Citas de hasta siete minutos en mesas enfrentadas. Suena la alarma y llega el momento de rotar. Así, hasta completar la ronda. Al final de la noche, anotás con quién -o quiénes- sentiste más conexión. Y luego, si el interés es mutuo, hay match. Así funciona el speed dating o las citas rápidas, una tendencia que crece para conocer gente cara a cara y busca dejar de lado las aplicaciones para volver a lo analógico.El creador de esta dinámica fue el rabino Yaacov Deyo, quien, en 1998 en Los Ángeles, Estados Unidos, organizó el primer evento en una cafetería de Beverly Hills para ayudar a jóvenes solteros de la comunidad judía a conocerse y formar pareja de una manera rápida y entretenida.En los últimos años, este formato llegó a la Argentina y hoy se convirtió en una opción para conocer gente. "Creemos que el surgimiento tiene mucho que ver con la decadencia de todas las aplicaciones de citas", señala Julián Mizrahi, dueño de la cadena de bares Jobs, que organiza eventos de speed dating en la Ciudad. El desgaste en el sector es real: según datos de la plataforma global Business of Apps, solamente Tinder registró 700 mil usuarios menos en el último año. En ese contexto, aparecieron otras propuestas para socializar en bares como For the plot, Gente equis o BelenCita.Speed dating: cómo funcionan las citas rápidasAunque la lógica es similar en todos los casos, cada organizador le imprime su propio formato. Hay encuentros segmentados por edades (con grupos que van desde los 25 hasta los 70 años) y también por orientación sexual. A eso se suman propuestas que incorporan juegos y preguntas rompehielos, o que combinan las citas rápidas con fiestas y actividades grupales para hacer nuevos amigos.En Jobs, la cadena que también incorporó el fono bar en una de sus sucursales, la idea surgió a partir de un pedido recurrente de los propios clientes. "Vemos que es un espacio donde la gente viene a encontrarse cara a cara y había mucho pedido de hacer actividades presenciales para conocer gente", cuenta Julián a Clarín. La primera edición fue un éxito de convocatoria y, desde entonces, ya realizaron más de 35 encuentros.Eventeando, en cambio, nació de una experiencia personal. Su fundadora, Hillary, trabajaba de forma remota y sintió la necesidad de volver a la presencialidad. "Ya en un punto era agotador tener que usar la pantalla para trabajar y además también para salir a tener un momento de ocio", recuerda.A partir de esa búsqueda empezó a organizar actividades para crear comunidad y conocer gente nueva. Sus eventos (llamados Tinder Nights) se hacen también en Córdoba y Mendoza y reúnen a 11 hombres y 11 mujeres divididos por rangos etarios. “Cada uno anota las personas que conoció y si quiere seguir en contacto o no. Al día siguiente, revisamos si hubo match y nos comunicamos para que arreglen una segunda cita”.La propuesta de Somos Gancho, en Villa Crespo, también surgió casi por casualidad. "Vimos un video en Instagram y dijimos: 'Che, esto hay que hacerlo sí o sí'", cuenta Brico, uno de sus organizadores. Lo que comenzó como una idea para su cafetería terminó convirtiéndose en una serie de eventos bajo el lema "Ya Fue Tinder".Además de las clásicas rondas de speed dating, el espacio organiza fiestas para conocer gente, con música en vivo y códigos de colores que permiten identificar qué tipo de vínculo busca cada participante. "Queremos que se conozcan a la vieja usanza. Tal vez no terminen siendo pareja, pero funcionen de alguna manera".La vuelta al cara a caraMás allá de las diferencias entre cada propuesta, los organizadores coinciden en un punto: el cansancio frente a las aplicaciones de citas es uno de los principales motivos detrás del fenómeno."La gente no quiere usar Tinder, no quiere usar nada. Lo dicen ellos mismos en los eventos. Están cansados de eso, piensan que es como un álbum de figuritas y la sensación que hay es que es muy frío", sostiene el dueño de Jobs.Desde Eventeando observan algo parecido: "Existe el cansancio de chatear y estar pegados a la pantalla por un mes para poder concretar un solo encuentro". Y agrega: "También pasa que podés encontrarte con alguien y después no es la persona que parecía ser en fotos". Esa percepción también aparece entre quienes participan de estos encuentros. Manuel, de 32 años, probó el sistema de speed dating hace unas semanas para acompañar a un amigo. "No tenía expectativas. Pensé que iba a haber gente rara o desesperada por buscar a alguien, pero realmente no es así. Si no conectás con alguien no pasa nada, total son charlas cortas", cuenta a Clarín.Para él, la experiencia terminó siendo mejor de lo que esperaba: "Hice match con una chica, pegamos buena onda. Después hablamos. Todavía no organizamos una segunda cita, pero seguramente surja dentro de poco". Brico, de Somos Gancho, lo resume de una manera simple: "Volver a encontrarse cara a cara con gente, dejar el teléfono y hablar, es mucho más productivo y la gente lo nota y lo disfruta".Manuel coincide, y asegura que el auge de estos encuentros no es casual. "Es verdad que está volviendo la presencialidad porque las aplicaciones ya saturaron. De mi grupo de amigos ya casi nadie tiene. Me gusta que vuelva el cara a cara".