Mayte Antona acaba de jubilarse de Servimedia tras un contrato relevo y cuatro décadas como periodista. Una profesión que comenzó en "la mejor escuela de periodismo que ha habido: Diario16" y que ejercerá hasta el último día de su vida. Porque esta veterana -entre sus tertulias en RNE y sus varias colaboraciones en el mundo social- sigue dispuesta a no dejar "jamás" de trabajar "por dar voz a quien no la tiene". No entiende otra forma de devolver a los demás todo lo que le ha aportado el oficio. Es, además, vocal de Igualdad en la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y vicesecretaria general en la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).PublicidadEres la periodista de referencia de lo social. Pero medrar en la profesión al margen de la política es un reto casi imposible.Esa siempre fue mi apuesta. Nunca quise hacer política, ni cuando empecé en Diario16. En una ocasión, para premiarme me pasaron a Nacional y duré tres meses porque les volví locos a todos. A ellos les parecía fundamental un congreso regional del PSOE y a mí lo que me parecía vital es asistir a la cumbre de Mujeres en Pekín. ¿Y fuiste a Pekín en ese 1995?Fui, ya lo creo. Al final no sé si me dejaron para librarse de mí o por no escucharme, pero en esa cumbre quedó patente que todas las mujeres del mundo queríamos dar un paso al frente. Fue el principio de muchas cosas en el mundo global de la igualdad. La declaración de Beijing es uno de los grandes hitos feministas.En septiembre de 1995, la quinta conferencia mundial sobre la mujer, celebrada en Pekín, bajo el amparo de la ONU, marcó un punto de inflexión en la lucha por la igualdad de género a nivel global. Y 31 años después, su legado sigue vigente. Y allí estaba Mayte Antona. Pues en un medio dominado por hombres tu discurso les resultaría incomprensible. A mí me parecía fundamental que había que estar en Pekín en la cumbre de la mujer, pero también que había que tener en cuenta a las personas con discapacidad, al colectivo homosexual, a esos grandes olvidados de los que nadie se ocupaba. Hoy puede sonar raro, pero de ese mundo venimos y es bueno saberlo. Ese era mi mundo, era mi nicho y era, y es, mi felicidad.¿Con qué edad empezaste en el oficio?Empecé en Diario 16 en segundo de carrera. Tuve la gran suerte de que en unas vacaciones de Navidad hacía falta una becaria y allí aparecí. Yo, que acababa de llegar, hice el pie de foto de portada del primer gobierno socialista. Dejaron que la becaria pusiera los nombres de Felipe González, de Narcís Serra y desde ese día me hicieron sentir periodista.Publicidad'Diario16' marcó la vida para bien a toda una generación de periodistas... ¿Quiénes fueron tus referentes?Pues mira, yo llegué a Diario16 de la mano de Fernando Reinlein, recientemente fallecido, y para mí fue mi auténtico padrino. La vida tiene casualidades increíbles. Era compañera de facultad de su mujer y me veía como aquella que era la que más preguntaba en clase. Así que me dijo: "Oye, están buscando una persona en Diario16, pero claro, es para las vacaciones de Navidad". Y yo le dije: "¿Cuándo tengo que ir?" Y ahí empezó todo esa misma tarde. Otro gran maestro para mí fue Justino Sinova. También aprendí mucho de Ignacio Amestoy en la época en que estuve en El Dominical. La verdad es que aprendías de todo, porque era una plantilla muy profesional.Periodismo en libertadAquellos años de periodismo fueron muy intensos. ¿Qué destacarías?Es que eran muy buenos y sobre todo había libertad.Publicidad¿Y qué referencia tienes de mujeres periodistas?Soy muy fan de Ángels Barceló, que lamento mucho que haya dejado la SER, pero imagino, y deseo, que en septiembre nos sorprenda con algún proyecto nuevo. Además, también tengo un pasado. Trabajé en Marie Claire, una revista femenina, pero a mí todos los nichos me parecían buenos porque mi única vocación es aprender y me estoy acordando ahora de la directora Ana Rosa Semprún, que era fantástica. Y otro referente para mí en la radio fue Blanca María Pol, y ambas coincidimos en la cumbre de Pekín. Seguro me dejo a muchas, pero Mamen del Cerro, en RNE, hizo un trabajo excelente.Has dedicado tu vida profesional, y en ello sigues, a la defensa de los derechos de las personas más vulnerables...Completamente. Si ahora echo la vista atrás, un momento crítico fue, como os comentaba, que en el año 95 lograra convencer a toda la cúpula de Diario16 de que me tenían que enviar a Pekín. Siempre sospecho que me enviaron por si no volvía (risas).Porque claro, en ese año 95, en un periódico progre, la igualdad de la mujer no era para nada un tema prioritario ni recurrente.Mandaban los hombres y feministas no eran. Ellos no lo entendían mucho, pero creo que como di tanto la lata, me dejaron ir.Hace unos meses, en Objetivo Igualdad de TVE se destacaba la presencia de Mayte Antona en aquella cumbre mundial.Sí, fue bonito recordar con otras compañeras ese momento. A veces estamos menospreciando a la ONU, pero el papel que hace como catalizador universal y creador de tendencias que tienen que seguir los estados es muy importante. Y aquella cumbre lo fue. Ahí empezaron muchas cosas. Aquel encuentro de Pekín sobre el tema de la mujer marcó un antes y un después. Fue algo simbólico y mucho más.¿Qué te marcó más de esa cumbre de mujeres del mundo?Fíjate, yo no solo fui a la cumbre, que es a lo que estaba acreditada, sino que me monté en un coche y me fui a uigures, un campamento en el que estaban las ONG. Les había caído agua de forma impresionante. Y allí me encontraba, con barro hasta las rodillas, viendo a mujeres tan diferentes a lo que conocíamos diciendo que había que hacer un cambio, que la igualdad debía dejar de ser un reto pendiente y que teníamos que afrontarlo. Vivimos también momentos de tensión, imaginaros las saharauis y las marroquíes, por ejemplo. Pero entonces, ellas y todas demostramos que las mujeres tenemos una capacidad de resolución de conflictos mucho más grande que la de los hombres.Las mujeres tenemos una capacidad de resolución de conflictos mucho más grande que la de los hombresY allí en Pekín, no había ordenadores...Nada es como ahora.Fue un trabajo ímprobo. Claro que no había ordenadores. Yo escribía las crónicas a boli y luego las pasaba por fax en horarios diferentes. Imagina a una pobre secretaria de Diario16 esperando la crónica.El próximo lunes presentas con el CERMI 'Mujeres en la APM' tu libro sobre "20 activistas por la discapacidad".Es que las mujeres con discapacidad es otro de los colectivos a los que había que dar voz desde el periodismo. Es algo de lo que me he ocupado en los últimos 22 años. Hay mujeres increíbles, como Marina, una mujer sordociega. Y cuando les he preguntado si son activistas todas coinciden en que tienen que serlo para reivindicar sus derechos y su espacio. Marina era una joven estudiante de Arqueología, se queda ciega y entonces decide ser filóloga. Hace inglés con un compañerismo total gracias a la solidaridad que encuentra en la universidad. Porque ella no tomaba apuntes, su medio de estudiar es el oído. Y con 40 años sufre otra enfermedad y se queda sorda. Marina, que tiene una sensibilidad y una cultura exquisita, sufre por no poder escuchar música. Así hasta que encuentra un mediador que le enseña a interpretar lo que otros oyen. De verdad que hablar con estas 20 mujeres para escribir el libro ha sido algo impresionante. Después de hablar con ella, te preguntas: "¿Y a mí me preocupa que hoy he perdido un metro y he llegado cinco minutos tarde?".PublicidadDespués de dar voz durante cuatro décadas a tantos que no la tenían, ¿qué personas o situaciones te han impresionado más?Hubo un hecho que a todas nos electrocutó, que fue el asesinato de Ana Orantes. El otro día en los Premios Público tuve ocasión de hablar con sus dos hijas. Aquello fue un antes y un después y gracias a ella se aprobó la Ley contra la Violencia de Género. Ahí, al fin, entendieron que el asesinato machista ya no era algo privado. Otro hito importante fue la ley de la discapacidad, que este 2026 cumple 20 años.En 2016 se aprobó en la ONU la Convención Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad. ¿Qué supuso ese paso?Que atender a las personas con discapacidad no era una cuestión de caridad, sino de derechos humanos, y que los estados deben de asumir la igualdad de oportunidades y la incorporación de este colectivo desde el parámetro de los derechos, no como en otras épocas que iban las marquesas a ver a los tullidos. En el libro algunas de las protagonistas recuerdan que hace décadas, pero no tanto tiempo como puede parecer, había niños y niñas con discapacidad a los que les tenían escondidos en los establos en algunas zonas rurales.Siempre dices que no es lo mismo ser un hombre con discapacidad que una mujer con discapacidad. Y llevas luchando por la igualdad toda tu vida. Y, entonces, a tu edad te llaman "Charo" como insulto.Pues mira, el fenómeno del insulto a las Charos a mujeres como tú y como yo está ahí. Pero defiendo lo que representamos estas "Charos", defiendo el charismo siempre que tengo ocasión. Estoy dispuesta hasta a hacer un movimiento con las mujeres a partir de los 50, que se han partido la cara por los derechos actuales. Pero esto que ocurre no es casual. Es fruto de una sociedad que apuesta por el edadismo y nos desprestigian un poco porque saben que somos muy luchadoras.PublicidadSerá difícil parar a mujeres como tú...Lo intentarán, pero yo voy a hablar de lo que conozco, de las empresas periodísticas. Los jóvenes son más fáciles de manejar, es más difícil controlar a alguien como yo, que casi he estado 40 años en la profesión y que puedo ser especialmente dura y crítica y muy incómoda. A estas alturas no me voy a callar. A veces he visto como señoros con 20 años menos que yo vienen a darme lecciones. Se atreven, a pesar de que cuando ellos nacieron yo estaba en la cumbre de Pekín.Más que un tema generacional, el insulto a las "Charos" está destinado a las mujeres maduras, progresistas y activistas. Tiene que ver también con la forma que ha encontrado la ultraderecha de intentar desprestigiarnos por la edad. Edadismo puro.Sí, eso también. Pero el charismo va a seguir adelante por mucho que pseudoperiodistas y algún partido de la derecha y la ultraderecha intenten darnos caña para acallar nuestra voz. Sobre todo los jóvenes de algunos partidos.¿Quién gana en la comparativa del periodismo que tú conociste y el actual?Lo que pienso no le suele gustar a la gente. Creo que el periodismo ha cambiado a raíz de las redes sociales. Ahora se comunica de una forma muy diferente, que tiene que ser algo instantáneo, muy rápido y muy escueto. Y en la prensa nos hemos dejado llevar y ha cambiado a partir de ese momento. El periodismo siempre ha tenido un metalenguaje, en un titular teníamos que condensar toda la idea. Pero ahora, tenemos que condensar mucho más. Pero yo en mi profesión nunca quise ser la primera, quise ser la mejor. Y para eso hay que controlar los temas, tener buenas fuentes y tener perspectiva de dónde venimos y, sobre todo, tener tiempo para contrastar. Porque si no lo haces, no puedes decir que tu noticia sea verdadera.En mi profesión nunca quise ser la primera, quise ser la mejorHay esperanza porque hay medios que, pese a todo esto, investigan y trabajan por la verdad. Claro, Público es un buen ejemplo. Además, las redes sociales también tienen cosas muy buenas, pero creo que en el periodismo nos subimos a esa ola porque no podíamos hacer otra cosa, pero hemos perdido mucho en el camino. La única manera de ser honesto es intentar ser equidistante, riguroso.PublicidadSiempre has sido crítica con los periodistas estrellas. Igual ahora pasa más que nunca.Yo pido a los periodistas humildad, que tampoco somos para tanto. En realidad somos mediadores de la sociedad.Pido a los periodistas humildad, que tampoco somos para tantoNunca has dejado de divertirte con este oficio, ¿verdad?Nunca. Cualquier tema, cualquier llamada ya me ponía en alerta, ya me interesaba. De repente, te llaman a la redacción para contarte algo importante o recibes un correo que te cuenta una historia increíble. A mí casi todas las historias me parecen fascinantes. Ni siendo redactora jefa he dejado de mantener el contacto con la gente. Si no sales a la calle estás muerta como periodista.Dar voz a quien no la tenía ha sido tu pasión en la profesión.Ahí he conocido a gente fascinante. Sé que es menos vendible que dedicarse al periodismo político, pero nunca fue mi elección. Mira, hace dos o tres años, por el Día del Síndrome Down, tuve la suerte de que una familia me dejara entrar en su casa. Estuve con los padres, con los hijos, con el niño que tenía el síndrome. De verdad, es que hubiera pagado por vivir ese momento, estar horas en esa casa, ver la relación entre los hermanos, las cosas que me contaba él y, sobre todo, la normalización de la educación de este chaval, porque es muy importante que esta llegue desde la escuela. Desde la educación no hay que hacer guetos. Bueno, pues no cambio ese momento por nada.De todo lo que te ha tocado vivir como periodista, ¿con qué te quedas?La cumbre de Pekín de 1995 fue muy importante. Otro fue un viaje a la India para conocer la labor de la Fundación Vicente Ferrer. Me impresionó conocer uno de sus hospitales. Allí había un sagrado corazón, una diosa de no sé qué cultura y otro símbolo para los enfermos musulmanes. Después, también me marcó mucho Tanzania, donde tuve ocasión también de ir a ver un proyecto de la vacuna contra la malaria. Allí vi los datos y me sorprendió que la mortalidad entre las mujeres era mucho mayor. Pregunté por qué. La respuesta fue clara: las mujeres se quedaban a cuidar a los enfermos, a los hijos, a los ancianos y solo acuden cuando ya no pueden más. Caminan tres días para llegar y cuando llegan al hospital es para morir, porque ya no se puede hacer nada por ellas.