"Estamos en la recta final de lo que será un acuerdo muy, muy bueno. Podríamos tener al menos una idea en uno o dos días". Esta frase le resultará, como mínimo, familiar. La ha pronunciado Donald Trump, presidente estadounidense, este lunes. Se parece mucho a otras declaraciones sobre el acuerdo de paz con Irán. Semanas después del inicio de la Operación Furia Épica, el mandatario aseguró que Teherán está deseando llegar a un pacto para poner fin a las hostilidades. El 26 de marzo dijo que las negociaciones acabarían "muy pronto". El 6 de abril añadió que estaba "muy cerca" de conseguir un acuerdo. Lo repitió el 15 de abril con un alto al fuego vigente. También el 20 del mismo mes. Volvió a hacerlo en mayo y en la primera semana de junio. En total, 38 veces. La cadena CNN hacía este recuento a través de publicaciones en redes sociales, apariciones públicas o llamadas telefónicas con periodistas. No hay indicios de que la última vez que ha hablado de las negociaciones, este pasado lunes, haya un mayor acercamiento entre Washington y Teherán del que ha podido haber en los últimos meses. Pero Trump insiste y sigue vaticinando que un acuerdo de paz provisional está a punto de llegar. Con estas declaraciones, consigue calmar a los mercados ante las expectativas del final del conflicto. Quizá también piensa que con repetirlo se convertirá en realidad, aunque las señales no vaticinen, por ahora, un pacto inminente. Pero ¿cuántas veces puede decirse que el acuerdo está cerca antes de que la gente deje de creerlo? ¿Cuántas veces dijo Pedro que venía el lobo antes de que dejaran de escucharle? Los mercados parecían creer en un posible final de la guerra. Los costes energéticos mundiales se dispararon tras el inicio de la guerra el 28 de febrero e Irán bloqueó de facto el estrecho de Ormuz, por el que transita alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo. El 7 de abril, el Brent, el precio de referencia mundial del petróleo, estaba a 109,27 por barril. Horas después, se firmaba el alto al fuego entre los dos países y, al día siguiente, el precio bajaba a los 94,75 dólares a cierre de mercado. Es el ejemplo más claro de cómo una tregua conseguía estabilizar la situación financiera y energética. Paralelamente, el "índice del miedo" del petróleo (OVX), que mide la incertidumbre de los inversores, tenía el mismo comportamiento tras el acuerdo de alto al fuego. El 20 de abril, el presidente estadounidense escribía en su red social Truth Social: "No estoy bajo presión alguna [para un acuerdo], aunque ¡todo sucederá relativamente rápido!". En esa ocasión, tanto el precio del barril de petróleo como el índice OVX subían, en una posible muestra de desconfianza hacia las palabras de Trump. El vaivén de estas cifras podría ser equiparable al del estado de una guerra de la que el presidente estadounidense insiste en que tiene el control. Pero precisamente las declaraciones a veces improvisadas o inesperadas muestran todo lo contrario. "Trump se ha convertido en un mero espectador de la guerra contra Irán, a pesar de insistir en que sigue al mando tras meses de esfuerzos fallidos por alcanzar un acuerdo de paz. Al intentar presentarse como quien tiene el control y negar la compleja realidad sobre el terreno, solo ha dificultado aún más la consecución de un acuerdo", sostiene el analista John Haltiwanger en un artículo de Foreign Policy. Haltiwanger continúa en su análisis que la limitada capacidad del mandatario para controlar el rumbo de la guerra quedó patente este fin de semana, cuando Israel e Irán intercambiaron fuego por primera vez desde que comenzó la tregua a principios de abril. Después de los ataques israelíes en Beirut el domingo, Teherán lanzó una oleada de misiles balísticos contra Tel Aviv, aunque no se reportaron daños ni víctimas mortales. Trump intentó dejar claro que controlaba la situación y que le pediría al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que no respondiera al ataque. "Yo decido. Yo decido todo. Él [Netanyahu] no decide", declaró al Financial Times. Pero la ofensiva israelí tuvo lugar de todas formas. Finalmente, este martes, cesaron los enfrentamientos y el líder israelí accedió públicamente a abstenerse de realizar más ataques, a menos que Teherán lanzara nuevos ataques contra su país. Los ataques alejaban una vez más la posibilidad de un pacto de paz a corto plazo y, mientras Trump sigue insistiendo en que se conseguirá en los próximos días, los retos son cada vez más visibles. Dos versiones para la paz Además de las diferencias entre Estados Unidos e Israel sobre los objetivos de la guerra contra Irán, las prioridades en la mesa de negociación siguen siendo dispares. Tanto Washington como Teherán buscan el final del conflicto, pero también quieren presentar ese final como una victoria de cara a la población y a los sectores más conservadores del país. El camino trazado hasta ahora muestra que los primeros pasos de esa paz pasarán por una reapertura del estrecho de Ormuz por parte de Irán y que EEUU levantará el bloqueo a los barcos iraníes, avanzaba la semana pasada una filtración del medio Axios. Después empezaría la segunda fase de las negociaciones, en las que Washington espera que Teherán renuncie a sus reservas de uranio enriquecido a cambio del fin de las sanciones económicas contra la República Islámica. Sanam Vakil, directora del programa para Oriente Medio y África del Norte de Chatham House, afirma que el dilema reside en cómo se ordenan estos términos. "Estados Unidos quiere obtenerlo todo y no dar demasiado al principio. Y los iraníes quieren obtener cosas al principio y dar otras a lo largo del camino", dijo a The New York Times. Paralelamente, Donald Trump ha incumplido varios de los puntos que acordaron sus propios negociadores, Steve Witkoff y Jared Kushner. Varios funcionarios del Gobierno estadounidense afirmaron al mismo periódico que EEUU dijo a Teherán que Trump aceptaría un acuerdo en el que Irán suspendiera su programa de enriquecimiento nuclear durante 10 años. Los funcionarios iraníes afirmaron a su vez haber aceptado esa propuesta inicial. Pero el presidente cambió de postura de manera sorpresiva e insistió en una suspensión de 20 años. Según los mediadores, este fue uno de los principales motivos del fracaso de la primera ronda de las conversaciones. En las últimas negociaciones que han tenido lugar, Mojtaba Jamenei, el hijo del fallecido líder ayatolá Ali Jamenei, estaba analizando las últimas propuestas cuando Trump añadió sin previo aviso nuevas condiciones para llegar a la paz. Esta medida enfureció a los funcionarios iraníes, quienes la describieron como una confirmación de la desconfianza de Teherán hacia Washington. El factor caótico no solo lo protagoniza Donald Trump. En medio de las negociaciones con Pakistán y Qatar como intermediarios, han circulado en la misma mesa varios documentos con diferentes propuestas. Solo unos pocos sabían cuál era la versión actualizada. La montaña rusa continúa. Donald Trump, horas después de anunciar una vez más ese acuerdo de paz inminente, acusaba a Irán de estar detrás del derribo de un helicóptero de combate Apache en el estrecho de Ormuz. "Dos pilotos estuvieron involucrados, ambos sanos y salvos. No obstante, Estados Unidos debe, necesariamente, responder a este ataque", declaró el republicano en su red Truth Social. Varios analistas definen la situación política del presidente estadounidense como un callejón sin salida en el que se ha metido él mismo por sus ambiciosos objetivos de guerra en Irán. El magnate sostiene, a pesar de todo, que está llegando al final de ese callejón. La pregunta es si todos creerán en ese momento que lo ha conseguido realmente.
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