La última palabra, como ocurre siempre en Francia, pertenece al presidente de la República. Pero también la melodía que acompaña a este tipo de nombramientos durante todo el mandato. La entrada en el Panteón de los grandes personajes que han marcado la historia del país es también una suerte de herencia con la que el jefe del Estado escribe su propia historia. Cada uno tiene su inventario y, el día que sale del Palacio del Elíseo, basta unir esa línea de puntos trazada por los hombres y mujeres a quienes decidió dar cabida en el gran templo laico de las glorias francesas para entender lo que quiso mostrar en cada momento. El impresionante monumento espera hoy en la pequeña colina de Saint-Geneviève al escritor y resistente Marc Bloch, asesinado por la Gestapo el 16 de junio de 1944, diez días después del desembarco de Normandía y a unas semanas de la Liberación. Es probable que el medievalista, autor de importantísimas obras como La extraña derrota o La sociedad feudal, torturado por el nazi Klaus Barbie en sus últimos horas de vida, sea la última figura que Macron consagrará al Olimpo de la República en su mandato. Pero su biografía, también su obra, explican mucho del momento en el que se encuentra Francia.Bloch fue uno de los más grandes historiadores del siglo XX. Era profesor universitario. Francia le debe obras muy influyentes que traspasaron fronteras e influyen todavía a generaciones de historiadores. Bloch siguió el camino trazado para la élite intelectual y política francesa e ingresó en la Escuela Normal Superior (ENS), a dos pasos del Panteón. Pero terminó ejerciendo la docencia en liceos de Montpellier y Amiens. Por eso Macron ve en él también un homenaje a los profesores, que han sufrido especialmente en los últimos años, en particular tras los asesinatos de Samuel Paty y Dominique Bernard. “Bloch encarna la República científica”, señaló el jefe del Estado al anunciar su decisión. De este modo, su entrada en el Panteón busca volver a situar la educación en el centro del proyecto republicano. Aunque eso sea hoy muy complicado.El autor fue una referencia para medievalistas de todo el mundo, como recuerda el historiador español Borja de Riquer. “Fue gran renovador. Medievalista, claro. A partir de la revista Annales intentó, sin embargo, acabar también con la compartimentación de la historia entre la parte social, económica, cultural… Pensaba que debe construirse un historia global", añade. “Y el método debe basarse en ligar información de muchas procedencias. También la estadística. Muchas generaciones de historiadores, como el propio Jaume Vicens Vives, quedó marcada por su influencia y la de la revista”.Privado de sus derechos cívicos por la legislación colaboracionista, Bloch encarna también la lucha contra el antisemitismo, que planea hoy de nuevo la sociedad francesa. Pero, sobre todo, evoca a través de La extraña derrota, su obra póstuma, una nítida advertencia de lo que puede ocurrir cuando el Estado falla y sus élites miran hacia otro lado. El libro analiza el hundimiento que permitió el avance y penetración del nazismo en Francia. Una obra con una clave de lectura para los grandes problemas de los últimos años (covid, guerras...), pero, sobre todo, un mensaje a pie de página a un año vista de unas elecciones cruciales en las que por primera vez la ultraderecha puede llegar al Elíseo. La familia de Bloch, precisamente, no ha querido que ningún representante del Reagrupamiento Nacional (RN) estuviera presente en el acto. El viejo Frente Nacional fue un partido fundado por Jean-Marie Le Pen, pero también por viejos colaboracionistas y miembros de las SS, aunque hoy se haya embarcado en un proceso de normalización y negación de aquel pasado. La familia de Bloch argumentó también que la obra de este patriota convencido era profundamente antinacionalista y estaba construida contra los relatos nacionalistas simplificadores de la historia francesa. Macron, ante su oposición a compartir el paisaje de este martes con miembros del RN, les explicó que no podía apartarse del protocolo republicano: las autoridades religiosas y los representantes electos de la nación son invitados de pleno derecho a este tipo de ceremonias. “Pero ustedes son libres de hacer lo que quieran”, les indicó, sugiriendo que podían expresar públicamente su desacuerdo.El RN, hoy presidido por Jordan Bardella, anunció su intención de respetar ese deseo. Sin embargo, la eurodiputada Sarah Knafo, del partido ultraderechista Reconquista!, fundado por su pareja, Éric Zemmour, sí tenía previsto asistir.Bloch culmina una narración simbólica trazada por Macron a través de ocho panteonizaciones en sus dos mandatos. Simon Veil, magistrada, ministra de la Salud y presidenta del Parlamento Europeo, gran adalid de la lucha a favor de la legalización del aborto, ingresó en 2018 y supuso un reconocimiento a Europa, pero también al papel de la mujer en las instituciones.El escritor Maurice Genevoix lo hizo en 2020, consagrando con su figura a los combatientes de la Primera Guerra Mundial. Los del 14. El nombre de una generación heroica y perdida: la de los poilus o peludos, los franceses que lucharon y murieron en las trincheras de la Gran Guerra. Fue muy interesante y polémica también la inclusión de Josephine Baker, mujer, negra, cabaretista, extranjera y de origen pobre. En su Estados Unidos natal habría tardado mucho más en obtener los mismos derechos que sus conciudadanos blancos que en la Francia que eligió como país y nacionalidad. Con ella, Macron mandó un mensaje sobre los valores republicanos de su país frente a un país norteamericano en decadencia.El armenio Missak Manouchian se convirtió en 2024 en el primer resistente extranjero en entrar en el Panteón. Al acogerle junto a sus camaradas de lucha contra el nazismo, Francia enviaba un mensaje sobre el pasado y el presente. Por primera vez, entraban en templo republicano y laico los inmigrantes y refugiados que resistieron contra los nazis durante la II Guerra Mundial. También por primera vez, los comunistas. Una medida ampliamente aplaudida por ese espectro político, justo cuando más se acusaba a Macron de una posible derechización.Macron optó también por panteonizar a Robert Badinter, ministro de Justicia del socialista François Mitterrand, artífice de la abolición de la pena de muerte y conciencia moral de la República. Como ministro de Justicia, entre 1981 y 1986, también fue responsable de la despenalización de la homosexualidad. Y hasta el último día de su vida —murió en febrero de 2024— estuvo comprometido con la lucha contra la invasión rusa de Ucrania.Bloch será, con toda probabilidad, el punto final de esta historia que marca las preocupaciones, inclinaciones culturales e inquietudes de un presidente de la República en la recta final de su mandato.
La herencia simbólica de Macron culmina con la panteonización del historiador y resistente Marc Bloch
Autor de la clarividente ‘La extraña derrota’ y asesinado por la Gestapo en 1944, la familia del medievalista no ha querido que políticos de extrema derecha participen en el acto de entrada en el templo laico de las glorias francesas










