Con perplejidadHay un modo de disolver las posibilidades conspirativas: evitar los delitosJos� Luis �balos, ex ministro de Transportes, en el Tribunal Supremo.AFPActualizado Martes,
junio
23:02Audio generado con IAEn lo que llevamos de mes han coincidido la imputaci�n de Zapatero, las nuevas diligencias del caso Leire D�az con citaciones de abogados y registros en Ferraz, la sentencia del caso Koldo-�balos, la apertura de juicio a Bego�a G�mez y la investigaci�n sobre el hermano del presidente. A eso se sumaron comparecencias en el Senado, art�culos de opini�n -que siempre funcionan con decalaje, y de eso s� yo algo- y el goteo habitual de noticias sobre corrupci�n. La respuesta del PSOE ha sido inmediata: tanta coincidencia no pod�a ser casual; hab�a una confabulaci�n entre los jueces y la derecha para hundir al Gobierno.En una interpretaci�n caritativa, la acusaci�n solo confirma una elemental ignorancia estad�stica.Un caso judicial no es un acontecimiento singular sino un proceso con decenas de hitos procesales sucesivos. Hay denuncia o atestado policial, diligencias previas, declaraciones de investigados, informes periciales, autos de apertura de juicio oral, registros, citaciones de testigos, conclusiones provisionales, juicio, sentencia, y -si se recurre, que se recurre- apelaci�n ante la Audiencia Provincial, casaci�n ante el Tribunal Supremo y, llegado el caso, amparo constitucional. Cada uno de esos pasos, razonablemente, merece atenci�n period�stica. Un proceso penal de cierta complejidad puede durar varios a�os, sembrado de fechas procesales a lo largo de todo ese tiempo.Un rudimentario c�lculo ayuda. Si contamos los procesos activos tenemos al menos seis frentes abiertos, cada uno con su propio ritmo procesal: citaciones, autos, registros, informes de la UCO, declaraciones, escritos de acusaci�n. Si asignamos a cada uno de esos una probabilidad del 25% -modesta para procesos tan activos-, la probabilidad de silencio total cae al 17%, lo que significa que en m�s del 80% de las semanas habr� alguna novedad judicial. Y si a�adimos que las comparecencias parlamentarias, los art�culos de opini�n y las filtraciones tienen sus propios calendarios, independientes entre s� y del ritmo de los juzgados, la �coincidencia� deja de ser un misterio para convertirse en la situaci�n estad�sticamente normal. Lo que requerir�a explicaci�n es la semana en que no pasa nada.Lo interesante no es la coincidencia sino el argumentario. La denuncia de conspiraci�n tiene una virtud l�gica formidable: resulta irrefutable. Cuanto m�s se acumulan los casos, m�s prueba de la conjura; cuanto m�s tiempo duran, m�s evidencia de la persecuci�n. El proceso judicial se convierte en prueba de la propia inocencia, y la inocencia, parad�jicamente, en prueba del proceso.Eso s�, hay un modo de disolver las posibilidades conspirativas: evitar los delitos. No es el �nico: tambi�n cabe la soluci�n catalana, despenalizarlos.







