OpiniónSentí que una parte de los sueños de Miguel seguían vivos. Que muchas de las causas por las que trabajó encontraban continuidad.24.06.2026 22:55 Actualizado: 24.06.2026 22:55 Querido Abelardo:Anoche, mientras Colombia celebraba y tú recibías la responsabilidad de conducir el destino del país, yo no podía dejar de pensar en Miguel, mi hermano.Pensaba en él porque, aunque la democracia siguió su curso, para nuestra familia estas elecciones tuvieron un vacío imposible de ignorar. Miguel se preparó toda la vida para servir a Colombia. Creció inspirado por el ejemplo de nuestros abuelos, Julio César Turbay y Nydia Quintero la dama de la Solidaridas, y por el legado de nuestra madre, Diana Turbay una mártir de la patria. Creía profundamente en este país y trabajó cada día con la convicción de que podía ayudar a construir una Colombia mejor.Por eso debo confesar que estos meses han sido especialmente difíciles. Todo me recuerda a él. Lo imagino recorriendo pueblos y ciudades, escuchando a la gente, defendiendo sus ideas con convicción, proponiendo soluciones, abrazando a quienes confiaban en él. Lo imagino como siempre fue: cercano, generoso, amoroso y profundamente comprometido con el servicio.Sin embargo, en medio de esa nostalgia, también siento tranquilidad. Tranquilidad porque Colombia escogió un rumbo. Porque la democracia habló y el país decidió. Desde que te conocí encontré en ti algo que siempre he admirado: una profunda pasión por Colombia, una visión de prosperidad y una capacidad genuina de conectar con las personas. Pero también porque he tenido el privilegio de conocer a tu esposa, a José Manuel Restrepo y a su familia que son mis amigos de vieja data, personas a quienes admiro profundamente y en quienes tengo una confianza absoluta.Anoche reafirmé algo poderoso: los sueños de quienes amamos no siempre mueren con ellos. A veces continúan viviendo en las causas que defendieron. En los valores que sembraron. En las personas que deciden tomar la posta y seguir adelante.Por eso agradezco cada vez que recordaste a Miguel durante la campaña. Agradezco tus palabras hacia él y hacia nuestra familia. Los homenajes son importantes, pero más importante aún es que las ideas, los principios y los sueños de quienes ya no están sigan encontrando espacio para florecer.Eso fue lo que sentí anoche. Que una parte de los sueños de Miguel seguían vivos. Que muchas de las causas por las que trabajó encontraban continuidad. Que, de alguna manera, tú decidiste cargar también una parte de esa responsabilidad, de ese legado de mi familia.Gobernar un país no es ganar una elección. Es honrar la confianza de millones de personas que depositan en un líder sus esperanzas, sus miedos y sus anhelos.Es entender que detrás de cada voto hay una historia. Una familia. Un sueño. Como lo recordabas anoche en tu discurso.Y quizás por eso hoy quiero escribirte no solo como hermana de Miguel, sino como ciudadana colombiana.Porque nuestro país necesita volver a creer. Necesita recuperar la seguridad, la confianza y las oportunidades para construir un futuro mejor para nuestros hijos.La semana pasada escuché la tesis de la Fiscalía según la cual Miguel habría sido asesinado por pensar diferente y por llevar el apellido Turbay.Todavía me cuesta escribir esa frase.Ningún colombiano debería ser asesinado por sus ideas. Ningún colombiano debería ser perseguido por su apellido. Ninguna familia debería atravesar un dolor semejante.Esa no es la Colombia que nos merecemos.Ninguna madre debería vivir con miedo por sus hijos. Ninguna familia debería sentir que los violentos tienen más poder que la gente buena. Ningún colombiano debería temer expresar sus ideas o participar en la vida pública por miedo a las consecuencias.Por eso la seguridad no es un tema más dentro de un programa de gobierno. Es la condición mínima para que exista la libertad. Es la garantía de que podamos pensar distinto, debatir distinto y votar distinto sin que eso nos cueste la vida.Necesitamos, sobre todo, entender que Colombia es mucho más grande que nuestras diferencias.Mientras escribo estas líneas, pienso también en algo que he aprendido del duelo. Hay ausencias que no se aprenden a entender. Solo se aprende a vivir con ellas.Miguel nos hace falta todos los días. En las conversaciones familiares. En los momentos importantes. En los silencios. En los planes que quedaron pendientes.Pero también está presente todos los días.Está en lo que nos enseñó. En el amor que sembró. En la huella que dejó.Por eso anoche, en medio de la celebración, tuve una certeza que me acompañó durante toda la noche: de alguna manera, Miguel también estaba celebrando desde el cielo.Porque cuando Colombia avanza, ganan también quienes dedicaron su vida a servirla. Que Dios te ilumine, te proteja y te dé la sabiduría necesaria para liderar este país. Todos los colombianos ahora debemos rodearte, apostarle a la patria Milagro.Que nunca olvidemos que el verdadero poder no consiste en llegar al gobierno, sino en dejar un legado que valga la pena recordar.Con afecto, admiración y esperanza,María Carolina Hoyos Turbay Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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