La casa de Juan del Campillo 878, en barrio Cofico, no estaba vacía. El expediente que lleva el fiscal Raúl Garzón lo establece con claridad: la noche del sábado 23 y madrugada del domingo 24 de mayo, mientras Claudio Barrelier perpetraba el abuso sexual y el femicidio de Agostina Vega en el sector delantero de la vivienda, al menos cuatro adultos tenían presencia comprobada en ese inmueble o en sus inmediaciones.

La instrucción los identifica, precisa sus movimientos y, en algunos casos, ya evalúa su responsabilidad penal. La pregunta que todavía busca respuesta completa es una sola: cómo pudo ocurrir todo eso sin que ninguno de ellos percibiera nada.

Caso Agostina Vega: el minuto a minuto del femicidio según el expediente judicial

La vivienda funcionaba como una suerte de conventillo con sectores diferenciados. Barrelier controlaba la parte delantera -garaje convertido en taller con una cama de una plaza, living comedor, depósito y baño-, un área que lograba aislar del resto cerrando con llave la puerta que comunicaba ese sector con el patio interior. Hacia el fondo del inmueble, a unos diez metros, vivían o pernoctaban otras personas.

Esa noche, en la cocina de ese sector trasero, cenaban Marianela Soledad Palmero junto a la hija que tiene en común con Barrelier, y Eugenia L. A.. A las 23.04 llegaron los hermanos Matías y Lucas C., inquilinos del imputado, a quienes Barrelier les indicó que tomaran un colchón del living, cerraran la puerta con llave y arrojaran la llave hacia el interior por el hueco de la abertura. Los hermanos obedecieron y se retiraron a la cocina del fondo sin, presuntamente, ver ni oír a Agostina, quien permanecía en el garaje.