Los dragones han vuelto, y con ellos Rhaenyra, Rhaena, Aegon, Aemond, Daemon y todos esos personajes que ponen a prueba nuestra memoria y nuestro oído. Han pasado dos años desde que la segunda temporada de La casa del dragón preparara a los personajes para una guerra que nunca terminó de explotar. Las espadas estaban en alto, los dragones estaban preparados, pero no hubo enfrentamientos y muchos espectadores se sintieron frustrados ante tanto preámbulo sin clímax. La tercera temporada, cuyo primer capítulo ya está disponible en HBO Max (y de la que se han enviado a la prensa los cuatro primeros episodios), da a esos espectadores lo que querían. La serie [que aquí comentaremos sin destripar detalles] retoma la historia en el punto en el que se quedó y pasa rápidamente a la acción, a la esperada Batalla del Gaznate, uno de los choques navales más sangrientos del universo creado por George R. R. Martin. Fuego, muertes, dragones, efectos especiales... El episodio tiene de todo, y 20 minutos finales de acción trepidante. Sin embargo, el problema que sigue teniendo La casa del dragón es que, más allá de las dos protagonistas, Alicent y Rhaenyra, apenas se ha llegado a construir un vínculo entre los espectadores y los personajes que nos haga temer o lamentar sus bajas. En este arranque casi no da tiempo a recordar dónde está cada personaje y en qué situación se encuentra cada bando cuando ya estamos a cañonazos en el mar. La acción despega como si no hubiesen pasado dos años desde el episodio anterior. En resumidas cuentas: por un lado, están Aegon Targaryen y Ser Larys huyendo de incógnito; también está Rhaena Targaryen, hija de Daemon, tratando de domar al enorme dragón salvaje Robaovejas para intentar ayudar en la guerra; por otro lado, los tres bastardos que montan a los dragones que permanecían sin reclamar; también está Ser Ormund, personaje nuevo y primo de Alicent, cuyas tropas esperan órdenes para atacar al Consejo Negro; y en los bosques de Harrenhal están Criston Cole y Gwayne Hightower, hermano de Alicent, esperando a Aemond. Y en el mar, los barcos de las tres ciudades de la Triarquía se enfrentan a la flota de Lord Corlys Velaryon (la Serpiente Marina). Lógico que sea complicado aclararse con quién está luchando contra quién y dónde está cada uno. Lo que no se puede negar es que en la tercera temporada de La casa del dragón pasan cosas. En los dos primeros episodios, y sin entrar en detalles, hay bajas relevantes que marcarán lo que vendrá después. La serie ya no se podía permitir seguir dando vueltas sobre lo mismo y continuar solo a base de intrigas palaciegas. Necesitaba explotar por algún lado. Eso sí, para ello, ha sumado más personajes todavía a un universo que ya estaba sobrepoblado. Y ese es su principal problema: la saturación de individuos que apenas tienen tiempo para desarrollarse en pantalla. Ahora, se incorpora Ormund Hightower, primo de Alicent y otro aliado para el Consejo Negro. El actor James Norton interpreta al que apunta a convertirse en la revelación de la temporada, un personaje que va asomando en los capítulos iniciales y que despega del todo en el cuarto episodio, cuando muestra sus ambiciones. Muy probablemente, el tercer capítulo de esta tercera temporada sea el mejor de toda la serie hasta el momento. Y lo es porque se centra enteramente en Rhaenyra. De esta forma, también demuestra que cuando la historia tiene un foco claro, cuando se centra en lo que está narrando y no se dispersa en mil y un personajes y lugares, puede lograr cosas interesantes. Porque la tercera temporada de La casa del dragón tendrá más épica, más sangre, más fuego, más agua, sí. Pero sus mejores momentos los consigue cuando logra, por fin, centrarse, cuando se acuerda de que sus mejores armas son Rhaenyra y Alicent y la compleja relación entre dos mujeres.
‘La casa del dragón’ crece en su tercera temporada: más sangre, más épica, más personajes y mismos problemas
Los mejores momentos de la serie los consigue cuando se centra en sus protagonistas y los peores, cuando se dispersa













