Todavía no hay una proclamación oficial del vencedor de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, celebradas el pasado 7 de junio, pero el candidato progresista Roberto Sánchez, que pierde en el escrutinio, ya ha anunciado que no reconocerá el resultado final y ha solicitado la anulación de los votos emitidos en el exterior, lo que podría sumir al país sudamericano en una crisis institucional sin precedentes.Escrutado el 99,7%, Keiko Fujimori obtiene el 50,11% de los votos por el 49,89% de Roberto Sánchez. Tras contarse más de 19 millones de papeletas la diferencia es tan estrecha, de 40.468 votos, que la hija del dictador Fujimori aun no ha sido proclamada ganadora. Todavía quedan más papeletas que contar que las que Fujimori lleva de ventaja, incluidas casi un centenar de actas impugnadas.Probablemente la queja de Roberto Sánchez ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) será infructuosa, pero pone en evidencia la incongruencia de haber alterado la forma de escrutar los boletos de los peruanos residentes en el exterior entre las dos vueltas del proceso de las presidenciales. “Es como cambiar las normas de un partido de fútbol entre la primera y la segunda parte”, declaró Sánchez, que ha afirmado que hay “un fraude en desarrollo”.Según el líder de Juntos por el Perú, que hasta ahora no ha conseguido una gran movilización callejera de sus bases, es “una grave irregularidad” que se dejase de transmitir de manera digital los resultados de 119 oficinas consulares en el exterior, lo que obligó a esperar a que las actas llegasen a Lima para ser escrutadas. Según Sánchez, el traslado de las actas se hizo sin la debida cadena de custodia.Dentro de Perú, Sánchez ha aventajado en 40.925 votos a la conservadora Fujimori. Pero, en cambio, en el recuento de votos del extranjero solo suma 113.388 votos por los 194.781 de su rival. Sin esas papeletas, Sánchez sería presidente.Periodista, reportero y viajero. Redactor jefe de Narrativas Visuales de ‘La Vanguardia’. Profesor asociado del máster de periodismo BCN-NY de la UB. Premio Unicef (2001), Premi del Consell de Benestar Social (2002) y Premio Tiflos (2010)