Ciudad de México / 23.06.2026 02:27:11

Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: anunciar una victoria antes de que la batalla termine.La semana estuvo marcada por el acuerdo de paz impulsado por Washington para detener las hostilidades con Irán. La reacción inicial fue positiva. El petróleo retrocedió, las bolsas respiraron y el presidente estadunidense presentó el entendimiento como una muestra más de su capacidad para resolver conflictos. Sin embargo, detrás de los titulares optimistas permanece una realidad menos cómoda: el acuerdo sigue siendo frágil. Buena parte de los compromisos quedaron sujetos a negociaciones futuras, supervisiones internacionales y mecanismos que aún deben probar su eficacia. Dentro de EU existen voces que consideran que las concesiones otorgadas fueron demasiado amplias. La paz llegó, sí, pero con muchos cabos sueltos.Mientras, Kevin Warsh tuvo su primera prueba de fuego al frente de la Fed. Durante años fue sencillo hablar de inflación cuando descendía gradualmente hacia el objetivo de 2%. Otra cosa es tomar el control de la institución cuando los precios vuelven a acelerarse. La inflación ronda niveles cercanos a 4%, impulsada por el impacto energético y los efectos acumulados de los aranceles. En su primera reunión como presidente de la Fed, Warsh decidió mantener las tasas sin cambios, pero el mensaje fue más agresivo. Varios miembros del comité ya contemplan nuevas alzas y la narrativa de recortes inminentes parece haberse evaporado. Habrá que ver cuánto dura su buena relación con el presidente.A medida que se acerca la revisión formal del T-MEC, los inversionistas vuelven a preguntarse si Trump está dispuesto a poner en riesgo una de las cadenas productivas más exitosas del planeta. Mi impresión es que negocia desde la presión, no desde la intención de romper. Entiende que México, Canadá y EU operan como una sola plataforma manufacturera en sectores como automóviles, chips, equipo industrial y energía. Habrá momentos de tensión que alimentarán titulares alarmistas, pero cuesta imaginar que Washington termine desmontando un esquema que beneficia a la competitividad estadunidense. Más bien parece el inicio de una negociación donde la retórica será más agresiva que el resultado final.Los mercados suelen enamorarse de los anuncios. La realidad, en cambio, evalúa la ejecución. Y cuando uno ve los acontecimientos de las últimas semanas, la sensación es inevitable: los titulares hablan de soluciones, pero hay muchos cabos sueltos.