En 2008, Beijing fue sede de los Juegos Olímpicos, dando a conocer al mundo la capital china. Pero algunas de las imágenes más memorables que llegaron a los medios occidentales fueron las de los cielos grises de la ciudad, especialmente en los días previos al evento.China, otrora considerada la “cuna de la bicicleta”, experimentó una transformación radical, pasando de la propulsión a pedales a los motores de combustión, lo que generó una compleja red de desafíos para su economía, sociedad y medio ambiente. Beijing se convirtió en una ciudad envuelta en esmog y con graves problemas de contaminación atmosférica. El rápido crecimiento económico, el aumento de la población y el creciente número de vehículos a gasolina ejercieron una enorme presión sobre el medio ambiente de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años, Beijing ha logrado avances notables en la mejora de la calidad del aire, sirviendo de ejemplo para otras ciudades que se enfrentan a desafíos similares.Vista del Estadio Nacional de Beijing, o Nido de Pájaro, durante los Juegos Olímpicos de 2008. En 2013, las autoridades municipales declararon una “guerra contra la contaminación”, lo que desencadenó una serie de iniciativas para mejorar el entorno urbano. Beijing implementó una serie de programas integrales de control de la contaminación atmosférica para combatir esta crisis. Estos esfuerzos fueron multifacéticos y se dirigieron a diferentes fuentes de contaminación. En el centro de este cambio se encuentra la determinación de la ciudad de impulsar la expansión del transporte ferroviario urbano, transformándose de una metrópolis centrada en el automóvil en un actor cada vez más importante de la movilidad sostenible. En 2016, se creó una red integrada de monitoreo de la calidad del aire de vanguardia, que utiliza tecnologías avanzadas como la teledetección satelital de alta resolución y el radar láser. En Beijing, se estableció una densa red de monitoreo de partículas PM2.5, con más de 1.000 sensores distribuidos por toda la urbe. Esta red desempeñó un papel crucial en la identificación precisa de áreas y momentos con altas emisiones.En poco más de 10 años, la capital china logró reducir drásticamente la concentración de partículas finas PM2.5, consideradas las más dañinas para la salud humana. Esto representa un hito ambiental para una megaciudad con casi 22 millones de habitantes.Un auto Tesla con su patente verde en Beijing. Foto: Fernando Fuentes Las cifras publicadas por las autoridades ambientales son significativas. En 2025, el promedio anual de partículas PM2.5 en Beijing fue de 27 microgramos por metro cúbico (µg/m³). En 2013, esta cifra alcanzó los 101,56 µg/m³, un nivel considerado extremadamente peligroso por las organizaciones internacionales de salud.Fue la primera vez que el promedio anual descendió por debajo de los 30 µg/m³, consolidando el mejor resultado desde el inicio del monitoreo sistemático de la calidad del aire en la ciudad. Además, durante todo el año 2025, solo un día se clasificó como de contaminación severa, según el Índice de Calidad del Aire de China.Así, según la Oficina Municipal de Ecología y Medio Ambiente de Beijing, el año 2025 la ciudad registró 311 días con niveles de contaminación bajos o moderados, la mejor cifra desde que comenzaron las mediciones.A pesar de los avances, Beijing aún presenta niveles de contaminación superiores a los de ciudades europeas como Londres, París, Berlín y Madrid, cuyos promedios anuales de PM2.5 oscilan entre 10 y 15 µg/m³. Sin embargo, la velocidad de la transformación china es digna de mención.Una de las explicaciones tras estas dramáticas mejoras de los índices de contaminación se encuentra en la expansión de los autos eléctricos, uno de los ejes centrales de este plan medioambiental. Al eliminar las emisiones directas de escape, estos vehículos contribuyeron significativamente a la reducción de los óxidos de nitrógeno y las partículas finas, principales componentes de la contaminación urbana.Motociclistas junto a un punto de arriendo de bicicletas públicas en Beijing. Foto: Fernando Fuentes En Beijing, los vehículos eléctricos e híbridos enchufables recibieron incentivos directos, como la facilitación de la obtención de licencias y la exención de las restricciones de circulación aplicadas a los autos de combustible fósil durante los períodos de mayor contaminación. Esta política diferenciada aceleró la adopción de esta tecnología por parte de la población urbana. Al recorrer la ciudad es común ver autos Tesla, BYD, Xiaomi y otros de fabricación local con sus distintivas patentes verdes.Boom de ventasComo resultado, se estima que el número de vehículos eléctricos en Beijing se ha cuadruplicado en tan solo unos años, pasando de unos 23.000 en 2015 a más de 120.000 a finales de 2023.Un auto Xiaomi con su patente verde en Beijing. Foto: Fernando Fuentes La transformación observada en Beijing sigue una tendencia nacional. En junio de 2025, China contaba con unos 37 millones de vehículos en circulación, de los cuales aproximadamente el 10% ya eran eléctricos, híbridos o enchufables.Las ventas de estos modelos crecieron exponencialmente. En 2020, solo el 5% de los vehículos vendidos en el país eran eléctricos. Para 2025, esa cifra superó el 50% de las ventas anuales, según datos preliminares del sector. Tan solo el año pasado, se comercializaron más de 12 millones de autos eléctricos en toda China. Prices for new and used gasoline cars in China have slumped after the Iran oil shock cooled demand, further worsening the challenges facing legacy automakers and dealers in the world’s biggest auto market https://t.co/Y82eeZqMhh— Bloomberg (@business) June 17, 2026