Jude Bellingham quedó en el centro de la polémica durante Inglaterra-Ghana (Foto:Reuters/Peter Cziborra)Paraguay se jugó su futuro en el Mundial con un jugador menos durante todo un tiempo por la expulsión de Miguel Almirón en el estreno de la nueva reglamentación que sanciona a los futbolistas que se tapen la boca. Y luego de esa trascendental decisión que puso en riesgo la estadía paraguaya en la Copa del Mundo, la llamada “Ley Vinicius-Prestianni” ya desató toda una enorme polémica en el certamen por una teórica doble vara en el duelo entre Inglaterra y Ghana.Si bien la televisación oficial no mostró la escena, los fotógrafos de distintas agencias captaron a Jude Bellingham tapándose la boca para hablar con el capitán rival, Jordan Ayew, quien se mostró sorprendido durante el hecho. Sin embargo, hubo una diferencia inicial entre Ayew y el caso Almirón: el defensor turco Mert Muldur automáticamente reclamó que su rival se cubrió para decirle algo e impulsó el llamado del VAR. El qatarí Khamis Almarri, en la herramienta tecnológica, invitó al juez salvadoreño Iván Barton a chequear lo sucedido.PUBLICIDADEn el caso de Inglaterra-Ghana, ni la transmisión del partido mostró el hecho. El hondureño Said Martínez no reparó en el tema y el norteamericano Armando Villarreal tampoco lo convocó desde la cabina del VAR.El árbitro Said Martínez mostró una tarjeta amarilla por lado: Declan Rice (Inglaterra) e Iñaki Williams (Ghana) (Foto: Reuters/Brian Snyder)Lo cierto es que la Copa Mundial 2026 ha puesto bajo la lupa una conducta que durante años pasó inadvertida: los jugadores que se cubren la boca durante una confrontación. Sin embargo, no todas las acciones son iguales y el análisis de los casos de Jude Bellingham y Almirón permite comprender por qué una misma imagen puede generar debates sobre la uniformidad de los criterios arbitrales.PUBLICIDADLa nueva orientación reglamentaria busca proteger la transparencia y combatir conductas que puedan ocultar insultos, amenazas o expresiones discriminatorias. Por ello, cuando un futbolista se cubre la boca en medio de una confrontación con un adversario o con un oficial del partido, el árbitro es el único que está habilitado para considerar la acción como una conducta contraria al espíritu del juego. La clave no está únicamente en el gesto, sino en el contexto completo de la acción.El 28 de abril del 2026, IFAB y FIFA realizaron una reunión especial en Vancouver (Canadá) para incluir esta nueva reglamentación de cara al Mundial. En el comunicado, adelantaron que se había aprobado “por unanimidad la tarjeta roja para los jugadores que se tapen la boca para ocultar un comportamiento discriminatorio”. En el detalle, indicaron: “Jugadores que se tapan la boca en situaciones de enfrentamiento con los rivales. A discreción del organizador de la competición, cualquier jugador que se tape la boca en una situación de enfrentamiento con un rival podrá ser sancionado con una tarjeta roja”. Sin mayores especificaciones.PUBLICIDADEl presidente de la FIFA, Gianni Infantino, realizó un posteo celebrando esta decisión con el objetivo de “proteger la integridad de nuestro deporte y garantizar que el respeto mutuo siga rigiendo el fútbol en todos los niveles”. Y agregó: “Hemos acordado por unanimidad que, a discreción del organizador de la competición, cualquier jugador que se tape la boca en una situación de confrontación con un rival podrá ser sancionado con una tarjeta roja”.Sin embargo, fue el presidente del Comité de Árbitros de la FIFA, el italiano Pierluigi Collina, el que le agregó una capa más de interpretación al hecho durante una conferencia de prensa con los medios posterior al anuncio de esta medida: “Sólo se aplicará la tarjeta roja si se trata de un altercado. Si es un intercambio amistoso —por ejemplo, porque ambos jugadores suelen jugar en el mismo club, pero ahora se enfrentan representando a sus selecciones nacionales— no se tomará ninguna medida".PUBLICIDADEn el caso de Jude Bellingham, desde una perspectiva técnica, ante una situación de estas características, el procedimiento más sólido para garantizar transparencia y uniformidad hubiera sido que el VAR invitara al árbitro a una revisión de la acción. No necesariamente para determinar de manera automática una expulsión, sino para que el árbitro pudiera observar integralmente el contexto, valorar el significado del gesto y asignarle posteriormente la sanción disciplinaria que correspondiera.La fortaleza de una regla no se encuentra únicamente en su redacción, sino en la consistencia de su aplicación. Cuando una conducta ha sido identificada por el legislador como una acción potencialmente sancionable, resulta fundamental que todos los episodios similares reciban el mismo nivel de análisis y control.PUBLICIDADEn el caso de Almirón, la discusión es idéntica. La evaluación no debe centrarse exclusivamente en si el jugador se cubrió la boca, sino en determinar por qué lo hizo, en qué contexto ocurrió y cuál fue la interacción con los demás protagonistas. La sola imagen aislada nunca puede reemplazar el análisis integral de la jugada. La credibilidad del arbitraje se construye sobre la uniformidad de criterios.Si la intención de la norma es erradicar conductas que oculten expresiones incompatibles con el espíritu del juego, entonces cada situación que presente indicios similares debería ser revisada con el mismo rigor técnico. Solo así la regla dejará de ser una herramienta ocasional para transformarse en un instrumento confiable, previsible y aceptado por todos los actores del fútbol. PUBLICIDADEl verdadero desafío no es sancionar más, sino sancionar igual ante situaciones comparables. Allí reside la esencia de la justicia arbitral y la razón por la cual la intervención tecnológica debe estar al servicio de la coherencia y la credibilidad de las decisiones. Por ello, más allá de la decisión particular adoptada en cada caso, lo verdaderamente reprochable es la falta de uniformidad en la respuesta arbitral. Cuando el fútbol observa que ante conductas similares se producen consecuencias diferentes, no se cuestiona únicamente una decisión: se pone en duda la credibilidad, la transparencia y el espíritu mismo de la regla.PUBLICIDADMás allá de la decisión final, el tema abrió el debate en todo el mundo. Paraguay, que se jugaba su eliminación ante Turquía, ganó 1-0 ese partido con un futbolista menos durante todo el segundo tiempo y perderá a una de sus figuras para el trascendental choque de este jueves ante Australia que marcará su destino en la competencia.Del otro lado, ni los medios ingleses escaparon a la controversia que se generó por este tema. “Jude Bellingham se arriesga a recibir una tarjeta roja por un gesto debido a una polémica norma en el partido del Mundial que enfrenta a Inglaterra con Ghana”, afirmó The Sun. En su análisis del caso, el Daily Mail planteó: “Aunque la decisión de expulsar a un jugador por taparse la boca durante un ‘incidente conflictivo’ queda a criterio del árbitro, lo que está claro es que, inevitablemente, habrá una zona gris en cuanto a cómo se define esto, ya que es evidente que Ayew no le dio tanta importancia a la situación como lo hizo Muldur con Almirón“. La BBC advirtió sobre la diferencia de contextos entre el caso Almirón y el de Bellingham, pero reconoció: “Sin embargo, hay dudas sobre la fiabilidad de este cambio legislativo. Existe la posibilidad de que un jugador lo utilice para provocar la expulsión de un rival en una situación como esta”.PUBLICIDADTras la victoria 4-2 sobre Croacia, Inglaterra empató 0-0 con Ghana en un partido que tuvo a Bellingham llevándose el premio al MVP del juego. Si bien lidera el Grupo L con 4 unidades, su suerte se conocerá en la última fecha cuando enfrente a Panamá, ya eliminado.
La doble vara en el Mundial: por qué expulsaron a Almirón en Paraguay por taparse la boca, pero Bellingham no fue sancionado en Inglaterra
La figura del seleccionado sudamericano vio la roja en el estreno de la llamada “Ley Vinicius-Prestianni”, pero la acción del crack inglés siquiera fue revisada












