después, el día 19, la Orquesta Nacional viajará a Londres para participar por primera vez en los BBC Proms, el festival anual de música clásica organizado por la BBC. El programa (que incluye la Alborada del gracioso de Ravel, el Concierto de Aranjuez de Rodrigo, junto al guitarrista Rafael Aguirre, y la Fantasía Bætica en la orquestación de Francisco Coll con motivo del aniversario de Falla) ha agotado las más de 5.000 localidades del Royal Albert Hall. “La calidad tiene que hacerse visible, exhibirse al mundo”, celebra Afkham, que en febrero emprendió una gira con la ONE por seis ciudades de Austria y Alemania, incluida su Friburgo natal. “Fue un reencuentro con viejos amigos. Una auténtica fiesta”, dice.Luego, en un correcto español salpicado de frases en inglés, repasa los capítulos más memorables de sus años en Madrid. “Guardo muy buen recuerdo de El holandés errante semiescenificado junto a Bryn Terfel y Ricarda Merbeth, y también de la Sexta de Mahler que se acaba de editar en disco”, enumera en un taxi camino de una cafetería de la calle Lagasca, cerca del paso subterráneo que conecta con El Retiro, donde posará más tarde para las fotos. “Crecí en la Selva Negra de Friburgo, rodeado de bosque, y vivo en una zona rural cerca de Núremberg”, dirá frente a la Casa de Vacas. “Para mí, la naturaleza no es negociable. No imagino una vida sin árboles”.Curiosamente, la próxima temporada de la OCNE (en la que dirigirá, ya como invitado, dos programas sinfónicos) se articula en torno a la idea del árbol como metáfora de crecimiento y relevo generacional. Hace unos meses, Afkham mantuvo una larga conversación telefónica con el maestro californiano Kent Nagano, que en septiembre recogerá el testigo. “No le di ningún consejo, pues considero que cada cual debe emprender su propio camino”, aclara. “Lo importante es que un maestro del nivel y la proyección internacional de Nagano haya aceptado el cargo. Significa que hemos conseguido muchos de los objetivos que nos marcamos”.Con las maletas ya preparadas, Afkham se siente a la vez heredero y transmisor de un legado histórico de casi nueve décadas. “La Orquesta Nacional tiene un sonido muy reconocible, oscuro e intenso, pero al mismo tiempo flexible y versátil. Puede con todo: hoy una Consagración, mañana Britten, al día siguiente Händel y luego un estreno”, se enorgullece el director alemán de ascendencia persa. “Y hay algo que valoro por encima de la formación técnica, y es que los miembros de la OCNE están muy conectados con sus emociones. En estos tiempos tan violentos y materialistas, los músicos deben ser capaces de llenar cada nota de sentido y significado”.No todo ha sido coser y cantar en este largo periplo marcado por las restricciones de la pandemia, las huelgas sindicales y las tensiones internas de la renovación. “Solo tengo palabras de agradecimiento para una institución que confió en mí cuando era muy joven y que me ha permitido seguir creciendo a su lado”, ataja. El balance, “más que positivo”, arroja, eso sí, dos cuentas pendientes: “Me habría gustado crear una academia en la que los profesores más veteranos pudieran transmitir su conocimiento”, se sincera. “Y también haber logrado una mayor proyección audiovisual. La orquesta y el coro merecen ser vistos y escuchados en todas partes”.El 3 de agosto, antes de su “adiós provisional” a España, Afkham inaugurará el Festival de Santander con La flauta mágica de Mozart al frente de la Orquesta Sinfónica Freixenet de la ⁠Escuela Reina Sofía. “Es una de esas óperas de las que siempre sales mejorado, como persona y como músico”, reflexiona. Después lo esperan en Hamburgo, Berlín, Seattle… “Hay muchos proyectos en el horizonte, pero ninguna titularidad por el momento”, admite el antiguo discípulo de Bernard Haitink y ayudante de Valery Gergiev en sus comienzos. “Conservo la misma energía de entonces”, asegura. “No tengo miedo al futuro. Solo hambre de retos”.