El Tribunal Constitucional decidirá el viernes si existieron irregularidades suficientes para alterar el reparto de escaños en el Parlamento
Poco más de dos semanas después de las elecciones parlamentarias armenias, desde Moscú no llega más que silencio. En un gesto sin precedentes desde que Nikol Pashinián llegó al poder, en 2018, Vladímir Putin todavía no ha felicitado al dirigente armenio por su victoria electoral. Oficialmente, el Kremlin argumenta que espera a la publicación definitiva de los resultados. Extraoficialmente, el mensaje parece más evidente: Rusia observa con creciente incomodidad el progresivo acercamiento de Armenia a Occidente y el resultado de unas elecciones que, teme, consolidará esa orientación en los cinco próximos años.
La victoria de Contrato Civil, el partido de Pashinián, está, con todo, lejos de haber cerrado el debate político en Armenia. Siete formaciones que participaron en los comicios han impugnado los resultados ante el Tribunal Constitucional, que celebrará una vista el próximo 26 de junio para examinar las denuncias. Aunque la repetición completa de las elecciones parece improbable, la decisión del alto tribunal podría tener consecuencias políticas de gran alcance y alterar parcialmente la futura composición del Parlamento.






