Mahmoud Al-Haj Moussa cultiva tomates, calabacines, pimientos, berenjenas y pepinos en sus tierras de Ras el-Ain, en el sur del Líbano, pero solo cuando la guerra se lo permite. Desde que estalló la guerra entre Israel y Hezbolá en octubre de 2023, el país ha visto cómo la violencia golpeaba todos los ámbitos de la vida, desde la política hasta la economía. Y pocos sectores han sufrido tanto como la agricultura. La relación de los libaneses con la tierra es casi existencial. El cultivo forma parte de la identidad cultural y económica del país y ha sido durante generaciones el sustento que ha permitido a las comunidades permanecer en sus aldeas y construir su vida alrededor del campo. Pero incluso antes de ser evacuado de nuevo por una orden durante la pasada primavera, Al-Haj Moussa apenas podía trabajar con normalidad. "Llegamos a un punto en que teníamos que bajar cuerpo a tierra algunas mañanas debido a los ataques. Algunas veces, teníamos que huir nada más llegar", relata a El Confidencial. El 30 de abril, el Ejército israelí volvió a incluir Ras el-Ain en las órdenes de evacuación, obligando una vez más a sus habitantes a abandonar sus hogares y sus cultivos. Ras al-Ain es un pueblo en el sur del Líbano que queda por debajo del río Litani, a tan solo 30 minutos en coche de la frontera con Israel y a 10 minutos en coche al sur de Tiro. A finales de mayo, Israel bombardeó Tiro, una de las ciudades habitadas más antiguas de la humanidad (de más de 4.000 años de historia) y extendió las órdenes de evacuación hasta el río Zahrani, 15 km más al norte del río Litani. La referencia al río Litani es clave porque durante estos años ha supuesto la línea de demarcación hasta donde las tropas israelíes podían avanzar, según el Gobierno israelí. Figuras como el ministro de Defensa israelí, Bezalel Smotrich, han afirmado que este río debería ser la frontera natural entre ambos países. TE PUEDE INTERESAR Ahora, la situación del Líbano es muy incierta. A pesar de la firma del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya declaró que su ejército no se va a retirar del sur del país. La guerra, de hecho, no ha parado ni un solo día en el país a pesar de los sucesivos "altos el fuego" pactados desde el 7 de abril. Al-Haj Moussa afirma haber perdido tres temporadas de cultivo debido a que no ha podido cuidar sus tierras por culpa de la guerra que el 2 de marzo se reactivó en Líbano. Pero en realidad la guerra nunca ha parado del todo, ya que —a pesar del alto el fuego— los ataques han vuelto a sucederse, incluso durante las etapas de tregua. "La agricultura requiere cuidados, como el riego y el control de plagas. Como no pudimos cuidar las tierras, estas se echaron a perder", cuenta resignado a El Confidencial. Zahra Ali Saleh también tiene tierras en Ras el Ain. Al igual que Moussa, la primera vez fue evacuada a finales de septiembre de 2024. Sus cultivos de verduras y legumbres han sufrido daños por los misiles israelíes y los combates que han tenido lugar en la zona. "Las pérdidas han sido enormes; hemos perdido tres temporadas, nuestro sustento. Más de 10.000 dólares. Además, me he quedado sin casa, que era nuestro refugio", cuenta con amargura. TE PUEDE INTERESAR Mo Fayyad, beirutí de 47 años, ríe con amargura cuando El Confidencial le pregunta sobre las tierras de cultivo que posee en Ansar, también en el sur de Líbano. En ellas tiene alrededor de unos 8.000 árboles divididos entre aguacates, limones y demás cítricos. "Hasta ahora, mis tierras se habían salvado durante los últimos 50 años, pero en 2024 las cosas cambiaron". En septiembre de ese año, los paneles solares de su finca fueron destrozados por un misil. La vivienda, que se encuentra a 5 kilómetros de la plantación, también sufrió daños por un misil el año pasado, durante el alto el fuego. Ansar se encuentra en la gobernación de Nabatieh y muy al norte del río Litani, por lo que en las guerras anteriores a 2024 se había salvado de las órdenes de evacuación. Sin embargo, este año las evacuaciones fueron masivas e incluyeron su pueblo. A los daños materiales sufridos por la caída de misiles, hay que sumarle el problema de la falta de trabajadores: debido a las órdenes de evacuación, la localidad está totalmente vacía. Según el Ministerio de Agricultura, sólo el 22,1% de los agricultores del sur del país han permanecido en sus tierras. "Mi localidad nunca se ha considerado peligrosa porque está al norte del Litani, pero las órdenes de evacuación han sido muy serias este año", cuenta. Es por esto que ha tenido muchos problemas para recolectar la fruta, ya que no hay trabajadores. Solo algunos "aventureros de origen sirio", como los describe Fayyad, se han atrevido a trabajar en zonas bajo órdenes de evacuación. Solo los refugiados sirios están lo suficientemente desesperados como para ofrecerse a trabajar en estas circunstancias", explica. De hecho, un misil se cobró la vida de varios trabajadores sirios que se encontraban trabajando en campos del distrito de Tiro, en el sur profundo del país y debajo del río Litani, el 13 de abril, según la agencia ANHA. Estos trabajadores informales le contactaron y se ofrecieron a recoger la cosecha en el mes de mayo. Eso sí, "ofreciendo un 75% menos de lo que normalmente podría ganar, pero es eso o nada. La fruta se iba a echar a perder igualmente". Explica que sus ingresos en estas fechas rondarían los 50.000 dólares, pero que esta vez solo recibió 15.000. Un desastre medioambiental Las cifras que nos comparte Nizar Hari, ministro de agricultura libanés, son demoledoras: el conflicto actual ha afectado al 22,5% de las tierras de cultivo del Líbano. Además, el 80% de las tierras agrícolas de pequeños terratenientes están bajo órdenes de evacuación, por lo que estos son los más afectados. Tras más de tres meses de conflicto activo, las áreas de cultivo de por lo menos 64 localidades del sur del Líbano han sido bombardeadas. Esto es alrededor de 4.265 hectáreas y más de 1.600 granjas. Entre los cultivos más afectados están el plátano (cuyos árboles forman parte fundamental del paisaje costero del sur del país) con un 95% de los cultivos echados a perder, junto con el 97% de la producción de cítricos y el 91% de la producción de olivas del país. La producción de aceite también se ha visto afectada, aunque Hani asegure que, tras conocer que Israel ha lanzado fósforo blanco y glifosato (sustancias químicas herbicidas) sobre los campos, el gobierno ha establecido test y controles de calidad que han dictaminado que el aceite de oliva proveniente del sur es apto para consumo. La situación actual, "controlada" Según Hani, la situación actual está más o menos controlada, ya que desde el país del cedro han podido suplir la carestía de alimentos importando productos desde los países vecinos como Siria, Jordania o Egipto. Durante el primer shock inicial, hubo una subida drástica de los precios generalizada debido al aumento del precio del crudo tras el cierre del estrecho de Ormuz. También llegó a haber carestía de alimentos en los mercados, especialmente en el sur del país. Sin embargo, y a pesar de la firma del acuerdo de paz, los agricultores desconocen lo que les deparará el futuro. Para aquellos que se han quedado pese a la guerra, la siembra ha terminado y es tiempo de labranza. Sin embargo, solo aquellos que lo puedan pagar podrán volver a sembrar. "Queremos luchar y mantener nuestro sustento, pero al final del día todos pensamos en nuestra seguridad y en la de nuestros hijos. Pero esta es la vida de los agricultores en el sur. Espero que en algún momento reine la paz y la seguridad de nuevo y podamos salir adelante", concluye con resignación Al-Haj Moussa.
Lo que la bomba israelí robó a Ras el-Ain: "Es todo nuestro sustento"
A pesar de la firma del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya declaró que su ejército no se va a retirar del sur del país















