Por una de esas felices coincidencias celebramos en estas fechas el 40 aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges (14 junio 1986) y la publicaci�n de la Enc�clica "Magnifica Humanitas" del Papa Le�n XIV (15 mayo 2026). �Qu� pueden tener en com�n un escritor argentino m�s bien incr�dulo y el Sumo Pont�fice de la iglesia Cat�lica?Tanto Borges como Le�n XIV evocan el mito b�blico de la construcci�n de la Torre de Babel en relaci�n con la Inteligencia Artificial: el primero, al perpetrar un relato fant�stico que anticipa en 80 a�os alguna de las peculiaridades de la IA; el segundo para dilucidar en su primera Carta solemne acerca de sus virtudes, desaf�os y riesgos.En "La Biblioteca de Babel", cuento escrito en 1941, Borges describe una Biblioteca "total", compuesta por un n�mero "indefinido y tal vez infinito" de galer�as hexagonales, cuyos anaqueles "registran todas las posibles combinaciones" de las letras del alfabeto y los otros s�mbolos ortogr�ficos, esto es, "todo lo que es dable expresar en todos los idiomas".Cuando se proclama que la Biblioteca abarca todos los libros, la primera impresi�n de la poblaci�n es de "extravagante felicidad'". Dice Borges: "Todos los hombres se sintieron se�ores de un tesoro intacto y secreto". Y a�ade: "No hab�a problema personal ni mundial cuya elocuente soluci�n no existiera en alg�n hex�gono... Tambi�n se esper� entonces la aclaraci�n de los misterios b�sicos de la humanidad". �No resultan familiares estas descripciones al universo de la IA?Sin embargo, las expectativas creadas no fueron satisfechas. Los "peregrinos" que trataban de acceder a la biblioteca en busca de alg�n man� se perd�an entre un "laberinto de letras", "leguas de insensatas cacofon�as", "f�rragos verbales", "libros impenetrables de lenguas incomprensibles", "indescifrables", "criptogr�ficas".El resultado no pod�a ser otro que este: "A la desaforada esperanza sucedi� como es natural una depresi�n excesiva". Y a modo de desenlace, el narrador confiesa: "Sospecho que la especie humana, la �nica, est� por extinguirse y que la Biblioteca perdurar� solitaria infinita perfectamente inm�vil in�til secreta".En "Magnifica Humanitas" el Santo Padre a fin de discernir c�mo se puede vivir con responsabilidad en la era de la IA, rescata el relato del Libro del G�nesis sobre Babel: los hombres deciden construir una torre cuya c�spide llegue hasta el cielo, una empresa imponente: "Una sola lengua, una sola tecnolog�a, una sola direcci�n". Le�n XIV advierte que es una obra "concebida con enga�o". No ya porque ignora a Dios, sino porque se sustenta "en la uniformidad", pretende "eliminar la diversidad" y elige la "homogeneizaci�n".Las consecuencias son claras: "Cuando la ciudad se construye con orgullo y la aspiraci�n de bastarse a s� misma, la comunicaci�n se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden".Le�n XIV traslada entonces la imagen de Babel al entorno digital, para salir al paso, desde la doctrina social de la Iglesia de Roma, de "la divinizaci�n tecnol�gica". El Papa reconoce la importancia del progreso de la t�cnica para mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Pero denuncia que "el poder tecnol�gico", el "motor de la innovaci�n", presenta hoy un "rostro privado" antes que p�blico, para advertir con singular lucidez:"Hoy, entre los bienes que est�n destinados universalmente a todos, debemos incluir tambi�n las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnol�gicas, datos. En un contexto donde la riqueza de las naciones depende cada vez m�s de conocimientos y tecnolog�as, cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la revoluci�n digital y quienes permanecen al margen (67)".Le�n XIV reclama instrumentos normativos para salvaguardar "la justicia, la dignidad de la persona y el bien com�n", as� como para contener "los efectos distorsionadores del poder tecnol�gico". Y apela en este punto a "las ra�ces espirituales y culturales de las transformaciones".Tengo para m�, bajo el paraguas de Borges y del Papa Le�n XIV, que todo proyecto que tiende a lo absoluto, y la IA no escapa a esa aspiraci�n, sino que la enfatiza, acaba por chocar absolutamente con la dimensi�n tan insignificante como grandiosa del ser humano.Si alguien interpreta estas l�neas como ejemplo de una resistencia ingenua e ignorante a la realidad inexorable de la IA, hago m�o este ruego de Borges a los dioses a fin de que alguien fuese capaz de encontrar en la biblioteca el libro ansiado: "Si el honor y la sabidur�a y la felicidad no son para m�, que sean para otros; que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno; que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante en un ser tu enorme biblioteca se justifique".Entonemos pues una t�mida plegaria para que la IA, sin suplantaciones ni sacralizaciones, sin falsas ilusiones, encuentre su plena justificaci�n, su lugar entre los valores de justicia y dignidad consustanciales a la persona humana, y su adecuado cerco normativo.Antonio Cast�n, socio honorario de Elzaburu