En el fútbol de selecciones, los colores de las camisetas no siempre van de la mano de las bandera, y en este Mundial 2026 lo estamos viendo. Holanda viste de naranja teniendo una bandera roja, blanca y azul. Alemania juega de blanco defendiendo una bandera negra, roja y amarilla. Japón es azul cuando su bandera es blanca con un círculo rojo. Y Australia viste de amarillo y verde teniendo una bandera que todavía lleva la Union Jack británica. Detrás de cada uno de ellos hay una historia, casi siempre política, casi siempre centenaria, que sobrevivió mucho más tiempo que la propia bandera que debería representar.

El caso holandés es el más conocido. El naranja se debe a la dinastía de Guillermo de Orange-Nassau, figura clave en la independencia de las Provincias Unidas frente al dominio español en el siglo XVI. La primera bandera neerlandesa, la Prinsenvlag, era precisamente naranja, blanca y azul. El rojo sustituyó gradualmente al naranja entre 1630 y 1660, simplemente porque las tinturas naranjas de la época se desteñían con facilidad y acababan tomando un tono rojizo. El color desapareció de la bandera pero nunca de la identidad nacional: sigue presente en el Día del Rey y, desde la década de 1930, en la selección de fútbol, a la que se concoe popularmente como la Naranja Mecánica.