Meta humanosA veces pensamos que nuestros actos son demasiado pequeños para hacer una diferencia.
Participar en la limpieza del río Las Vacas fue una experiencia que me marcó más de lo que esperaba. Debo admitir que, cuando vi la convocatoria, dudé mucho en asistir. Entre las ocupaciones diarias y la comodidad de la rutina, siempre es fácil pensar que alguien más lo hará. Hoy entiendo que esa misma forma de pensar es parte del problema.
Al llegar, me encontré con una realidad difícil de procesar. Ver toneladas de basura acumuladas en el río, observar cómo esta atraviesa comunidades enteras y conocer el impacto que genera en el ambiente y en la vida de miles de personas fue profundamente confrontador. El río Las Vacas transporta una enorme cantidad de desechos que terminan contaminando otros cuerpos de agua y eventualmente llegan al mar Caribe. Sin embargo, lo que más me impactó no fue la basura, sino las personas. Ver las condiciones en las que viven muchos guatemaltecos me obligó a cuestionar mis privilegios y a reconocer la distancia que existe entre las realidades en que convivimos dentro de un mismo país.
Mientras recogía desechos, entendí algo incómodo: yo también formo parte de esta historia. Aunque nunca haya tirado basura en ese río, mis hábitos de consumo, las decisiones que tomo cada día y las veces que he permanecido indiferente me conectan con el problema. Fue un recordatorio de que la contaminación no comienza en los ríos, sino mucho antes, en nuestras casas, nuestras empresas y nuestras decisiones cotidianas.












