No nos enga�emos, los creadores de contenido —a muchos no les gusta lo de llamarles influencers— ya no son un fen�meno sociocultural, son una realidad bien asentada que forma parte de los nuevos tiempos. Levantas una piedra y te salen decenas, pero solo unos pocos consiguen hacerse un nombre, un hueco y vivir realmente de ello. En El Hormiguero son conscientes de que est�n ah� y de que hay que darles su lugar en el programa. Y es por ello que de vez en cuando surge alguna entrevista con la que Pablo Motos busca presentarles a un p�blico que en realidad pasa ol�mpicamente de todos ellos, pero que s� sabe qui�nes son o, al menos, la �ltima pol�mica en la que se han visto envueltos.Por El Hormiguero han pasado las Pombo, Lola Lolita (que tuvo hasta su secci�n en el programa), Marta D�az, Cecarmy, TheGrefg, el mecenas de todos ellos, Ibai Llanos... Y aunque no son los programas que m�s audiencia suelen hacer, s� son los que atraen las nuevas narrativas y los nuevos canales en los que millones de j�venes consumen sus contenidos como si fuera una droga de la que no pueden desengancharse. Anoche le toc� a Roro, que no parece Roro o no parece aquella influencer apocada, chiquitilla, que se meti� en m�s de un charco por representar a la mujer sumisa y complaciente que vive por y para su pareja, Pablo.Aquello le trajo m�s de un disgusto y de dos. De hecho, la fama a Roro le lleg� por pura casualidad, por un plato de rag� de pato con pasta y por reducir en un minuto y medio o dos (la duraci�n de un v�deo en TikTok) algunas gestas inimaginables para una generaci�n a la que vemos como la generaci�n del "todo ya".Hay invitados que van a El Hormiguero a promocionar una pel�cula, un disco o una serie. Y luego est�n aquellos cuya mera presencia constituye el acontecimiento. Roc�o L�pez, Roro para millones de seguidores, pertenec�a anoche a la segunda categor�a. No acudi� al programa de Pablo Motos para explicar qui�n es. Acudi� para que la televisi�n tradicional validara definitivamente un fen�meno que ya ha ganado la batalla en internet.La entrevista tuvo algo de ceremonia de consagraci�n, de arte de seducci�n, de sometimiento. La creadora de contenido que se hizo viral preguntando a su novio qu� quer�a comer y respondiendo con un rag� de pato elaborado durante ocho horas apareci� como una especie de superhero�na dom�stica del siglo XXI: cocina desde cero, habla varios idiomas, entrena para boxear, ha convivido con monjes shaolin, se ha construido un ring en casa, quiere aprender fontaner�a y electricidad y sue�a con subir el Everest.Ocho horas tard� en hacer ese rag�. Cualquiera en ocho horas se ha visto una temporada entera de una serie, se ha arrepentido de sus decisiones vitales y ha pedido tres veces al repartidor. Ella te levanta un imperio culinario. Y claro, verla sentada frente a las hormigas (o gusanos, como les llam� por error) es asistir al triunfo definitivo de la cultura del Do It Yourself llevado al extremo m�s delirante y, admit�moslo, fascinante. El valor de "hazlo t� mismo" y del esfuerzo que a Pablo Motos le fascina y que fue la perfecta arma de seducci�n de Roro.La t�cnica es impecable. Ella lo hace todo tarde lo que tarde y le cueste lo que le cueste y, encima, lo combina con esa cara de ni�a buena, esa voz de mu�eca de porcelana, esa mirada constante a la c�mara, ese pelo perfecto para no saber qu� hacer con las manos en televisi�n, que lleva a que muchos caigan rendidos o rendidas a sus pies, mientras que a otros les parece un trampantojo casposo adaptado a los nuevos canales de comunicaci�n.Roro apareci� en pantalla con esa aureola de "ni�a buena que no ha roto un plato", esa misma que hace que sus fans la traten como a una mu�eca y que, seg�n confes� entre risas, la levantaran en brazos por la calle cuando pesaba 10 kilos menos. Pero cuidado, que detr�s de esa apariencia de fragilidad de porcelana se esconde una aut�ntica Terminator del costumbrismo m�s radical.Pablo Motos intent� indagar en el misterio: "�Y c�mo es eso de que haces las cosas desde el inicio?". Y ella, con una calma que a m� me genera una envidia que roza lo insano, solt� su speech: "Para m� es como una terapia, mi momento de paz... �Por qu� comprar algo hecho cuando lo puedes hacer t� mismo en casa?". Escuchar esto mientras te comes un precocinado es recibir una bofetada de realidad de las que escuecen.Esta chica habla tres idiomas (alem�n, ingl�s y espa�ol, y adem�s est� con el chino, porque por qu� no), y lleva "independizada culinariamente" de sus padres desde los 12 a�os. Mientras el resto de los mortales a esa edad intent�bamos no quemar la cocina haciendo un Cola Cao, Roro ya se autoabastec�a a base de croquetas y pizzas caseras.La cuesti�n no es si todo eso es verdad. La cuesti�n es que, contado de seguido, parece el curr�culum de tres personas distintas.Y ah� reside precisamente el secreto del personaje. Roro no vende recetas. Tampoco vende bricolaje o deporte. Vende una idea. La idea de que siempre se puede hacer m�s. M�s dif�cil. M�s artesanal. M�s extremo. M�s admirable.Por eso result� llamativo que la conversaci�n apenas se desviara de la fascinaci�n. Pablo Motos ejerci� m�s de espectador privilegiado que de entrevistador inc�modo (pocas veces ir a El Hormiguero es inc�modo). Cada nueva revelaci�n elevaba un poco m�s la narrativa de la invitada. �Que aprendi� a cocinar siendo una ni�a? Admiraci�n. �Que se fabric� un cuadril�tero? Admiraci�n. �Que quiere reformar su casa ella misma? Admiraci�n. �Que ahora piensa en el Everest? Admiraci�n.Y, sin embargo, hab�a preguntas interesantes esperando en la puerta.�Por qu� conecta tanto una creadora que convierte cualquier tarea cotidiana en una peque�a epopeya? �Qu� dice de nosotros que millones de personas consuman con entusiasmo v�deos donde todo requiere m�s tiempo, m�s esfuerzo y m�s dedicaci�n de la estrictamente necesaria? �Estamos ante una reivindicaci�n de los procesos o ante una nueva versi�n de la hiperproductividad disfrazada de entretenimiento?La entrevista prefiri� no entrar ah�.No es un reproche exclusivo a El Hormiguero. La televisi�n lleva tiempo observando a los creadores digitales con la mezcla de curiosidad y respeto que antes reservaba para las estrellas de cine. Sabe que llegan con una comunidad propia y que discutir el fen�meno resulta mucho m�s arriesgado que celebrarlo.Como era de esperar en este bendito pa�s donde tener personalidad propia y hacer las cosas de manera diferente cotiza a la baja, el �xito de Roro no vino solo; trajo consigo esa jaur�a digital sedienta de sangre a la que tanto le molesta que alguien brille.Motos, perro viejo en esto de ser la diana de los dardos tuiteros, abord� el espinoso tema del odio en las redes. "Al principio lo llev� mal, me cre�a la becaria de las creadoras de contenido", confes� Roro, explicando c�mo el aluvi�n de hate la oblig� a aplicar la mejor filosof�a de supervivencia moderna: no mirar absolutamente nada. "La gente ignorante es la m�s feliz", sentenci� la invitada. A su lado, un emp�tico Pablo Motos asent�a con la cabeza del que se sabe de memoria el manual de resistencia; �l tampoco mira ya las pantallas. Y es que, como bien recordaron anoche, en el coliseo de internet "las palizas se reparten" de forma muy democr�tica: "hoy te toca a ti, ma�ana a otro", y la rueda del linchamiento sigue girando mientras los linchados se dedican a vivir. "Siempre he pensado que es gente que tiene mucho tiempo libre y no tiene otra cosa que hacer", concluy� la creadora de contenido.Pero el gran momento de la noche, el que nos dej� a todos con la mand�bula en el suelo y confirmando que esta muchacha juega en otra liga mental, lleg� cuando empez� a hablar de su preparaci�n para La Velada del A�o de Ibai Llanos. Atentos al curr�culum: se rompi� un pie dos veces el a�o pasado y, para solucionarlo, �qu� hace? �Ir al fisioterapeuta? No. Se va a un monasterio con los monjes shaolin.La estampa que relat� es pura televisi�n: despertarse a las 4:30 de la ma�ana, entrenar hasta reventar y alimentarse de una comida "horrible, sin sal y muy picante". Cualquiera habr�a vuelto llorando a los tres d�as pidiendo clemencia, pero Roro ha vuelto encantada porque ahora valora que en Espa�a su entrenador "le trata bien". Y por si el viaje m�stico-marcial fuera poco, cuando Motos le pregunt� por el ring de boxeo que tiene en casa, la creadora de contenido solt� la bomba definitiva: "Me lo he construido yo. Estuve soldando y dando martillazos en el taller".Por supuesto que s�. �Para qu� vas a comprar un ring de boxeo en Amazon si puedes coger un soplete, ponerte una m�scara de soldador y fabric�rtelo t� misma en el garaje de tu casa entre v�deo y v�deo?A estas alturas de la entrevista, el espectador ya no sab�a si estaba viendo a una influencer de �xito o a un personaje de Marvel en su fase de origen. Roro ahora est� aprendiendo fontaner�a y electricidad para reformarse la casa ella sola porque quiere decirle a su futura hija: "Todo esto lo he hecho yo". Y de postre, avisa que su pr�ximo objetivo a largo plazo es subir el Everest. Supongo que subir� descalza, cargando ella misma el campamento base y teji�ndose el abrigo con lana de una oveja que habr� esquilado previamente por el camino.Por eso la sensaci�n final fue que Roro no sali� del programa m�s explicada, pero s� m�s consolidada. Lleg� como influencer viral y se march� convertida en personaje televisivo. Que probablemente era el verdadero objetivo de la noche.Porque anoche Pablo Motos no entrevist� a Roro. Lo que hizo fue algo mucho m�s importante para cualquier figura nacida en internet: certificar que estos forman parte del establishment medi�tico.
Roro y el arte de seducir a Pablo Motos
No nos enga�emos, los creadores de contenido —a muchos no les gusta lo de llamarles influencers— ya no son un fen�meno sociocultural, son una realidad bien asentada que forma...












