Hija de la gran dudaNo soporto la celotipia, pero me gusta la fidelidadActualizado Martes,
junio
23:03Audio generado con IAVi un clip del programa de testimonios de Jorge Javier V�zquez donde le preguntaba a un hombre que era pura enc�a, un hombre sin carnes y sin futuro, de esos que se hacen los interesantes en la barra del bar con el misterio del mal: ��Por qu� te marchaste de tu ciudad?�. Y el hombre con solemnidad, como si fuera una importante revelaci�n, respond�a: ��De verdad lo quieres saber? �Quieres que te cuente lo que sucedi�?�. �S��, insist�a el presentador. �Pues te lo voy a contar, te voy a contar la verdad: fue por la infeli... por la infeli... por la infeli...�. Hasta cuatro veces trat� de decir �infidelidad� sin �xito.A la infidelidad le sucede un poco lo mismo: cuesta pronunciarla, y parece provenir de la infelicidad. Genera expectaci�n, se vive como algo extraordinario y, al final, resulta m�s bien rid�cula. Me pareci� que aquel hombre resum�a de maravilla el asunto.La escritora argentina Camila Sosa dijo una vez que odiaba el poliamor porque le hab�a arrebatado el misterio y la excitaci�n a la infidelidad. La vieja infidelidad ten�a una materialidad literaria: cartas, perfume, carm�n en la ropa, llamadas intempestivas. Hoy basta una pantalla iluminada a medianoche, una reacci�n a una historia de Instagram.Por supuesto, yo he sido infiel, t� has sido infiel, a m� me han sido infiel, y tengo la sensaci�n de que todos nos hemos aburrido un poco de la infidelidad. Tal vez proyecto mi propia experiencia, pero me parece que la infidelidad ha perdido el encanto, que ha pasado de moda en este tiempo cada vez m�s asexuado, con parejas que se abren y heridas que nunca se cierran. Ya no le encuentro sentido a todo eso que implicaba la infidelidad: unas vacaciones en otra mirada, ver la propia vida proyectada en una pantalla, guardar un segundo reloj escondido en el armario, buscar en otro cuerpo donde poder empezar de nuevo, sentir nostalgia de esos que pudimos ser. Tal vez porque escribo -ahora caigo en que escribir se parece terriblemente a ser infiel-. Puede que solo sea que me hago mayor.Hace poco, a mi hijo, que tiene 20 a�os, una compa�era de clase le hizo un regalo del amigo invisible, unos calzoncillos con un lema provocador. La novia de mi hijo me contaba, esperando mi aprobaci�n, que los hab�a roto con sus propias manos mientras yo la escuchaba horrorizada. �Imag�nate que a m� un compa�ero de clase me regala un tanga�, dijo para reforzar su argumento. Y la voz de mi hijo reson� desde atr�s: �Lo mato�.Me produjeron una ternura tan t�xica. No soporto la celotipia, pero me gusta la fidelidad.Ana�s Nin estuvo casada con dos hombres a la vez; viajaba de una vida a otra como quien cambia de novela. Dec�a que una sola relaci�n no bastaba para expresar todas las facetas de una personalidad compleja: hac�a falta un amante para cada versi�n de s� misma.A m� me ocurre lo contrario. En este mundo fragmentario, me gusta que alguien conserve todas mis versiones y yo conservar las suyas. Saber que en cada uno de nosotros hay una sala llena de gente, y tratar de conocerlos a todos: al que fue, al que quiso ser, al que todav�a no sabe que ser�.














