Durante años las discusiones sobre el Bono Cultural Joven giraron alrededor de si los jóvenes gastaban el dinero mal, en videojuegos y conciertos; si era una medida electoralista, si fomentaba realmente el acceso a la cultura o subvencionaba consumos que ya se habrían producido. A menudo asomaba la envidia, esa serpiente rastrera que repite en nuestros oídos ¿Y por qué ellos sí y tú no?Tras diversas modificaciones, el bono permite destinar parte de esos 400 euros a formación artística, a instrumentos musicales y a materiales creativos, lo que introduce una diferencia de enfoque considerable. Hasta ahora, el joven era tratado fundamentalmente como consumidor cultural (por cierto, consumidor masivo de contenido poco diverso; el 70% del importe del bono se lo repartían, muy gustosamente, quince empresas). Ahora se le reconoce también la posibilidad de una vocación artística, y se le da una mínima, casi avara, ayuda para ello.España mantiene una relación extraña con las vocaciones creativas, no tanto por falta de sensibilidad cultural como por una cuestión de supervivencia. Cuando el dinero escasea se prioriza aquello que promete un rendimiento inmediato. Una academia de idiomas merece la inversión. Un curso de ilustración, quizá menos. Un conservatorio demanda años de dedicación con resultados inciertos. Un instrumento musical exige una inversión importante antes de producir una melodía decente. Salvo algunos raros casos que confían en el ascenso en escalera social que puede proporcionar la música o el arte, los padres suelen atisbar entre el brumoso horizonte de sueños de sus hijos y parecen inmunes a los cantos de sirena del éxito selectivo. ¿Por qué tú vas a triunfar donde fracasaron ellos?A partir de ahora las críticas al Bono Cultural ya no seguirán centradas en qué consumen los jóvenes sino en qué han podido crear gracias a él. La diferencia radica en que una sociedad puede permitirse espectadores, pero lo que la transforma, y lo que le resulta más difícil generar son los creadores que la moldearán y definirán.Por una vez, una política pública insinúa que la cultura no consiste únicamente en consumir lo que otros producen, sino que se molesta en ofrecer a alguien la posibilidad de intentarlo. Aunque luego no le salga como esperaba. Aunque descubra que no tiene talento. Aunque abandone a los seis meses, las tres opciones más frecuentes cuando son los adolescentes los involucrados. Y si bien todos estamos de acuerdo en cuánto aprenden si leen un libro, algunos conocemos lo mucho que los transformará intentar escribirlo.
Nuevos creadores
El Bono Cultural Joven permite destinar parte de los 400 euros a formación artística, instrumentos musicales y materiales creativos, lo que introduce una diferencia de enfoque considerable.











